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Crítica:

'AIlonsanfan',

1.00, TVE-1 (112 minutos).De tener que fragmentar la obra -la que hasta la fecha nos han dado- de los hermanos Taviani en dos bloques compactos, complementarios y, en su visión general, dependientes el uno del otro, Allonsanfan, realizada en 1974, cerraría el primero, el más abiertamente político. Este ciclo se inició en 1962 con Hay que quemar a un hombre y tiene sus puntos álgidos en éste y en su anterior título, San Michelle aveva un gallo, que son también los que presentan una mayor madurez artística, fruto ya no de la precipitación, sino del matiz hecho estilo.

Allonsanfan sitúa su acción en los años de la Restauración italiana. Es un filme coral, paisajístico y hasta algo operístico, pero sabe centrar su atención en un personaje -magníficamente encarnado, por Marcello Mastroianni-, un hombre en conflicto consigo mismo y a la búsqueda desesperada de una identidad ideológica, transmisor de una crisis política que los Taviani, en clave de fábula histórica, pretenden acercar a nuestros días. Su mérito mayor es no ser esquemáticos y sí portadores de una complejidad dialéctica que muy justamente ha situado esta película entre las verdaderamente importantes del cine -por lo menos el cine comprometido- moderno. Tras ella, con la magistral Padre, patrón y más tarde con El prado y La noche de san Lorenzo, entraron en una etapa de ficciones más telúricas, en el rastreo de raíces y folclor; nunca, sin embargo, han dejado de fabular. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de noviembre de 1989