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COPA DE EUROPA DE BALONCESTO

El Murray causó el mal juego del Madrid

Difícil es que un mal equipo provoque un buen encuentro sino al contrario, que su escasa técnica, su propensión al desorden, su heterodoxia, contagie el ambiente. Frio, deslavazado, torpe estuvo el juego del Real Madrid en su estreno europeo de la temporada 85-86. La profusión de malas caras y enfados entre jugadores y técnico fueron tónica general del encuentro. Fueron causa del feo partido que se realizó, una fealdad que molesta a quienes gustan de hacer bien las cosas.El Murray de Edimburgo llegaba a Madrid con cuatro jugadores de color y la nota folclórica de Joune, que fue capaz un día, según dicen, de cosechar 109 tantos en un partido. El tal alero hizo 15 tantos, por lo que se quedó cortísimo. Eso sí, tiró mejor desde ocho metros que desde cuatro. Joune aparte, el Murray jugó con un base que desacomplejaba a Corbalán, pues una cabeza de ventaja sacaba el español. Todo lo demás, una pléyade de jugadores toscos, blancos y negros.

Del estilo de juego escocés pocas conclusiones cabe sacar. Sea que los escoceses dominan el remate de cabeza, el juego aéreo, el whisky y los deportes viriles, no parecen haber sido llamados al baloncesto de momento. Foggin, un pívot, tuvo, eso sí, detalles de virilidad con Fernando Martín, en unos minutos de baloncesto-fuerza, pero salió malparado.

El equipo madridista jugó el encuentro de mala gana. La defensa contraria se colocaba tan mal que, a veces, no se supo como echarla mano. Curiosa contradicción, por la que la primera parte transcurrió con marcador apretado, escasísimas personales y un descuido reboteador del equipo local. Al descanso, 36-28, pero ninguna impresión de eliminatoria en peligro.

En la reanudación, la intercesión de Corbalán, que se erigió en principal tirador, permitió alcanzar los 10 puntos de diferencia (55-45), que fueron siendo rebajados paulatinamente en medio de un ambiente desapasionado. Por fin, en los últimos minutos, Martín tuvo un acceso de furia, provocado por un codazo del citado Foggin, y se empeñó en meterlo casi todo. La ventaja volvió a los 10 puntos, que resultaron simbólicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de octubre de 1985