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Crítica:

¡Torero, torero!

La historia profesional de Steven Bochco, creador y productor de Canción triste de Hill Street y La ley de Los Ángeles, no ha estado exenta de problemas, en contra de lo que a la vista de su éxito pudiera pensarse. Precisamente, estos días estamos viendo en España los capítulos correspondientes a Hill street blues que se realizaron después de que Bochco fuera despedido por "derrochador". Steven Bochco se marchó a hacer La ley de Los Ángeles, donde intentó mantener los principios de su concepción del trabajo televisivo.En una entrevista publicada hace unos meses por la revista Rolling Stone, Steven Bochco manifestaba que él creía que después de varios años de experiencia podía ser capaz de afrontar proyectos muy diversos dentro del terreno de la producción televisiva, desde una pequeña serie sin medios excesivos hasta una gran realización con todos los recursos disponibles, y sentenciaba: "Sé fabricar un Rolls-Royce y un Chevrolet de los más baratos. Lo que nadie puede pedirme es que haga un Rolls-Royce al precio del Chevrolet".

La ley de Los Ángeles cuesta más que un Rolls-Royce -Bochco gasta más de un millón de dólares por episodio-, pero su calidad justifica la inversión. En España era en la actualidad el telefilme número uno de audiencia. Su éxito contrasta con la respuesta de TVE: esta noche desaparece de la programación.

De todas formas, el mérito de Bochco va mucho más allá que conseguir extraer dólares a mansalva de los herméticos bolsillos de las productoras norteamericanas. Sus programas se plantean como un juego con el espectador que en muchos momentos recuerda el arte taurino. Bochco se encara con el televidente -la estructura del símil nos obliga a asumir el no muy agradable papel del rumiante- e intenta ir siempre por delante de sus pensamientos. Las narraciones de sus series están llenas de trampas y engaños. Si uno entra al primer envite, ya no puede salir de la faena hasta la estocada final, que Bochco gusta de firmar con sobriedad en un sencillo rótulo sobre fondo negro y un majestuoso silencio.

Inevitablemente, tras acabar cada episodio, el espectador despierta de su sueño con la doble satisfacción de estar aún vivo y de haber asistido a un espectáculo casi perfecto. En este proceso de transformación, el televidente pasa a convertirse en enardecido aficionado que desde el tendido no termina de creer lo que ha visto. Esta noche, Steven Bochco dará su última vuelta al ruedo. Las entradas en reventa están por las nubes.

La ley de Los Ángeles se emite a las 21.15 por TVE-1.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de febrero de 1989

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