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Tribuna:

Rebajas de otoño

La mala administración de los clubes por parte de dirigentes fatuos, ignorantes, pretenciosos y faranduleros ha puesto al fútbol al borde de la quiebra. El quiero y no puedo ha sido la característica predominante de los últimos tiempos. De los graderíos se ha echado a familias enteras a causa delos precios desorbitados. Del listado de socios han desaparecido miles de nombres. Los vacíos en las gradas, contrariamente a lo que piensan algunos, no los producen la ausencia de goles, sino los atracos en taquilla.Vicente Calderón que, como muchos otros colegas, cometió el error de no medir las propias fuerzas de la entidad, en su vuelta, y con un panorama tan oscuro e incierto como el reinado de Witiza, ha caído en la cuenta de que únicamente la moderación puede salvar al Atlético. Calderón ha congelado los sueldos mensuales y las arebajado el precio de las entradas. El Atlético prefiere ahora el mismo rendimiento económico de antes, pero con el campo lleno. Calderón ha votado por partidos con gente y por el retorno de los niños al fútbol.

La ausencia de chavales en los campos estaba convirtiendo el espectáculo balompédico en una afición camp. Y, más aún, un deporte sin seguidores de los que coleccionan cromos no tendría otro futuro que la muerte por inanición.

El ejemplo del Atlético -austeridad en los gastos y rebaja de los precios- deberían seguirlo la mayoría de los clubes de categoría nacional. El fútbol no puede ser un espectáculo para privilegiados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de octubre de 1982