Resucitó Morena y goleó el Ráyo

Morena llevaba las siete últimas jornadas de Liga anclado en el gafe del gol trece. El uruguayo había pasado de genial a un deambular gris por el campo. El domingo, para desgracia del Burgos, Morena volvió a hacer vibrar Vallecas. Y al octavo encuentro resucitó. La conclusión a todo ello no podía ser otra que una goleada del Rayo, que, además, encontró facilidades en el mediocre Burgos. El equipo moroso-sucursal dio toda la imagen del conjunto descendido al que deportiva y económicamente no puede poner orden ni el señor alcalde.Dos jugadas resultaron clave para el desenlace del partido. El tempranero gol de Puig-Solsona llevó el equilibrio perdido últimamente a los jugadores rayistas, que actuaron esta vez con una mayor ambición, lejos de la inútil parsimonia que les ha llevado a su agónica situación. La segunda supuso el relanzamiento de la efectividad perdida por Morena.

Fue en el minuto dieciocho, y merece una parrafada. El uruguayo se hizo con un balón en el medio campo, pegado a la banda derecha. Antes de que le entrara el primer rival tocó con suavidad el balón, que comenzó a deslizarse por la línea. Volvió a toca posteriormente, con el exterior del pie, evitando la segunda entrada de otro jugador burgalés. Morena siguió a gran velocidad y se metió en el área. Al llegar a la línea de fondo, salvó con un perfecto taconazo al tercer rival, y evitó al tiempo que el balón se perdiera. Concluyó su genialidad con un fortísimo zurdazo, que Gorospe rechazó, en gran intervención, a córner.

La jugada sirvió para que Morena recuperase su fe. Tácticamente, además, se equivocó el buen técnico que es Fernández Seguí, al asignarle como marcador a un lento Ruiz Igartua, jugador ya sin los suficientes reflejos. El madridista Cortés -es inútil insistir ante la Federación y re.cordarle otra vez la normativa vigente sobre cesiones en la misma categoría- hubiese resultado mejor vigilante, pero se perdió en el puesto de libre. Morena insistió una y otra vez, casi con rabia, pero la suerte le negó el gol en la primera parte, especialmente en un soberbio remate de cabeza que se estrelló en el larguero. Antes, Uceda había marcado el segundo gol, mientras el Burgos seguía deambulando con infinita torpeza sobre el campo.

El error de Rocamora y Uceda fue un regalo envuelto en papel de lujo que no desaprovechó Pascual. Por unos momentos, la sombra del nerviosismo pasó por Vallecas, pero Morena, por fin, encontró la red y alivió la tensión. El Rayo esta vez habla recobrado una mayor efectividad por la tranquilidad atrás de Tanco, el buen hacer de Custodio en el medio campo, y la lucha del «sub 20» Clares, un hombre renacido esta temporada.

El Burgos jamás mostró la garra que precisa un equipo en su precaria situación, por lo que no extrañó que volviera a encajar otros dos goles. El segundo suyo apenas fue un espejismo, un oasis inesperado en medio de un arenal de mediocridad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de marzo de 1980.

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