El Barcelona sobrevivió en Varsovia con orgullo y sentido común

ENVIADO ESPECIALEl Barcelona sacó a relucir anoche el poder de intimidación que se le supone a los clubes con solera para resolver las situaciones más comprometidas. El equipo azulgrana se sintió favorito desde que pisó el césped del estadio del Ejército polaco y trasladó el miedo a perder al Legia de Varsovia. Diez minutos fueron suficientes para que los barcelonistas impusieran su mentalidad de ganadores, acabaran con todos los fantasmas que rodeaban el encuentro y dieran la vuelta al marcador de la eliminatoria.
La virginidad europea del equipo de Johan Cruyff, que sigue sin conocer la derrota en la Recopa, sólo se vio amenazada por el talento individual de Kosecki, un punta que se mueve al ritmo reggae con el instinto propio de un cazador de goles, y por el sonambulismo de Ronald Koeman. La ubicación de Copito de Nieve, como se le conoce en los ambientes distendidos, sigue siendo una deuda pendiente de Cruyff, que todavía no sabe muy bien dónde colocar a su compatriota.
Hay momentos, como el de anoche, en que por encima de las circunstancias tácticas manda la necesidad de ganar. En esta si tuación, lo primordial es no per der el oremus. Y esta vez Cruyff se mostró más sensato que nunca. Aquí, ni Lucendo, ni Roura, ni Onésimo. El Profeta del Gol llegó al campo silbando, seguro de que esta vez había dado con la alineación correcta, mientras su oponente, Rudolf Kapera, se tiraba de los pelos ante la necesidad de recomponer todo el equipo por la lesión del libero interna cional Budka.
Cruyff prescindió de Milla, consciente de que no podía volver a incurrir en el error cometido ante el Castellón al colocarlo como la sombra de Koeman; oxigenó al centro del campo dando entrada a Soler; utilizó al rápido López Rekarte, en perjuicio del temperamental Julio Alberto, para asegurarse el marcaje de Kosecki, y situó a Roberto como un central adelantado para impedir las maniobras del media punta Terlecki, un auténtico especia lista en las triangulaciones en la zona de definición.
Los marcajes a cara de perro en la defensa y la ayuda de Beguiristáin y Laudrup a los centro campistas cuando no estaban en posesión del balón aseguró a los azulgrana el control del partido.
El Barcelona apareció en el terreno de juego más dispuesto y organizado que de costumbre, negándole por una vez al rival el espacio necesario para maniobrar.
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