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Reportaje:

Arturo Soria, un progresista reducido a la vulgaridad

Muchos de los proyectos nacidos para dotar a Madrid de una estructura urbanística coherente, o al menos razonable, se han visto irremediablemente condenados al fracaso, como si estuvieran vinculados por un fatídico destino. Lo cierto es que casi todos han muerto, bien de vulgaridad, bien de triunfalismo, y que el último término de un proyecto inicial ha sido muchas veces un conjunto de vías y construcciones distintas de lo que en principio se había concebido, cuando no abiertamente opuestas a ello. Desde el plan Bidagor para el eje del paseo de la Castellana hasta la morfología actual de la avenida del Generalísimo hay una distancia tal que difícilmente puede pensarse que el plan y el entramado de la zona en 1979 tengan algo que ver. Desde el proyecto de Arturo Soria para crear en Madrid una ciudad lineal al resultado final han pasado muchos años de olvido y pocos, pero suficientes, de una actuación urbanística devastadora. La necesidad de circunvalaciones asfaltadas ha primado sobre la necesidad de un urbanismo equilibrado. Miguel Angel Crespo y Victoria Catalina analizan el resultado final de una idea que se concibió en 1882: la Ciudad Lineal.

La calle de Arturo Soria, una de las más largas de Madrid, es el resultado final de lo que en su origen se había previsto como un complejo urbanístico de mucha mayor entidad: la Ciudad Lineal, respuesta al problema de expansión urbana. Pero el ambicioso proyecto ideado por Arturo Soria y Mata, precursor del urbanismo moderno, ha quedado reducido a un mero trazado viario y algunas pequeñas y aisladas construcciones. El tiempo y la falta de interés general han ido ocultando la gran importancia de la idea, que ya desde su origen tuvo amplia repercusión fuera de nuestras fronteras.En 1966 el Plan General de Ordenación de Madrid convirtió los restos ya degradados de la Ciudad Lineal en importante autovía de circunvalación. El tema saltó a la prensa y la opinión pública se interesó en la polémica planteada por un importante grupo de arquitectos y profesionales que defendían la validez de la idea original.

Aunque su autor no dejó ningún trazado urbanístico, expuso claramente sus principios en una serie de artículos, que en 1882 comenzaron a aparecer en el diario madrileño El Progreso. Arturo Soria se planteó el problema «entre remendar el plano defectuoso de Madrid o hacer uno nuevo». Optó por esta última solución apoyándose en razonamientos naturalistas y geométricos: «Los edificios se construyen espontáneamente, en línea, a lo largo de las carreteras de los arrabales de las ciudades.» Propuso entonces lo que más tarde se reconoció como antecedente de las famosas ciudades jardín inglesas: «Una sola calle de quinientos metros de ancho y de la longitud necesaria. En el centro, ferrocarriles y tranvías, cañerías para agua, gas electricidad, estanques y jardines, y de trecho en trecho, pequeños edificios para los diferentes servicios, con una serie dilatada de dos filas de casas u hoteles aislados.» Estas viviendas, previstas con pequeñas huertas o jardines, confieren un carácter rural y urbano al conjunto.

El transporte colectivo, gratuito o casi, aseguraba la conexión con el centro urbano y a lo largo de la nueva ciudad. Desaparecía, además, el criterio de terrenos preferentes y privilegiados, aportando así una solución más justa al uso y disfrute del suelo. Solución, en general, muy acorde con toda demanda de crecimiento urbano.

El proceso del desarrollo de esta idea fue penoso. Ante el desinterés de los organismos oficiales, Arturo Soria creó la Compañía Madrileña de Urbanización, emitiendo acciones públicas. En 1894 comenzó la compra de terrenos. Dos años más tarde la sociedad poseía casi dos millones de metros cuadrados. Se realizó la explanación de la calle principal y, aprovechando la primera celebración de la Fiesta del Arbol, se emprendió una repoblación que llegaría a contar con 100.000 ejemplares, pasando con posterioridad a preocuparse del abastecimiento de agua y del transporte.

También se publicó de forma periódica una revista (La Ciudad Lineal) que, además de informar a los accionistas minuciosamente de las actividades de la compañía, fue una de las primeras publicaciones del mundo dedicada a temas de urbanismo.

En 1911 había ya 680 viviendas, parque de diversiones, teatro y frontón, pero al surgir la crisis económica, con la guerra del 14, la compañía se resintió de ella y dejó de emprender nuevas iniciativas.

Con la muerte de Arturo Soria y Mata, el 6 de diciembre de 1920, el final del proceso se precipitó y, aunque se produjo un ligero resurgimiento económico, al término de la guerra civil la compañía se colapsó por completo, quedando todos los proyectos olvidados hasta que en 1966 la Gerencia Municipal inició las obras de urbanización y el Ayuntamiento compró más de 130.000 metros cuadrados, a 23,10 pesetas el metro. A raíz de estos hechos y del interés suscitado en el tema, Fernando Terán publicó un libro en 1968, en el cual recogía y analizaba la obra de Soria, ofreciendo una clara visión de la situación existente: «Para el Ayuntamiento, la urbanización de la calle responde a una necesidad evidente para resolver el problema del tráfico y una etapa más del Plan General de Ordenación. Esto era una lotería que revalorizaría sin más un sector de propiedades privadas. La transformación se verificaría por sí misma en cuanto la avenida se empiece a urbanizar. Basta para ello con aplicar las ordenanzas vigentes, que permiten edificaciones de cuatro plantas, con un aprovechamiento del terreno del 40 al 60%.»

Por otra parte, la conservación «a ultranza» del proyecto primitivo fue prácticamente inviable, pero, como Terán apuntó, «sería cuestión de ver si revisada la idea y puesta a punto, como lo ha hecho una y otra vez la Ciudad Jardín, sería totalmente rechazable». Propuso entonces «hacer un concurso, aceptada la condición de la linealidad del tráfico y adoptada la autovía, haciendo recaer el énfasis en el tratamiento del conjunto y la ordenación de las franjas laterales».

Por desgracia, al cabo de diez años, esta propuesta no ha sido en absoluto tenida en cuenta y hoy una de las grandes (y escasas) ideas urbanísticas que se han dado en España ha quedado reducida a una amplia calle donde se reproducen sin solución de continuidad los problemas que afectan al resto de una ciudad cargada de ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de febrero de 1979

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