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Lilí Alvarez, una contestataria de 74 años

Se llama Elia María González-Alvarez y López-Chicheri, pero es conocida, archiconocida como Lilí Alvarez. Excepcional deportista -el tenis, su especialidad favorita-, escritora de varios libros muy vendidos, articulista -uno de los últimos, el 3 de agosto pasado en EL PAIS: «Lamentaciones de una campera indocta»-, con fama de feminista, dice que es más bien parejista. Hace ahora cincuenta años -tiene 74- que ganó el Campeonato. de España, después de jugar tres finales de Wimbledon.

«Llegar a tu país y ver que no cuentas para nada en todo el movimiento deportivo, después de saber tu trayectoria, duele mucho, esa es la verdad. No sé; yo creo que debería ser algo así como la anciana del deporte femenino, pienso que posiblemente pudiera haber ayudado bastante a las generaciones de deportistas más jóvenes y... no soy nadie. Nunca me han dicho ni ahí te pudras, y por eso no me asomo al tenis, pero tampoco me escondo.»Una obsesión que tiene Lilí Alvarez es la del tenis open. Cree que incluso la Copa Davis debería ser open, para acabar con el falso amateurismo. «Mire: yo lo llamo fórmula uno y fórmula dos. Las tres finales que yo jugué en Winibledon lo hice con la primera, que es la válida, y eso no lo ha conseguido ningún hombre, porque cuando han ganado ha sido con la fórmula dos; es decir, los mejores por un lado y los amateurs por otro», como ocurre en todos los deportes-

«Mi padre se aburría fuera de su ambiente y "descubrió" el deporte. Yo, que era una renacuaja, iba con él a todas partes, y así me inicié en el deporte, se puede decir que casi igual que un "saltimbanqui". Entonces era todo muy distinto. Yo llegaba a Winibledon con mi raqueta, sola, sin nadie, me compraba todo. A la Federación tan sólo le costé en toda mi vida quinientas pesetas, que me dieron una vez en concepto de gastos o algo parecido. La primera final de Winibledon, en 1926, la perdí por una tontería. Luego jugué también las dos siguientes y en 1929 llegué a España y gané con facilidad mi primer campeonato nacional. Sólo perdí dosjuegos.»

«Yo, a los doce años, ya hacía treinta carambolas de una tacada. La gente sólo se acuerda de lo del tenis, pero, por ejemplo, en 1924 gané el circuito de Cataluña en automóvil y en 1941 fui campeona de esquí, con clara diferencia. »

Lilí Alvarez no cree que esa marginación que ha sufrido y sufre sea por razones políticas: «No soy p oliticai-da. Tengo mis ideas, pero sin apasionamiento. La política no es mi tema. Me preocupa más el desarrollo íntimo personal. La religión tiene para mí la máxima ¡mportancia. Soy católica; si se quiere, una beata, pero no me trago todo, ni soy retrógrada. Ocurre que tampoco estoy de acuerdo con los retra-progres de ahora. Como dicen los ingleses, estoy entre dos sillas y en estos momentos no tengo dónde sentarme políticamente».

Lilí no está de acuerdo con la política deportiva del país y piensa que el fútbol, tal y como está planteado, impide el verdadero desarrollo deportivo: «El fútbol debe ser un instrumento más dentro de la orquesta deportiva, y como está ahora no deja sonar a ningún otro. El desarrollo deportivo viene cuando el deporte es, en la vida de cada uno, algo natural y forma parte de nuestra existencia. Aquí todavía los deportistas son, una cosa excepcional y se habla como una excepción del que hace deporte. Así nunca habrá sentido deportivo. El deporte debe ser considerado inherente a la vida humana y hay que atenderlo como el trabajar y el almorzar. »

El ser tan polifacética hace de Lilí Alvarez un pozo sin fondo en la entrevista. En 1939, una vez terminada la guerra, y después de perder a su único hijo, decide volver a España para afincarse definitivamente. Antes estuvo aquí en más de una ocasión: «En,1931 estuve como reportera del Daily Mail para las Cortes Constituyentes y volví en 1937 para informar de la guerra y demás.»

Más que feminista, parejista

Todavía piensa que en cuanto se recupere de los dos «pinzamientos de discos» que tiene en la vértebra podrá volver a jugar al tenis: «El deporte ayuda mucho a tener una actitud feliz y generosa ante la vida. Pero no es sólo esto lo que te mantiene en forma, sino el interés que tengas por esa misma vida, que es maravillosa.»«Se dice que soy feminista», puntualiza Lilí Alvarez, «pero yo diría que soy parejista, porque soy partidaria del desarrollo plenamente humano del encuentro entre hombre y mujer. Lo que despertó en mí feminismo fue el ver, cuando volví a España, que para todo te pedían certificados y contratos matrimoniales y que los maridos parecían niñeras. Esto me indignó, Las mujeres somos idiotas porque nos han hecho idiotas, en cambio el defecto de los hombres es su primitivismo, o sea, su necesidad de humanización.»

Y salen todos los temas en tomo a las mujeres. «Soy partidaria del matrimonio porque soy partidaria del amor y donde el amor se puede realizar verdaderamente es en él. Losjóvenes dicen ahora otras cosas porque creen que saben todo, y saben muy poco. También apoyo el divorcio, porque es peor andar haciendo el "paripé" y además es un mal ejemplo para los hijos. Ocurre que antes la mujer se achantaba y con «lo»de mantener el hogar pasaba por todo. Ahora no es así, cada uno sale con sus cuernos puestos. ¿El aborto? Si no es terapéutico, lo considero un crimen y, por supuesto, menos del "Ogino" soy partidaria de todos los anticonceptivos. No rotundo a la droja, que es para gente que no sabe vivir. ¿Una raqueta, una pluma o un amor? Pues todas esas cosas. »

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de noviembre de 1979

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