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Arroyo abandona en la primera etapa del Tour

Ángel Arroyo peleó en la primera etapa de la vuelta ciclista a Francia para no descolgarse del pelotón, sin resultado. Acabó retirándose cerca del kilómetro 160 de carrera. "Van a dos por hora y ya voy echando humo", le comentó, entregado, a su director, Javier Mínguez. No fue una decisión meditada en exceso, sino todo lo contrario. Entre tanto, Ruiz Cabestany se apuntaba los mejores resultados de la representación española, al arañar seis segundos en dos metas volantes. La lucha por estos segundos de regalo fue el interés de la etapa, ganada por Mathijs al sprint. El belga Vanderaerden es el nuevo líder.

ENVIADO ESPECIAL, "No me preocupa lo que pase a partir de ahora, sólo mi estado de salud", manifestó Arroyo "Supongo que tendré menos amigos y no me insistirán tanto para que les corra en su pueblo y lo haga gratis".Arroyo se encontraba muy tranquilo en una nada cómoda habitación de hotel, después de haberse retirado. Sus premoniciones pesimistas de unos días antes, que todo el mundo tomaba a chacota, se cumplieron Arroyo, el mejor español del Tour en los últimos años (segundo en 1983 y sexto en 1984) anunciaba su retirada con mucha antelación.

"Ya veremos si llego a la salida", exageraba, pero lo cierto es que en la mañana de ayer se levantó con dolor de riñones, mientras seguía sufriendo fiebre intermitente. "Estaba falto de entrenamiento porque me había pasado 10 días entre médicos. Sólo pude correr 100 kilómetros en varias sesiones. Claro, al hacer ahora 250 lo tenía que notar".

Los médicos no han encontrado un diagnóstico preciso a la dolencia de Arroyo, aunque en el seno del equipo Zor había cierto malestar porque Arroyo había sido examinado "por sus médicos", que forman el mismo equipo que controla a Pedro Delgado. "El chaval estaba mal, algo no funcionaba en su organismo y así no se puede circular por el Tour", manifestaba Javier Mínguez, el director del equipo.

"Ni se cortó el pelo"

Echávarri, del Reynolds, quien ha sido director de Arroyo en los dos años anteriores, señalaba un matiz superficial antes de darse la salida a la primera etapa: "Arroyo está mal, muy mal. Lo noto, incluso, por su aspecto descuidado. No se ha cortado el pelo, lo que quiere decir que no aspira a nada en este Tour. Un corredor concentrado cuida hasta esos detalles, porque sabe que en el Tour hará mucho calor y tanto calor resulta molesto".

Todas las conjeturas se cumplieron enseguida. A los pocos kilómetros, Arroyo se resguardaba en la cola del pelotón. Dialogaba, de vez en cuando, con su director. Pasado el kilómetro 100 le costaba seguir el ritmo de los demás.

Javier Mínguez le ofreció la colaboración de Ibáñez, Magro y Pieters para que arroparan hasta la meta, pero Arroyo desechó esta ayuda: "Le dije a Mínguez que no lo hiciera, que al final el peloton marcharía muy rápido y podríamos perder más de media hora. No valía la pena porque podíamos llegar a la meta fuera de control".

Fiebre

Arroyo se retiró tranquilo; en la habitación del hotel procedió a contestar algunas llamadas telefónicas, se tomó una ducha y se vistió. Hoy regresará a Madrid y volverá a estar entre médicos. "Ahí tengo un termómetro y no me lo quiero ni poner". Era una de sus últimas frases. Suponía que la fiebre había subido hacia los 37,5 grados de todos los días.

Entretanto, Ruiz Cabestany llegaba a la meta entre los elegidos. Incluso, había robado segundos de imagen televisiva al participar en una escapada de última hora que no tuvo resultado.

Ruiz Cabestany pone una nota original en el tradicional comportamiento del ciclismo español en el Tour. Mientras sus compatriotas esperan la llegada de la montaña, Cabestany se codea con los más rápidos. Ayer compitió por dos metas volantes, de un total de cuatro, logrando en ambas la tercera posición, lo que le valió seis segundos y un ligero ascenso en la general.

Ahora es sexto, si bien no puede enfundarse el jersei blanco que se otorga al mejor debutante, porque se lo impide Bauer, un corredor canadiense que fue subcampeón olímpico en Los Ángeles y que se ha situado en la quinta posición. Ambos compitieron por ese jersei, por las bonificaciones, pero Bauer sorprendió a Cabestany en la última meta volante y cruzó primero en la línea.

Ese hecho motivó que el corredor español llegara a la meta con mala cara a pesar de que su actuación, hasta el momento, es brillante. Los mecánicos del equipo Seat-Orbea le tenían preparado, infructuosamente, el jersei blanco.

Entre las bonificaciones se centró el interés de la primera etapa. El holandés Vanderaerden consiguió las suficientes para superar a Hinault, quien no compitió por estos segundos adicionales.

Clasificación

Etapa: 1º Mathijs, 6.32.52 horas (30 segundos de bonificación). 2º Vanderaerden (20 segundos), mt. 3º Kelly (10 segundos). 49º Ruiz Cabestany. 178º Del Ramo, a 14.41 minutos, último.

General: 1º Vanderaerden, 6.41.07 horas., 2º Hinault, a 32 segundos. 3º Bauer (canadiense, subcampeón olímpico), a 43. 4º Roche, a 46. 52 Mathijs, a 47. 6º Anderson, a 51. 7º Ruiz Cabestany, a 51. 8º Lemond, a 53.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de junio de 1985