La gloriosa crisis de Mireia Belmonte

Abanderada en Tokio, la mejor nadadora española de todos los tiempos se aproxima a la culminación de una carrera marcada por sus sentimientos encontrados

Mireia Belmonte se pone el gorro antes de entrenar en el Centro Acuático de Tokio.
Mireia Belmonte se pone el gorro antes de entrenar en el Centro Acuático de Tokio.Patrick B. Kraemer (EFE)

Mireia Belmonte comenzó el verano de 2006 con una crisis. Tenía 15 años, vivía interna en la residencia Blume de Madrid, era una estudiante disciplinada que anteponía los libros a la piscina de entrenamiento, y había acabado el curso con trazas de saturación. Jordi Murio, que por entonces ejercía de tutor y entrenador, la recuerda con afecto y admiración: “Era una caja de sorpresas”.

“Con la natación era bipolar. Mireia había días que disfrutaba mucho y días que lo pasaba mal”, dice el técnico. “Cuando viajamos a Palma al Europeo júnior, me la encontré llorando sin parar. Decía que no quería nadar el 200 libres y que se iba... Aquel día nadó el 200 libre por la calle 8. Quedó primera y después hizo un campeonato de película. Estas crisis eran muy puntuales. Yo pactaba con ella cosas. Entonces me dijo que no quería nadar nunca más los 400 estilos”.

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Los 400 estilos son a la natación lo que el decatlón al atletismo. Requieren de virtuosismo, técnica, cálculo, rigor, fuerza y una tremenda dosis de resistencia física y mental. Michael Phelps los odiaba porque para entrenarlos debía empeñar más horas que ninguno de sus compañeros de piscina. La pequeña Mireia de los años formativos no era una excepción. Cuando un mes después del Europeo de Palma ella y Murio acudieron al Mundial Júnior de Río de Janeiro, el entrenador le puso el señuelo que solo muerden los predestinados. “Le pregunté: ‘¿Qué pruebas quieres nadar?’. Estábamos fuera de temporada y le dije que hiciera lo que quisiera. ’400 estilos’, me dijo. Fue campeona del mundo disfrutando”.

Quince años más tarde, Mireia Belmonte acumula un oro, dos platas y un bronce olímpicos a costa de empeñarse en uno de los programas más sacrificados jamás abordados por nadadora alguna. No ha habido un solo nadador español que se aproxime a su récord de títulos. Camino de los 31 años, se dispone a portar la bandera en el desfile inaugural de los Juegos, este viernes en Tokio (13.00 horas, La 1 y Eurosport). Sueño de patrocinadores, símbolo de éxito y de belleza, su vida parece transformada. La natación, sin embargo, le sigue inspirando la misma mezcla de atracción y repugnancia. Ahora, en dosis invertidas.

“Ha sido muy frágil en este sentido”, admite Murio. “De joven se le pasaba rápido y de mayor creo que no tanto. Pienso que la tendinitis en los hombros es más psicológica que física. Puede ser que tenga una tendinitis, porque si entrenas mucho eso se agrava. Pero hay buenos médicos y no puede ser que le dure tanto porque la habrían tenido que operar, y creo que no la han operado. Creo que es la excusa perfecta”.

Esta opinión no es aislada. Son multitud en el mundillo de la natación quienes sospechan que Mireia pudo sobrellevar con más estoicismo los efectos de una tendinitis que le carcome los hombros desde 2015. Apoyada en el diagnóstico, se apartó poco a poco de la rutina castrense que le permitió preparar con garantías los Juegos de 2012 y 2016. Su baja invernal de la concentración de Sierra Nevada —tres semanas fundamentales en el ciclo de Tokio— fue el último eslabón de una cadena de postergaciones que se acentúa desde que acabó el Mundial de Budapest, en 2017. Exactamente la fecha de la última de sus mejores marcas personales —los 1.500 metros— y el inicio de un declive que no ha cesado.

“Desde que estoy en España, Mireia ha tenido problemas con lesiones”, dice Sean Kelly, director técnico del equipo nacional. “Ha sido difícil para ella. Eso no está en duda. Pero sé que ha hecho buenos entrenamientos últimamente. Ahora es importante reconocerla como uno de los deportistas más importantes que ha producido este país jamás”.

Ser abanderada, aspiración profesada antes por su padre José que por ella misma, ha sido el último paréntesis en su preparación. Fred Vergnoux, el entrenador que diseñó su asalto a las cuatro medallas olímpicas, nunca le consintió participar de la ceremonia inaugural. Ni en Londres ni en Rio. Por la sencilla razón de que al día siguiente se disputaban las preliminares de 400 estilos. Y los 400 estilos fueron prioridad. Hasta ahora. En Tokio se impondrá el criterio de la nadadora, inclinada como nunca a autogestionarse.

“El 400 estilos que hizo Mireia en Roma hace tres semanas, en 4 minutos 39 segundos, me hace ser optimista”, dice Raúl Arellano, analista jefe del equipo español. “Obviamente no está en el mejor momento de su vida pero no está mal. Una nadadora con su experiencia puede sacar recursos en un momento dado. Si se mete en una final, sobre todo en 400 estilos, todo es posible”.

El sábado por la mañana, Mireia Belmonte romperá barreras generacionales tirándose a la piscina del Centro Acuático de Tokio en busca de la final —una vez más— de 400 estilos. Si se cuelga una medalla conseguirá algo que nadie ha logrado en 120 años de historia.

La muralla de los ránkings

Pocos deportes son más lineales que la natación. En pocos deportes el pasado se parece tanto al futuro. En ninguno pesan más los ránkings del año en curso en la conformación de los podios olímpicos. Las cifras componen una muralla insalvable. Así ha sido para todas las nadadoras que se han encontrado en circunstancias parecidas a Mireia Belmonte. La española afronta un doble tirabuzón: intentar subirse a un podio olímpico de 400 estilos, 800 y 1.500 con 30 años, y hacerlo sin haber estado en forma suficiente durante al menos dos temporadas.

En el ránking de 2021 de 400 estilos figuran al menos 13 nadadoras más rápidas: Weyant, Flickinger, Hosszu, Ohashi, Mijalyvari-Farkas,Willmott, Pickrem, Cieplucha, Yu, Franceschi, Cusinato, Wood y Ge. El mejor tiempo de la española, 4m 39,37s en junio, es la 30ª marca del año. Si la recorta podría situarse entra las ocho mejores y entrar en la final del domingo.

La otra prueba en la que Mireia Belmonte tiene algunas posibilidades de nadar la final es el 1.500. Será complicado. En 2021, el ránking determina que hay al menos 11 nadadoras que han competido más rápido en esta prueba: Ledecky, Wang, Gough, Quadarella, Sullivan, Kohler, Kirpichnikov, Tuncel, Caramignoli, Melverton y Li. Las 11 han bajado de 16 segundos en 2021. El mejor tiempo de la española en el último año natural es de 16m 5,02s en diciembre de 2020, en Castellón. Mireia Belmonte bajó cinco veces de 16 segundos en 1.500. La última fue en 2017 (15m 50,89s), en el Mundial de Budapest.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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