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CARTAS AL DIRECTOR

Pinta de confidente

Recuerdo que, durante los últimos tiempos del franquismo, en Euskadi solía visitar varios contubernios políticos y alguna asociación de vecinos. Nada más verme entrar, todo el mundo se apartaba recelosamente. "No cabe la menor duda", musitaban con sigilo. "Tiene toda la pinta de un confidente". Entonces yo me azoraba hasta escuchar el castañeteo de mis propios dientes y me palpaba las entretelas ideológicas. Pero no había nada que hacer: apestaba a txakurra, como los llaman allí.Luego me dio por venir a vivir a Madrid, pero todo fue inútil. Cada vez que bajaba a tomar la fresca a la acera, salía del portal de al lado un viejo muy simpático con su nietecito y, señalándome con el índice, le aleccionaba del siguiente modo: "Mira: ¿ves a ese señor al pie de la casa? Es todo un conente. Vamos, que está aquí para sacarnos las castañas del fuego". Así que, desesperado ya por toda esta cadena de infamias, una buena mañana resolví despojarme de todo prejuicio moral y hacerme un confidente como Dios manda, sólo para chincharlos. El primer cursillo intensivo que recibí sólo sirvió como muestreo de algunas nociones elementales sobre fontanería y desagües, algo terriblemente embarazoso y aburrido, pues era un secreto a voces. Pero no tardé en identificarme con la mentall dad de trepador nato, algo tan en boga en nuestros días. Así que, burla burlando, me

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ascendieron meteóricamente hasta lograr hacerme con la jefatura del gremio: fue algo imperceptible, casi un ajuste de cuentas con mi debilidad humanística. Bien, pues sin llegar a creérmelo del todo, ahí estaba yo, de la noche a la mañana, encendiendo brochas habaneras con billetes de 5.000 como si tal cosa. El único percance serio que he tenido desde entonces ha sido con mi propio tío, quien en su día fuera militar de la República y aún espera que le llegue la pensión. "Lee El coronel no tiene quién le escriba", hice por todo comentario. "Creo que trata el mismo tema".- Iñaqui Alcorta Egurrola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de enero de 1989