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Luis: "No hay tiempo para hacer una revolución"

Luis Aragonés ha recuperado su cara de tragedia habitual y, tras superar su último estrés, ha tomado una decisión soberana: "He acabado por convencerme de que lo mejor es pasar de la gente mal intencionada". Y así, "con decir que estoy en condiciones de entrenar", basta. '"El Barcelona me contrató hasta el 30 de junio para trabajar con una plantilla determinada e intentar sacar los mejores resultados". Y añade: "No ha habido tiempo para hacer una revolución... táctica ni... de equipo. Pero insisto en que el equipo ganará esta temporada un título y en la próxima estará en un torneo europeo".

A juzgar por las últimas broncas que ha tenido con sus jugadores en los primeros entrenamientos de esta semana y por las charlas con algunos periodistas, se diría que Luis vuelve a estar en plena forma. "Quizá no esté al 100%, de mi estado óptimo, pero si que me encuentro en condiciones de entrenar antes de lo previsto", responde, "porque el médico me dijo que podría estar 15 o 20 días de baja, y en una semana me he recuperado".El técnico barcelonista sufrió, según el servicio médico del Barcelona, un síndrome de agotamiento por estrés que le tuvo seis días apartado del equipo [del 17 al 24 de enero]. Luis dice que no ha aclarado todavía porque su médico no "pudo decir a la Prensa lo que yo tenía". "Yo puedo asegurarle que el doctor me ha dicho que sufría un estrés", cuenta, "una enfermedad parecida o la misma que tuve cuando era entrenador del Betis y del Atlético de Madrid".

Sorprende que entonces tuviera que abandonar la dirección técnica tanto del equipo blanquiverde como del rojiblanco, y que ahora siga en el cargo de preparador del Barcelona. "Sucede, quizás, que entonces la enfermedad era más fuerte y no podía continuar", explica, "mientras que ahora he puesto mucha voluntad y esfuerzo y estoy bastante bien". Y puntualiza: "Mire, he llegado a una conclusión sobre este tema: he acabado por convencerme de que lo mejor es pasar de la gente mal intencionada y punto", no sin antes anunciar que piensa llevar a los tribunales a aquellos periodistas que han publicado que Luis sabe jugar tanto a la ruleta como al mus y al tute, y que, en consecuencia, sus males tienen origen en el juego.

Luis asegura que su principal obsesión es sacar a flote la titubeante nave azulgrana antes del 30 de junio. "Estoy convencido de que ganaremos un título, porque estamos en las semifinales de la Copa del Rey y en los cuartos de final de la UEFA, y además remontaremos posiciones en la Liga". Lo que pase después de ese 30 de junio no le preocupa. El club no le ha asegurado no prometido ningún cargo a partir de esa fecha.

El suyo fue un matrimonio de conveniencia con el Barcelona. El club, después de destituir a Terry Venables, necesitaba un entrenador para acabar la temporada, y Luis no tenía equipo. Así es que llegaron a un acuerdo tasado en 35 millones de pesetas. "No me preocupa nada de lo que se comenta sobre nuevos fichajes ni otras cosas sobre el estilo", responde, "porque a mí me contrataron hasta el final de este año futbolístico para dedicarme a la plantilla e intentar obtener los mejores resultados posibles. Lo único que la entidad me ha pedido, al margen de esto, es un informe sobre el lugar donde habitualmente se realiza la pretemporada [Andorra], y nada más, ni listas de fichajes ni opinión sobre extranjeros, nada. También puedo decir que nadie se ha metido en mi trabajo".

De Luis se esperaba, sin embargo, algo más de lo que ha ofrecido en los cuatro meses que lleva en el cargo [fue nombrado entrenador el 23 de septiembre]. Tenía fama de ser el autor del Manual sobre el contragolpe, porque se le suponía un maestro en la táctica de pillar descolocado al rival, y resulta que el Barcelona de Luis se encuentra, al final de la primera vuelta de la Liga, con dos negativos, los mismos que tenía el equipo cuando cesaron a Venables y, además, sus alineaciones son calcadas.

Defensa del técnico

"Me he dado cuenta de que aquí sólo se vive para la Liga, es como si no hubiera otros torneos, y eso te afecta", argumenta, "yo insisto en que, al margen de la Liga, el Barcelona está en un buen lugar". Y añade: "Sé también que en este equipo, además de ganar, se debe jugar bien, pero es cierto que aquí un resultado malo se convierte en una crisis cuando en otros equipos eso se cura en un sólo día. No somos máquinas".Zapatones, como se le llama en el mundillo futbolístico, se defiende ante los que se sienten decepcionados por su contratación, diciendo: "Para hacer un trabajo serio no basta con cuatro meses. Me encontré con un equipo al que, sobretodo, había que levantar la moral, porque su sistema de juego era bueno, o cuanto menos, cambiarlo era y es dificil". "Quiero decir", especifica, "que no ha habido tiempo para una. No ha habido tiempo para hacer una revolución... táctica... ni de equipo, para conocer más cosas, para hacer otra preparación física. Sólo hemos podido realizar algún cambio dentro del sistema existente y, por otra parte, pienso que los que están jugando ahora son los que lo pueden hacer mejor. Recurrir a la cantera en estos momentos de presión sería una tontería".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de enero de 1988

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