Trenes y autos
En EL PAIS del día 4 de noviembre se publicó un artículo de un tal Agustín García Calvo en el que se ironizaba contra la eficacia y el progresismo de nuestras autoridades al inclinarse descaradamente por la promoción automovilísticaPasa a la página 12
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en detrimento del ferrocarril. Como las argumentaciones me parecieron bastante razonables, ya se puede hacer usted idea de la perplejidad en la que a mí, hijo de los hijos del siglo, me dejó sumido. Reconozcamos que la peligrosidad y suciedad del automóvil, así como su precio, son mucho mayores que las del ferrocarril. Tampoco parece que aquello de mantener los puestos de trabajo tenga la menor verosimilitud. Pero, entonces, ante ese fervor automovilístico y autopístico, o como se deba decir, ¿qué pensar de nuestros gobernantes? ¿Será estupidez lo que les mueve? ¿Será desaprensión? ¿No podría usted convencer a los responsables del ramo de que se expliquen en su Tribuna Libre despojándonos de esta lógica duda a mí y a los que como yo hayan caído en ella? Muchas gracias.- Francisco Sánchez.


























































