Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un Valencia indefinido, campeón de Copa

Las bajas de los jugadores fueron fieles al Madrid hasta el final. En el último partido de la temporada hubo dos nuevos lesionados: Santillana y García Remón. Ambos piezas básicas en el esquema de Molowny, no pudieron ayer finalizar el encuentro. Santillana fue baja antes de cumplirse el cuarto de hora de juego; García Remón, en los últimos minutos. Un partido más y el Madrid hubiera tenido que afrontarlo con los juveniles y Camacho quizá como el más veterano del conjunto. Muchos jugadores del Madrid no podrán tener ahora vacaciones. Esperan horas de recuperación, porque la próxima temporada está ya encima. Un mes escaso de vacaciones y enseguida, los torneos veraniegos. El dinero que se mueve en el fútbol no puede permanecer mucho tiempo inmóvil. Hoy en día hay que amortizar a pasos agigantados el fichaje de un jugador.

El Valencia ya no es bronco y copero. No tiene la personalidad de antaño. Está a medias entre las exquisiteces y el corredor de fondo. No está definido. No se sabe qué y quién manda. E n el equipo falta precisamente quien ordene, quien imponga su personalidad, quien galvanice al equipo. Hay genios, pero no líderes. Falta el mito local. como el Puchades de otros tiempos. El Valencia se salva. es campeón de Copa. porque cuenta con un jugador capaz de dar la nota aguda en el momento cumbre de la función. Kempes le ganó la Copa al Valencia. Los demás casi fueron unos simples acompañantes.Dos argentinos tuvieron anoche la oportunidad de enderezar los rumbos de sus respectivos equipos. El argentino Kempes, el Kempes corazón del pasado Mundial. supo incrustar el balón en la red. En la primera ocasión, con la pierna derecha, que es justamente la mala. La segunda vez, en el instante final del partido, cuando aún en el corazón de los madridistas latía la esperanza de una prórroga que había estado cerca.

Marito Kempes se queda en el Valencia con un final de temporada en alta cotización. Se queda siendo el jugador de antes, porque su Pichichi este año lo ha conseguido en la Copa. O lo que es lo mismo, cuando más lo necesitaba el Valencia. Quique Wolffse va a Argentina porque la absurda reglamentación deportiva de este país le impide seguir usando sus derechos de ciudadano adquiridos mediante la nacionalización. Quique Wolffse va con la pena de haber fallado el penalti que hubiera supuesto el empate en la primera parte. Wolffse va con una meta no conseguida, la que sí ha adquirido el Valencia para que no pueda acusarse de jugar la Recopa por carambola.

El Valencia no necesita que el Madrid le ceda los trastos para la alternativa en la Recopa europea El Valencia se ganó el derecho, yo diría que justamente, aunque sin la brillantez a que estaba obligado por las cicunstancias que rodeaban al adversario. El Valencia fue superior en el primer tiempo y no supo aprovecharse de las ventajas que le proporcionaba un Madrid capitidisminuido. Ocurrió, además, que antes del cuarto de hora va se había retirado Santillana y había tenido que salir en su lugar Vitoria, con lo que el esquema madridista quedaba partido por su propio eje. En un principio, el Madrid Jugaba a ganar con tres hombres en punta: Aguilar, Santillana Y Roberto. En un principio, el Valencia jugaba a amagar, porque adelante solamente quedaban Saura y Felman, ya que, el mismísimo Kempes buscaba la zona intermedia para arrancar, al tiempo que se llevaba tras él a San José, con lo cual la defensa madridista quedaba un tanto descolocada.

El Valencia, cuando empezó a darse cuenta de que podía ser campeón, contraatacó con más asiduidad y en un partido en el que la nota característica era una especie de boda colectiva en la que los papás, Madrid y Valencia, invitaban a la unión de Castellanos con Del Bosque, de San José con Kempes, de Benito con Felman, de Stielike con Bonhof, de Solsona con García Hernández, de Botubot con Santillana, de Roberto con Cerveró, de Carrete con Aguilar y de Saura con Isidro, solamente Wolff y Arias quedaban como padrinos por libre y García Remón y Manzanedo como testigos del enlace, en el que todo lo más que podía verse era un peloteo a veces, y en ocasiones, hasta obtuso.

En 1967, en la última final disputada por valencianistas y madridistas, Di Stéfano estaba a la espera de hacerse cargo del equipo de Mestalla y ganó un Madrid diezmado a un Valencia que era favorito. Las circunstancias casi se repitieron anoche y hasta se demostró que los suplentes madridistas estaban más enteros que los titulares del Valencia. Por eso, en el segundo tiempo, cuando el Madrid sacó el clásico coraje, fue capaz de poner en un brete a un Valencia que no había sabido aprovechar las ventajas que se le habían brindado.

El Madrid acabó el partido teniendo que echar mano de Maté para que supliera a García Remón; el guardameta, una vez más, se había mostrado con toda la seriedad que necesita un hombre en quien repose la seguridad de la zaga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de julio de 1979

Más información

  • Dos genialidades de Kempes le dieron el pleno derecho de la Recopa