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Yoko Komatsubara

Una 'bailaora' japonesa abrirá la bienal flamenca de Sevilla

En 1962, con 21 años, Yoko Komatsubara dejó Tokio y un marido pintor para encontrar eso que le ponía "los vellos de punta" y que había oído en un disco de Carmen Amaya, souvenir de España de un amigo japonés. Educada en una familia tradicional, en la que todos tienen relación con el baile y la música, Yoko inaugurará, el próximo 6 de septiembre, la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla. "Cuando escucho unas alegrías", dice Yoko, "no puedo estar quieta, necesito moverme porque siento vida dentro de mí".

Cuando sólo tenía 12 años decidió romper con su estricta educación. Embelesada por el cariño que le tenía a su hermano -quien en contra de los deseos paternales se escapó de su casa decidido a ser actor- optó también por romper con sus milenarias tradiciones e ingresar en una escuela de ballet clásico. Cuatro años más tarde, debutó con la Compañía Ballet de Komaki, en el Teatro Imperial de Japón de Coperia. Tras cursar arte dramático en Tokio, interpretó textos de Shakespeare, de Molière y de los clásicos japoneses, entre otros.Esta japonesa, que nació en 1941, iba para maestra de danzas clásicas de su país y para profesora de chamisen, especie de guitarra con tres cuerdas de seda. De pronto quiso dejarlo todo, incluso su reciente matrimonio, para ir en busca de algo nuevo que no había visto nunca, pero que "lo llevaba dentro". Desde que vio bailar por primera vez a Pilar López, hace 25 años, Yoko ha dedicado su vida al flamenco. "El flamenco tiene mucha fuerza, aunque una cierta tristeza. Es similar a la música japonesa, con altibajos de alegría y sentimiento".

Con el apoyo económico de su hermano, ya actor de fama reconocida, llegó a Madrid, y desde una pensión de la calle Alcalá comenzó a buscar una academia de baile. Paco Reyes fue su primer maestro y los seis meses que pensaba estar en el país se convirtieron en dos años. "Alguien me dijo", recuerda Yoko, "que si quería aprender flamenco tenía que ir a Sevilla. Allí hay un hombre gordo, cojo y sordo, que cuando baila es increíble". "Fui a Sevilla, al tablao del hotel Murillo", continúa Yoko, "y cuando Enrique el Cojo empezó a bailar, vi en él un arte muy grande".

Después de bailar con Enrique durante seis meses Yoko volvió a Japón. El teatro de Asaji, en Tokio, se llenó, gracias a la fama del hermano de Yoko, para contemplar por primera vez a una compatriota bailar flamenco. "Yo bailé muy mal", dice Yoko, "pero tuve las mejores críticas de mi vida, ya que nadie tenía ni idea sobre flamenco". El éxito le remordió la conciencia y al mes siguiente volvió a Sevilla para seguir aprendiendo.

Admiradora de Cristina Hoyos y de Merche Esmeralda, Yoko montó en Tokio hace 20 años el ballet de Yoko Komatsubara, además de dar clases de flamenco a más de 300 alumnas. Su montaje Goya, luz y sombra , estrenado en el teatro Lope de Vega, en Sevilla, le valió el Gran Premio Nacional de Arte en su país. "Ahora hay un montón de academias de flamenco en Tokio, pero muy pocas tienen una buena calidad de enseñanza".

La bailaora japonesa inaugurará la 5ª edición de la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla con el espectáculo Yo elegí el flamenco, dirigido por Miguel Narros y con coreografía de Manolo Marín, con el que en septiembre hará un gira por todo Japón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de agosto de 1988