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Nueva escisión en la tendencia dominante del PSUC

La tendencia dirigente del PSUC, la denominada leninista, ha quedado virtualmente dividida por su mitad en otras dos antagónicas. Un sector de esta tendencia propugna la total marginación de los prosoviéticos y aprueba las recientes exclusiones habidas dentro del PCE. El otro sector discrepa en ambos puntos.

Desde el IV Congreso del PSUC, celebrado en octubre de 1977, la tendencia leninista ha dirigido la mayor parte de la actividad del PSUC. En una primera etapa lo efectuó por mediación de Gutiérrez Díaz, quien, sin pertenecer a esta corriente, asumió sus postulados en su enfrentamiento constante con Carrillo. En una segunda etapa, tras el quinto congreso (enero de 1981), los leninistas pasaron a ser mayoría en el comité ejecutivo, mientras que el leninista Frutos asumía la secretaría general.En la división de los leninistas ha jugado un papel clave Andreu Claret, responsable de la política informativa dentro del ejecutivo. Claret ha efectuado en estas últimas semanas una inflexión hacia las posturas de Santiago Carrillo, lo que le ha llevado a defender las exclusiones habidas dentro del PCE. Asimismo, propugna una total marginación de la tendencia prosoviética, mediante la aprobación de un reglamento del inminente congreso del PSUC que reduzca la fuerza de los prosoviéticos a casi nada. En estos planteamientos, Claret es apoyado totalmente por Santiago Carrillo y, desde fuera de la dirección del PSUC, por la corriente de derecha denominada bandera blanca o socialdemócrata.

En cambio, Claret es abiertamente atacado por otros destacados dirigentes de la tendencia leninista, como Manuel Vázquez Montalbán, Xavier Folch y Rafael Ribó, también miembros del ejecutivo. De ahí que, a la ya abundante terminología interna del PSUC deba añadirse las expresiones de leninista de derechas y leninista de izquierdas. La fuerza de Claret reside básicamente en el constante apoyo que se brinda mutuamente con Santiago Carrillo.

En este sentido destaca el hecho de que Claret votase, en el Comité Central del PCE, en favor de las recientes exclusiones. A ello se añade la influencia que ejerce sobre el secretario general del PSUC, Francesc Frutos, y sobre el responsable de organización, Josep M. Rodríguez-Rovira. Esto último, pese a que Claret se presenta ya como el firme candidato de Carrillo para el cargo que ahora ocupa Rodríguez-Rovira.

Próximo congreso extraordinario

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En los últimos días ha habido fuertes enfrentamientos en el seno de la dirección del PSUC, después de que los hoy denominados leninistas de izquierdas condenasen públicamente las exclusiones llevadas a cabo en el PCE. Claret consiguió que estas condenas fuesen oficialmente consideradas meras posiciones personales. Pero el tema de fondo de inminente aparición es el reglamento del próximo congreso extraordinario del PSUC. Carrillo y Claret desean que el reglamento tenga como principal objetivo la liquidación de la tendencia prosoviética y el reestablecer la disciplina interna del PSUC sobre la base de los criterios hoy aún vírgenes en el PCE.Los leninistas de izquierda desean generar una actividad política que reduzca la beligerancia de los prosoviéticos, modere algunas de sus posiciones (en particular las de política internacional), pero que en ningún caso les lleve a separarse del PSUC, por considerar que entonces este partido quedaría reducido a una fuerza casi marginal, sin presencia en las principales zonas obreras, donde -guste o no- los prosoviéticos llevan la voz cantante.

Todo este relanzamiento de la conflictividad interna del PSUC se sitúa en el marco precongresual. Los bandera blanca carecen de posibilidades en el congreso y únicamente jugarán a conseguir una política de dureza contra los prosoviéticos, a acercar más aún el PSUC al PCE y a situar lo mejor posible a su dirigente, Jordi Solé-Tura. Los leninistas de derecha defenderán idénticos criterios, pero en beneficio propio, es decir, en favor de Andreu Claret como secretario de organización entrante.

Los leninistas de izquierda intentarán reproducir el quinto congreso, es decir, una dirección colegiada con apoyo exterior puntual desde la izquierda o incluso desde la derecha. Su finalidad última -y quizá utópica- sería generar una política en la que la acción común limase las asperezas ideológicas actuales. Los prosoviéticos, por su parte, juegan a ganar el congreso, convencidos de que ello está a su alcance. Si el reglamento no les permite una representatividad aceptable, abandonaría el partido para crear otro, consumándose así la escisión de hecho ya existente en numerosos órdenes.

Contactos de Gutiérrez y temores de Carrillo

Desde una visión y unos objetivos puramente personales, cabe destacar la posición del ex secretario general Gutiérrez Díaz, quien desde una oficina particular situada en la Rambla de Cataluña, de Barcelona, lleva a cabo todo tipo de contactos, con el fin último de recuperar el protagonismo perdido. Pero Santiago Carrillo no olvida que fue bajo el mandato de Gutiérrez cuando el PSUC inició sus actuales peripecias. Por otro lado, Carrillo parece no temer el debilitamiento del PSUC, ya que ello significa obviamente su pérdida de incidencia en el ya bastante conflictivo panorama del comunismo español.

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