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Mesianismos

La religiosidad contamina lo político, más en la tierra que en el cielo y ahí queda la pauta marcada por el presidente Reagan, que tiene hilo directo con las intenciones de la Divina Providencia. Y a la estela de Reagan nada dentro de su meyba antinuclear Don Manuel Fraga Iribarne, que se apuntó inmediatamente a la causa del Dios que protege las mayorías naturales. No hay que extrañarse pues porque el mesianismo aparezca en otros territorios políticos y al señor Obiols, líder de los socialistas catalanes, le parezca que el presidente Pujol es mesiánico.En efecto, Pujol es sospechoso de mesianismo cada vez que liga toda posibilidad nacional de Cataluña a su nacionalismo, como si fuera una condición sine qua non para la supervivencia del sentido histórico de Cataluña. Estatura de Mesías le han constituido sus exégetas, interesados honradamente en el crecimiento de esa estatura o no tan honradamente en el crecimiento de la sombra a la que puedan cobijarse. Pero hace mal el señor Obiols buscando el mesianismo en el ojo ajeno y olvidando el que tiene en el propio.

Mesianismo es que el jefe político estatal de Obiols, don Felipe González Márquez, se despache diciendo que su pérdida de libertad es el precio que debe pagar por nuestras libertades. Algo de verdad hay en la necesidad de que un jefe de gobierno reprima sus impulsos y modere sus creencias para ayudar a que la inmensa mayoría se identifique con él. Pero a cambio de ese sacrificio, gracias a la pérdida de sus libertades, el señor González ha tenido 10 millones de votos y conserva una amplia mayoría según todos los sondeos. Que no nos venga ahora con sacrificios por los demás, que no repita el juego de la doble verdad practicado por aquel mesías reciente que no quería gobernar pero gobernó 40 años, que no era guerrero pero que no dejó antagonista con cabeza, que no era ambicioso pero que consintió la apertura de su propio proceso de beatificación. Si el señor González gobierna es porque le va al cuerpo. Si quiere sacrificarse de verdad siempre le queda el recurso de irse a curar leprosos, como el benemérito Padre Damián.

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