Juegos Olímpicos

Desplome olímpico de Djokovic

Tras 22 triunfos seguidos, Nole se derrumba ante Zverev (1-6, 6-3 y 6-1) y se despide del Golden Slam, a la vez que pierde otra opción de lograr el oro olímpico. Este sábado se medirá con Carreño por el bronce

Djokovic reacciona durante la semifinal contra Zverev en el Ariake Tennis Park.
Djokovic reacciona durante la semifinal contra Zverev en el Ariake Tennis Park.Patrick Semansky / AP

Novak Djokovic respira a ritmo de locomotora, empapado en sudor, jadeante. Boquea el número uno intentando coger aire y encontrar la salida del laberinto porque el enredo es superlativo y empieza a pensar que no tiene escapatoria. Efectivamente, ya no hay marcha atrás. El desplome es un hecho. Un set por encima, con 3-2 y saque a su favor en el segundo, el serbio inexplicablemente se derrumba. Colapsa. Cae. Se hunde. Y así se abren las puertas del oro para Alexander Zverev (1-6, 6-3 y 6-1, en 2h 05m) y salta por los aires el onírico objetivo de Nole de completar el Golden Slam; es decir, conquistar los cuatro grandes y el título olímpico en un mismo año. La historia dice que solo la alemana Steffi Graf (1988) lo ha conseguido. Y así se mantendrá.

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Encadenaba Djokovic 22 triunfos consecutivos y despachaba rivales como a moscas, con el Open de Australia, Roland Garros y Wimbledon en el zurrón, pero la tarde se ha transformado en una encerrona y Zverev le endosa un sopapo tras otro, ocho juegos consecutivos y 10 de los 11 últimos del partido. Está grogui el de Belgrado y claudica, y aunque este sábado (8.00, TVE y Eurosport) se batirá con Pablo Carreño por el bronce –el asturiano cedió ante Karen el ruso Khachanov por un doble 6-3, en 1h 19m–, el desfile olímpico se transforma en un tormento. En su caso, era el oro o la nada; el resto, migas para una de las grandes estrellas de estos Juegos extraños y cortocircuitantes: su colega Naomi Osaka sucumbió a la presión, la gimnasta Simone Biles también combate contra los demonios de la élite y él gripa cuando lo tenía todo a su favor.

“Me siento fatal”, admite a las diez y media de la noche en Tokio, después de llevarse otra estocada con la derrota en el dobles mixto junto a Nina Stojanovic. Otro oro que se esfuma, más desconsuelo. En ese segundo partido ha jugado como un zombie y la intervención posterior ante los periodistas se reduce a un minuto y dieciocho segundos, cuatro respuestas cortantes. Está pero no está, Djokovic. “Esto es deporte, él ha jugado mejor. Sacó extremadamente bien y en el segundo set el mío –40% con primeros y 50% con segundos, pobrísimo registro– cayó en picado. Mi juego se ha venido abajo”, sintetiza antes de que un reportero italiano quiera profundizar y le plantee si el desmorone responde a un factor físico o mental: “Siguiente pregunta”.

Tras sopesarlo bien, y aún más cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) anunció que no habría público en las gradas y subrayó la rigidez de las restricciones a las puertas del evento, Nole decidió finalmente aterrizar en Tokio con el objetivo de seguir sacándole brilló a una temporada excepcional. Merecía la pena la inversión, pensó, puesto que a la plenitud física añadía una dinámica a prueba de bombas –no perdía desde el 16 de mayo, contra Rafael Nadal en Roma– y contaba con el aliciente extra de sacarse la espina olímpica; bronce en 2008, fue cuarto en Londres 2012 y se desmoronó en 2016 en Río, apeado en la primera ronda por Juan Martín del Potro. Entonces sufrió una de las derrotas más duras de su carrera y la amargura no desaparece. Japón le deja otra herida.

“Me siento fatal, espero recuperarme”

Habían sido días felices hasta encontrarse con Zverev. Reclamado como pocos en la Villa Olímpica, el serbio (34 años) ha ido fotografiándose con otros deportistas e incluso bromeando con el equipo belga de gimnasia, comparando su elasticidad; pulgar arriba y sonrisa amable al cruzarse con él, había resuelto los cuatro encuentros previos (Dellien, Struff, Davidovich y Nishikori) con holgura y en línea ascendente; en condición de líder, llevó la voz cantante de los tenistas en su reivindicación para que los organizadores retrasasen los horarios y se paliase así el castigo del calor. A diferencia de otras épocas en las que juega con fuego en la pista, no había un solo indicio de que el resbalón pudiera producirse. Pero el paso en falso llega en crudo.

Habrá que comprobar, por tanto, qué consecuencias tiene el accidente. Exactamente un mes después, acudirá a Nueva York para litigar por primera vez en igualdad de condiciones con Nadal y Roger Federer, 20 grandes por cabeza los tres gigantes. “No sé si me afectará”, contesta cuando se le pregunta en perspectiva por el US Open, del 30 de agosto al 12 de septiembre. “Me siento fatal ahora, en todos los sentidos; afortunadamente, por suerte, mañana [por este sábado] empezamos de cero. Espero poder recuperarme y ganar una medalla para mí país”, concluye antes de atender a los enviados serbios y retirarse luego con andares pesarosos hacia el vestuario, todavía sin digerir una derrota de las que dejan una buena cicatriz.

En dirección opuesta, Zverev se expresa feliz. Son sus primeros Juegos y ha truncado el paso de Nole cuando muy pocos apostaban un euro por ello. “Al principio estábamos jugando a lo que él quería, así que intenté cambiar el enfoque. Al final he remontado y creo que esta es una de mis mejores victorias como profesional”, remarca el de Hamburgo, citado en un duelo de pegadores con Khachanov. “En la red le he dicho a Novak que es el más grande de todos los tiempos. Es el que más Grand Slams tiene, más Masters 1000, más semanas como número uno…”, recita el alemán, quien un día antes afirmaba convencido que podía dar la gran campanada. Pocos le creían. Hasta que cumple con lo dicho.

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