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Tribuna:

El rayo que no cesa

La rueda bursátil no se interrumpió con las esperadas realizaciones porque los ligeros descensos eran aprovechados para tomar nuevas posiciones ventajosas. La erosión de algunos cambios sirvió para que las fuerzas concurrentes alcanzaran un nuevo equilibrio sin un recorte significativo en el índice general. Como en otros viernes de neto pronóstico realizador, las últimas horas del continuo y el mercadillo vespertino se llevaron de calle la emoción y el vértigo tanto tiempo secuestrados. Sólo la inestabilidad, por segundo día consecutivo, en Tokio y sobre todo en Nueva York, influyó negativamente al final aunque sin apuntarse un cambio de tendencia. Se sostiene, por tanto, la firmeza alcanzada basada en dos puntales: la resistencia a la baja de los cambios producto de la contumacia en el empuje de los volúmenes contratados durante toda la semana, y el efecto de la gran inversión institucional parapetada en el refugio eléctrico y en las sociedades químicas y siderometalúrgicas con mejores ratios de rentabilidad por dividendo. Por otra parte, los grandes destellos que ha dejado la senda de la inversión extranjera siguen ahí, alejando el fantasma del corto plazo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de abril de 1990