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Crítica:CINE EN TELEMADRID

El corazón del gánster

La factoría de Roger Corman -de la que salieron genios tan ilustres como Francis Ford Coppola- presenta hoy el trabajo de un joven discípulo, Steve Carver, director de Capone. El propio Corman había tratado el mundo del hampa en películas como La matanza de San Valentín y Mamá sangrienta. Carver siguió el estilo violento y la puesta en escena impactante propias de esta escuela. Tampoco desperdició la oportunidad de introducir las grandes dosis de neurotismo sexual que caracteriza al corazón de los gánsteres.La biografía de Alfonso Capone ha sido fuente constante de inspiración para el cine negro. Llevada a la pantalla en múltiples ocasiones, pocas han superado a Scarface, interpretada en 1932 por Paul Muni y Boris Karloff. En 1959, Rod Steiger interpretaba otro filme con pretensiones de documental. Este, que realizó Steve Carder en 1975, se inclina por mostrar el lado cruel de Capone, los desvaríos físicos y mentales que se derivan de su megalomanía.

El cortado Al -tenía la cara rajada a consecuencia de un enfrentamiento con la policía- había convertido su casa en un majestuoso palacio de estructura laberíntica inaccesible a la policía. En su época de mayor gloria, cuando logró organizar la extorsión y el crimen a través de sus leales legiones, se hospedaba en el hotel Levingston de Chicago con 48 de sus más fieles seguidores. Allí celebraban las reuniones del orden del día bajo los retratos de los presidentes Washington y Lincoln. Poseía una barriada independiente, llamada Cicero, en homenaje a las cualidades de este orador romano que Capone se atribuía a sí mismo.

Cuando fue detenido por evasión de impuestos -nunca se probó ninguna de las mil fechorías en las que intervino-, sólo pudo declarar humildemente que había hecho su fortuna prestando un servicio público: "Yo soy un vendedor de licores". Ben Gazzara, Stallone y John Cassavetes destacan en el reparto de este argumento que Carver resolvió dejándose llevar por el impacto visual de las secuencias, sobre todo la espeluznante matanza de la noche de San Valentín.

El príncipe de Bel Air es un producto menos significativo. Realizado para lucimiento de Mark Harmon -conocido por la serie Flamingo Road- y exhibición de sus cualidades físicas, es la tópica historia de un playboy que debe decidirse en el amor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de enero de 1990