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Alcaraz saca el cañón ante Harris

El español firma una brillante victoria contra el sudafricano (6-3, 6-1 y 7-6(4), en 2h 28m) y accede a la tercera ronda, en la que se enfrentará el sábado a Evans

Alcaraz US Open
Carlos Alcaraz volea durante el partido contra Harris en la Arthur Ashe en la central de Nueva York.Jerry Lai (USA TODAY Sports via Reuters Con)
Alejandro Ciriza

Cae Lloyd Harris como fruta madura. El voluntarioso sudafricano, otro de esos jugadores que desaparecieron durante un tiempo del mapa como consecuencia de las lesiones, pierde presión como una botella de gaseosa recién abierta. Al quinto juego cede el primer break y a partir de ahí, el duelo se traduce en una exhibición de facultades de Carlos Alcaraz, que luce muelles en el salto, cilindrada en la carrera, muñeca en la red y, por encima de todo, una derecha supersónica. Vence con holgura (6-3, 6-1 y 7-6(4), en 2h 28m), enseña las fauces y sube la temperatura de su tenis en dirección a la tercera ronda, en la que se medirá el sábado con el británico Daniel Evans (1-6, 6-1, 6-3 y 6-3 a Botic van de Zandschulp).

“En cada partido buscamos que la gente disfrute del tenis, y creo que lo hemos hecho muy bien hoy. Creo que he jugado un gran partido de principio a fin. Si me tengo que quedar con algo es con el nivel en el segundo set”, expresa después de firmar 33 golpes ganadores y de lograr cinco roturas. “Creo en mí y en el equipo que tengo, aprender de ellos es muy importante. Entreno al 100% cada día y esa es la clave y la única manera de alcanzar un gran nivel. Tienes que poner todo cada día. He alcanzado un gran nivel gracias a eso. Tengo que darle mérito a mi equipo, sin ellos no estaría aquí”, se dirige a su banquillo, copado de arriba abajo entre técnicos, familiares y allegados.

En la Arthur Ashe, el olor a pollo frito se entremezcla con las ráfagas de marihuana que circulan de vez en cuando por la tribuna, donde, como siempre, no hay guardias de tráfico y mientras los jugadores pelotean, todo el mundo viene y va, comenta, grita, canta, bailotea para salir en el videomarcador o lo que haga falta. Da igual. El caso es divertirse, que por algo esto es Nueva York. Otro mundo, otro planeta en esto del tenis. Las refinadas gradas de Roland Garros o Wimbledon jamás lo entenderían. Ruido y más ruido. Se dispara una música y nadie se inmuta, se desparrama la cerveza sobre el cemento de la escalera y nadie se altera. Y luego está él, el chico de los tatuajes.

“¡Guau! ¡Ouhhh! ¡Ufff! ¡Bahhh! Silba también, comenta la jugada todo el rato. Y celebra, claro: “Come on, Carlitos!”. En su repertorio, sin embargo, nada llama más la atención que la camiseta personalizada que ha colgado en el vallado azul. Sobre la pechera, la serigrafía muestra a Alcaraz de todas las posturas, sobre unas llamativas letras fluorescentes. Orgulloso de la prenda, tuerce el gesto cuando tiene que retirarla porque van a ocupar el asiento de adelante, pero todo queda en una falsa alarma. El inquilino potencial rectifica, así que la devuelve al escaparate. Ahora sí. Adelante. Le saca chispas a la entrada que ha pagado porque Alcaraz, con ganas de marcha, se suelta la melena. Su drive vuela.

Disfruta la central de los latigazos, algunos de ellos perfectos, tan violentos que cuesta seguir la estela de la pelota. No hay hoy nadie que reviente la bola como el murciano, que despide ráfagas demoledoras y acribilla al bueno de Harris, tierno, demasiado tierno este (26 años, 177º del mundo) cada vez que dispone de una opción para hacer daño. Se le esfuman nueve. En cuanto descubre una rendija, Alcaraz la sella. El español le intimida. Lógico. Esos dos brazos cada vez son más gruesos y más robustos, y la musculatura está más definida. Tiene 20 años, pero ya es un armario. El trabajo de laboratorio ha convertido al fideo adolescente en un veinteañero Swchartzenegger. Su carrocería es de piedra. A cañonazo limpio, resuelve.

La rompe a la que puede y en la defensa pone el turbo para llegar a todas las bolas. En acción, cabalgando, sus piernas son un espectáculo. Tiene dinamita en los cuádriceps. Lo sufre el sudafricano y aunque rebate en el desenlace para ver si araña algo, no obtiene mayor recompensa que la de una rotura y la de dilatarlo hasta el desempate. Visto lo visto, no es poco. Del 4-2 adverso a la sentencia, sin dilaciones que no convienen. Como un tiro y escupiendo fuego, dando portazos también, Alcaraz apunta ahora a Evans, al que ha derrotado las dos veces que han cruzado sus caminos: hace dos años en Viena, este curso en Barcelona. Más que prolífica la cosecha en este 2023, en el que ha logrado 55 de sus 145 victorias en la élite. Lo celebra el chico de la camiseta: “Carlitooooooos!”.

“OJALÁ UNA FINAL CONTRA DJOKOVIC”

A. C. | Nueva York

Carlos Alcaraz se expresaba satisfecho tras lograr el acceso a la siguiente ronda del grande neoyorquino. El murciano destacó que pese al intento de Harris por enredar en el tramo final, logró frenarle manteniendo su estilo. 

“He querido ir a la red todo el rato, jugar agresivo; esa es la parte de mi juego que más me ha gustado hoy, el siempre intentar ir para adelante”, transmitió el de El Palmar, que notó un ligero bajón de energía en la tercera manga que supo enmendar.

“Siempre se puede ser mejor. Considero que he hecho un buen partido, pero el siguiente día vamos a intentar ser un poco mejor. Mi objetivo es intentar seguir afinando mis tiros, mi físico y todo para lo que viene”, prolongó con voz nasal, con un ligero enfriamiento.

“Aquí hace frío…”, dijo al acceder a la sala de conferencias, transformada en un iglú por el aire acondicionado. Definió al británico Evans como un rival “duro” y mejor jugador de golf que él –compartieron hoyos antes de Wimbledon–, y aseguró estar sorprendido de algunas salidas prematuras como las de Holger Rune o Casper Ruud.

“Estamos en un Grand Slam, así que no hay que dar ningún partido por ganado”, expuso, consciente de que “puede ser que por el tema de ranking a Djokovic se le haya despejado el cuadro, pero ni él ni yo podemos bajar la guardia si queremos llegar a la final. Tanto para los fans como para mí también, ojalá jugara una final aquí contra él”.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.

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