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Crítica:CINE EN T.V.E.
Crítica

Una película limpia y cristalina

El tercer capítulo sobre el personaje fetiche de François Truffaut -el segundo, El amor a los 20 años, se lo ha saltado el ciclo- nos presenta a un Antoine Doinel salido de la mili y perdido entre las incertidumbres de la vida, el trabajo y el amor. Tras un breve paso por el oficio de vigilante, Doinel entra a trabajar en una agencia de detectives, ocasión que el cineasta aprovecha para lanzarse a una irónica interpretación del género, como quien acaricia a Buster Keaton-Sherlock Holmes, junior. Y la comparación no es gratuita, puesto que Doinel, como Keaton, es un ser frágil, necesitado de mucho cariño, insatisfecho y poco cómodo -no: nada cómodo- para una sociedad rectilínea que necesariamente ha de tomarlo por una criatura anómala; hasta nosotros, espectadores atrapados en esa tela de araña de la sociedad, le tomamos por una criatura anómala.Truffaut, siempre un par de pasos por delante del personaje, marcándolo, deshojándolo como una margarita, nos zambulle en una película limpia, cristalina, una película desgranada desde las íntimas sensaciones del autor, reflejado en ese doble espejo que es la pantalla. De carácter autobiográfico -el carácter, atención, no la temática-, Besos robados nos da el perfil de un ser romántico y atormentado, inadaptable en un universo en el que los valores han empezado a deteriorarse. Tras la capa de ternura y el bello celofán de comedia sentimental, hay en Besos robados, y en el cine de Truffaut tout court, la misma desesperada poesía de la soledad y la deshumanización de un Antonioni; sólo que Jean-Pierre Leaud es como un bufón de la corte y no emanan de él las púas que perforan la existencia de una Monica Vitti o un Steve Cochran.

Besos robados se emite a las 21

30 por TVE-2.

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