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Reportaje:Los disidentes, ante el X Congreso del Partido Comunista de España / y 3

"Carrillo nos une a los afganos para destruirnos", aseguran los leninistas

El sector duro del Partido Comunista de España (PCE), que, junto con los renovadores y los nacionalistas darán la batalla por las corrientes de opinión en el X Congreso, está constituido por una amalgama de pequenos grupos ideológicos que van desde los leninistas hasta los afganos, pasando por los prosoviéticos, tan virulentamente atacados por los hombres de Carrillo.Precisamente lo que más irrita a los leninistas es que Carrillo «les meta en un mismo saco» con los prosoviéticos, y el hecho de que etiquetaran así a los delegados que acudieron a la Conferencia de Madrid por la Federación Oeste y la comarcal sureste les irritó sobremanera: «Lo hace para destruirnos», sentenciaron.

«Nosotros somos eurocomunistas convencidos. Lo que pasa es que no aceptamos esta denominación por lo mucho que la han desprestigiado los actuales dirigentes del partido, Nosotros somos la izquierda comunista del PCE, con mayoría de leninistas». Así se definen las cabezas de fila de este sector, Angel Cantos, Luis Cabo, Julián Rebollo, Laureano Cuerdo, Gervasio Cordero y Santiago Camaleja, nombres a la sombra de otros mejor situados en los órganos de dirección.

Como «prueba» de que no son prosoviéticos -aunque ni los carrillistas ni los renovadores se lo crean mucho- es que todos ellos, en su calidad de portavoces de este sector, aseguran que condenan rotundamente la intervención soviética en Afganistán, «denunciando, eso sí, que los culpables de la agresividad entre los dos grandes bloques son los imperialistas, que no saben cómo solucionar su crisis económica». Tras muchas matizaciones, aseguran que la invasión es «un error de la URSS, porque priva al pueblo afgano de su soberanía y de su propia capacidad para hacer la revolución. No obstante, nosotros nunca nos uniríamos con Reagan en su condena a la Unión Soviética».

Sobre la gran patria soviética, otro de los mitos intocables para los afganos, los leninistas señalan que «allí se han dado pasos muy importantes, pero falta democracia y falta libertad, por lo que el socialismo se ha bloqueado y nosotros estamos en contra».

"Carrillo es un estrecho"

Así es que estos eurocomunistas leninistas no critican los actuales contenidos políticos del PCE, «sino la falta de democracia interna» (éstos, al igual que los renovadores, también demandan que la comisión de candidaturas emplee el criterio proporcional y las listas abiertas) y, sobre todo, «la contradicción que supone la aplicación del eurocomunismo. Nuestro partido lucha por la consolidación de la democracia burguesa», señalan, y esto no va acompañado de la participación de las masas. La política a seguir la impone el grupo parlamentario y el núcleo dirigente, y las bases se enteran y acatan hechos consumados ».También preferirían que el PCE funcionara a nivel interno como el Partido Comunista italiano, donde -según ellos- las discusiones internas de la dirección llegan a las bases fielmente reproducidas en elocumentos de difusión. Y desean esto precisamente para «aclararnos qué es lo que pasa con hombres que nosotros consideramos valiosos, como Marcelino Camacho, Ignacio Gallego o Romero Marín, cuando se enfrentan con los carrillistas». Dichos «hombres valiosos» son afines a la línea dura del partido, mientras que sus iras van destinadas a renovadores como Manuel Azcárate, u oficialistas, como Jaime Ballesteros o Simón Sánchez Montero. Para Carrillo, dedicaron adjetivos tales como «dogmático, estrecho, estalinista y monolítico», y le acusan de mantener una estructura vertical aplastante dentro del partido.De Nicolás Sartorius opinan que mientras estuvo íntegramente dedicado a Comisiones Obreras fue «un hombre conciliador, que se ganó el respeto de los obreros», pero antes de considerarle como el mejor sustituto de Carrillo -como hicieron los renovadores- opinan que «hay que esperar a que se defina con mayor claridad».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de julio de 1981