Aymone Giscard,
esposa del presidente de la República Francesa, ha hecho unas declaraciones a Jaime Peñafiel, que la revista ¡Hola! publica en su número de la próxima semana. Dice la primera dama de Francia que tanto ella como su marido, que debe enfrentarse pronto a una campaña electoral para intentar la continuidad en su puesto, «tendríamos ganas de abandonar este cargo tan pesado para él». Con buen criterio, Aymone añade: «Pero no es a mí a quien toca decidir, sino a los franceses».El periodista le pregunta sobre el aborto. «Mi opinión, por razones de fe y moral», responde la esposa de Giscard d'Estaing, «es que no puedo aceptar el aborto, puesto que los cristianos estamos en contra del aborto. (... ) Pero como ciudadana francesa debo de reconocer que muchas mujeres recurrían al aborto desde hace muchos años, y no se podía pasar este hecho por alto sin que hubiera una ley o una reglamentación precisa. Tengo que decir que esta ley es la menos mala que podía hacerse. Está bien canalizada y bien aplicada. Parece ser que desde que entró en vigor el número de abortos no ha aumentado en Francia; pero, en cambio, todos los problemas médicos que surgían antes de que esta ley fuera aprobada, dramáticos, fatales para la vida de las mujeres, han disminuido totalmente».


























































