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Un cabezazo de Santillana salvó al Madrid

La historia se repitió una vez más en Chamartín. El Madrid, sin ideas ni calidad en su fútbol, con el único bagaje de su tesón y su fuerza física, ganó apuradamente un partido que el Spórting de Gijón no mereció perder. El equipo asturiano, con un planteamiento claro a la espera del contraataque, no aprovechó tres ocasiones inmejorables de marcar y encajó el gol de la derrota a balón parado, en uno de los recursos habituales madridistas: el cabezazo de Santillana.De cualquier forma, el panorama que se le presenta al equipo blanco cara al futuro sigue muy oscuro. Su paso es tan titubeante en las tres competiciones que tiene aún opción de ganar, que su caída parece pender sólo de un hilo. El pasado miércoles rondó el desastre ante el Betis; ayer lo hizo frente al Spórting y el próximo miércoles la escalada aumenta sus dificultades, con un Hamburgo que ganó ayer por 0-6, nada menos, al Hertha en Berlín y ya es líder alemán federal por delante del Bayern Munich.

Por lo que se ve, el Madrid lo único que no ha perdido es el coraje y sus ganas increíbles de ganar a costa de dejarse todo en los campos. Su capacidad de superar los peores momentos, la falta de ideas y de juego, es demasiado para casi todos los equipos. Hasta echa mano de sus dosis de suerte y ahí soluciona el resto. Ante el Spórting, que no pudo considerarse agobiado, ni siquiera apurado, aunque se dejó dominar claramente para aprovechar algún contragolpe, encontró el cabezazo oportuno y magnífico de Santillana. Juanito, que no dio una a derechas en todo el partido, sacó una falta con habilidad primorosa. Antes todavía, el mejor jugador asturiano, Uría, propició la falta con un empeño absurdo en el regate. Quizá fuese el único defecto claro del Spórting el jugar demasiado arriesgadamente con el balón controlado en las proximidades del área. Quiso controlar el juego desde atrás y en realidad nunca pasó de mantener el balón en ese estilo de juego, pues los verdaderos contraataques con peligro de gol fueron fruto de cortes en ataques madridistas: al medio minuto, Quini robó un balón y Uría remató al poste derecho; a los veintiuno, falló Sabido, se fue de nuevo solo el delantero centro y García Remón acertó a despejar con su cuerpo a córner; a los 61, Joaquín le arrebató el balón a Del Bosque y nuevamente salvé el guardameta blanco a la desesperada.

El Madrid, en cambio, hizo bien poco. En realidad, poco podía con los mimbres de que echa mano ya Boskov. Ante un centro de campo tan armado como el formado por Joaquín, Uría, David y Mesa, el técnico madridista alineó a Isidro (¿cómo puede este jugador actuar de «cerebro» o «medio cerebro» en un equipo que aspira al título?), Del Bosque (que se encontró con la magnífica forma de Uría), Cunningham (¿de qué juega este señor?) y Stielike (bien sostenido por Mesa). El Madrid, sin abrir el juego a los extremos, sin la brega de Angel, reservado por Boskov para marcar el miércoles a Keegan, bastante hizo con no hundirse fisicamente. El Spórting resistió perfectamente en defensa y sólo el descuido en el saque de la falta decidió el partido. Tenía que ser a balón parado, porque la impotencia blanca volvió a ser evidente.

La única nota positiva, y ya fue algo, resultó la confirmación del Joven Pérez García como un marcador de fuerza y calidad

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de abril de 1980

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