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Crítica:
Crítica

Un melodrama limpio y oficial

La literatura de Theodore Dreiser (1871-1945) pulveriza cualquier asomo de sueño americano. Su novela más célebre, An american tragedy, era un desasogedador paseo por la condición humana que hacía trizas su propio contexto social; de ahí salió un espléndido filme de Josef von Sternberg (Una tragedía humana) y un famosísimo título de George Stevens (Un lugar en el Sol). La novela se publicó en 1925.Pero un cuarto de siglo antes, Dreiser dio luz a su primer éxito, Sister carrie, también llevada, por William Wyler, en 1952, a la pantalla. Las líneas maestras de esa obra desesperanzada son tópicas: el paso de una chica pasablemente ingenua del medio rural a la gran urbe. Carrie Meeder vive en un infierno y parte a la tierra prometida, Chicago, en realidad otro infierno. Allí se enamorará de un galante hombre casado, George Hurstwood, y su vida no será otra cosa que una tragedia.

Oficio y calidad

Wyler limó, o le limaron, las aristas escépticas, el tono irónico del texto original. Él era un excelente narrador (ya saben, "el jansenista de la puesta en escena") un hombre de miradas pacíficas y en Carrie edificó un melodrama convencional, limpio y oficial, según las inclinaciones de la época Cine de qualité de la mejor cosecha. Los ojos que lo vean gozarán más o menos a partir de la naturaleza de cada exigencia Oficio y calidad artística no le faltan al producto.En cualquier caso, valga la proyección de Carrie, apartó de para el homenaje a la actriz Jennifer Jones, a quien se dedica e actual ciclo, para otros dos homenajes: a la Paramount, que este año celebra el 752 aniversario de su creación, y a Laurence Olivier, que la pasada semana cumplió 80 años y anunció públicamente su retiro de la escena y la pantalla.

Carrie se emite hoy por TVE-1 a las 22.20.

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