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Xavier Cugat,

que se encuentra internado en una clínica de Barcelona donde convalece tras ser operado de una fractura de fémur, permanece en la cama con un deportivo sombrero, tocado con una flor, a la cabeza y permanentemente acompañado de bellezas, dos constantes de su vida. El anciano director de orquesta, que recibe numerosas muestras de afecto, mantiene un excelente humor mientras se recupera satisfactoriamente de su "caida tonta".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 03 de marzo de 1982.

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