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"Gracias, vieja"

Di Stéfano cree que lo mejor del fútbol es ser jugador, no entrenador

"Gracias, vieja". Alfredo di Stéfano le ha dedicado esa frase a la pelota, su instrumento por excelencia, el que le consagró como uno de los deportistas más importantes del mundo y le hizo arrinconar su carrera de ingeniero agrónomo. Ahora, a sus 64 años, ya no puede tocarla más que como enseñanza o entretenimiento. Otros la tocan por él. Una dependencia molesta en el fondo porque, como suele decir, "lo mejor del fútbol es ser jugador, no entrenador".

En marzo de 1985, cuando dirigía al Boca Juniors (Argentina), Di Stéfano se expresó con amargura en relación con su etapa como entrenador del Real Madrid, durante las temporadas de 1982-1983 y de 1983-1984. Su fichaje se había producido como una maniobra electoralista del presidente, Luis de Carlos."Mientras fue el adiestrador de la plantilla, Di Stéfano mandaba. Jamás permití que nadie se metiera. Quienes pensaron hacerlo me vieron la cara y no se animaron porque en mi trabajo no se mete ni Dios".

"Con Vujadin Boskov, ya dominaban los directivos todo lo relacionado con el fútbol, lo que no consentí, como tampoco que mis colaboradores se mezclaran con el alcahuetaje que existe hoy en el Madrid".

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"El club se ha venido abajo por querer quedar bien con la Prensa, con todo el mundo, y se ha destrozado a sí mismo tanto con los jugadores de antes como con los refuerzos".

"Fui contratado primero por un año y luego por otro, lo que significa que lo que me exigieron fueron títulos, mientras que a otro se le ficha por más tiempo para que pueda realizar una labor más coherente".

"En las dos temporadas que estuve como técnico promocioné a un grupo de jugadores que no costaron ni una sola peseta, lo cual es un producto normal de un trabajo que lleva su tiempo. Pero para ciertas personas esa labor no era importante. Sólo importaba la cuestión rimbombante, la relacionada con lo periodístico, para sacar frutos de una serie de circunstancias".

"Los entrenadores tenemos que cortar la permanente intención de los directivos de meterse en nuestras responsabilidades. Muchos de ellos sólo pretenden alardear, estar en primer plano y sacarse fotos con los jugadores. Después, cuando el equipo va mal, el que paga es el técnico".

En esa misma época, a un año del Campeonato del Mundo de México 86, ironizó acerca de la selección española.

"Peor de lo que jugó en el Campeonato de Europa de Francia 84 no se puede jugar y casi ganó el título. Por tanto, en cuanto juegue algo mejor, puede hacer un buen papel".

Una sentencia de días atrás, a propósito de la derrota del equipo de Luis Suárez frente al checoslovaco en Praga.

"España jugó como nunca, pero perdió como siempre".

Reflexiones de 1983, todavía con el sabor amargo de los cinco subcampeonatos madridistas en la Liga, la Copa, la Recopa, la Supercopa y la Copa de la Liga.

"Pero... ¿Y...? Te pega en la madera y... ¿qué haces, quitar el poste? El fútbol no es una ciencia matemática, es un juego. Pero está para el que gana".

"Del Madrid decían esta temporada que era un equipo vulgar. Yo guardo los periódicos, los recorto... Menospreciaban a mis jugadores. Entonces, yo tenía que sacar pecho, que defenderlos, que decir de ellos que eran los mejores del mundo. Natural... Aunque yo sé los puntos que calzan".

Su justificación en esas mismas fechas sobre su presunto mal carácter.

"¿Yo, un tipo con mal genio? Mi genio era en la cancha. El que debe de sentirse fastidiado es mi padre, que está enterrado, el pobre... Porque yo siempre me he cagado en mi padre. Así no he perjudicado a nadie".

En los años 60, mirando hacia el estadio Bernabéu, tenía una frase favorita.

"Ahí está la fábrica".

Otro vistazo, nostálgico, a su época de futbolista.

"Me divertía, pero haciendo una vida deportiva. Cartujo jamás fui: los amigos, las partidas de cartas, la ruleta, el cabaré... Pero al día siguiente tenía que entrenarme porque debía rendir. Yo era mi crítico más grande".

"Me gritaban: "Ahí va La Saeta Rubia con su propulsión a chorro". Los centros de Gento eran un bocadito para nosotros, que llegábamos a cien por hora. Con Del Sol fue con quien mejor me entendí en el campo. Puskas las clavaba desde el foso. Quien dijo que yo no dejaba jugar a Didí fue su mujer, que era periodista. No creímos que la Copa de Europa llegase tan alto".

Martín Vázquez y Sanchis

Diversos juicios sobre algunos jugadores en diciembre de 1989 y enero de este mismo año."Maradona, si está bien, es el número uno indiscutible. Rubén Sosa tiene ante sí un porvenir envidiable. Martín Vázquez es un artista del balón y Sanchis es seguro como pocos y sacude cuando debe; ellos son mis pupilos. Hugo Sánchez tiene el instinto con el que nace el goleador. Van Basten parece que no te lo hace, pero te lo hace. Rijkaard es un centrocampista que marcará época. Baresi adopta el juego inventado por Beckenbauer. Donadoni es imprescindible en un campeón. Matthäus es un trabajador de lujo con un gran remate. Butragueño no me gusta; bueno..., sí me gusta".

Un comentario global en torno a la quinta de El Buitre.

"Tenemos la desgracia de ir cumpliendo años y, entonces, las fuerzas se van perdiendo. Tuvimos la suerte en el club de tener una camada de muchachos jóvenes y muy buenos. Aposté por ellos. Estos chicos dieron el do de pecho. Levantan a cualquier entrenador".

Sara, la esposa de Di Stéfano, confesó en enero pasado su infelicidad con su marido en el banquillo.

"He sido muy feliz cuando él era jugador. De entrenador, no. Ni cuando lo fue del Madrid lo pasé bien. A los entrenadores se les paga poco y no se les tiene respeto. A mí me gustaba mucho el fútbol. Pero, después de ver a Alfredo como entrenador veinte años, ya me gusta menos. La gente te insulta y que insulten a toda la familia para ganar dos duros no vale la pena".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de noviembre de 1990