Ir al contenido
_
_
_
_

Paula Leitón: “Me veo súpersexy porque me gusto y me quiero”

La waterpolista de 25 años, boya de la selección española campeona olímpica en París 2024, recibe el premio Reina Sofía a los valores en el deporte y presenta su libro, ‘XXL’, contra la ‘gordofobia’ dentro y fuera de él

Paula Leitón, campeona olímpica de waterpolo, retratada en Madrid.Bernardo Pérez

Paula Leitón llega rutilante, aunque tarde, a la cita. No es su culpa. Viene casi directamente de recibir, de manos de los Reyes, la medalla Reina Sofía a los valores en el deporte en el Palacio del Pardo, a las afueras de Madrid, y lleva una eternidad atrapada en un taxi en medio del infernal tráfico de la ciudad, tomada por la tractorada de los agricultores contra Mercosur. Cuando irrumpe en el hotel donde se aloja, altísima y rotundísima con sus 188 centímetros de altura y sus 96 kilos de peso, según confiesa ella misma en la contraportada de su libro XXL, llama todavía más la atención por su atuendo: un regio vestido de gala azul profundo, hecho a medida para la ocasión por el diseñador sevillano Nicolás Montenegro, que le sienta como un guante. No viene sola. La acompaña Rocío, su representante, y pareja, una mujer joven tan imponente como ella con la que forma, dicen ambas, un equipo dentro y fuera de casa. Se entienden con mirarse.

La veo más contenta que una niña con vestido nuevo.

Así me siento. Me hace muchísima ilusión tener mi primer vestido hecho a medida y, además, para una ocasión tan especial. Elegí el azul como un guiño a la reina Letizia, que sé que le encanta, ella se ha dado cuenta y hemos estado un buen rato hablando de eso, y de todo.

Las chicas de su edad no suelen hacerse ropa a medida. ¿No ha encontrado en tiendas nada a su gusto?

Me cuesta muchísimo. Es muy complicado encontrar ropa bonita de mi talla y, si la hay, está escondida porque quieren apartarla de la vista, o porque es la primera que se acaba, porque hay muchas mujeres grandes, aunque no quieran vernos. Entonces, la verdad, no me gusta ir de compras. Me frustra.

Con 25 años, ¿cómo de madura se siente por dentro?

No te sabría decir, pero yo creo que la Paula [sic] ha vivido ya dos vidas. Me he relacionado siempre con gente muchísimo mayor que yo. Siempre he estado en categorías más altas de las que me correspondían por edad. Pasé de ser una niña que llevaba una camiseta de Micky Mouse a hacerme mayor de golpe, a coger una responsabilidad enorme dentro del equipo. Llevo mucha piscina a cuestas.

¿A qué edad fue eso?

A los 14. A esa edad, mis entrenadores se dan cuenta de que, aunque esto me quede mal decirlo, con mi físico puedo ser una gran jugadora y tener una carrera deportiva, y deciden hacer una apuesta por mí. Me ponen a entrenar para hacer de boya y entrar en la Selección. Ahí es cuando paso de ser una niña que se lo pasaba bien en la piscina a dedicarme al deporte. Y sigo haciendo lo que me gusta, pero con una responsabilidad, un sueldo y un contrato.

¿Le agobió esa responsabilidad tan jovencita?

No, porque mis padres me ayudaron a gestionarlo. Mi primer sueldo fue con 15 años, a esa edad no te pueden dar una cuenta y una tarjeta y decirte que hagas lo que quieras. Ahora soy una privilegiada: puedo vivir sola, me puedo permitir un viaje en verano, puedo mantener mi coche, salir a cenar y, a la vez, seguir estudiando y pagarme la carrera. No soy rica, pero, al menos estoy cotizando de cara a un futuro. En esto no se está por dinero.

¿Cómo es pasar la adolescencia en un centro de alto rendimiento? ¿Tuvo una edad del pavo difícil?

Se lo puedes preguntar a mi madre, que seguro que te dice que sí. Y, además, la edad del pavo, en un equipo de chicas, es aún más pava, porque nos retroalimentamos. Estás con 13 o 14 tías en la misma situación que tú. Imagínate.

¿Cómo veía entonces a esas compañeras que le sacaban 10 años?

Siempre he dicho que son mis mayores. Al principio, oía, veía y callaba. Yo era como una observadora en un partido de tenis, mirando a una y a otra, porque hablaban de novios, de pisos, de créditos, cosas que no iban conmigo. Yo iba con las orejas abiertas, a pasármelo bien, absorber todo lo que veía y oía y a ver si caía la suerte de que me llamaran a entrenar más días. Seguía haciendo mi bachillerato, pero, a la vez, como ellas eran mayores, si una se hacía responsable de mí, me dejaban quedarme un ratito más. Las chicas de mi edad salían, como mucho, de tiendas y a merendar, y yo me iba a cenar con el equipo y a tomar algo.

¿Mantiene el contacto con sus amigas del colegio?

No, cuando me fui del cole al Centro de Alto Rendimiento, los caminos fueron muy diferentes. Los horarios de ellas y mi día a día eran muy diferentes, pero no me pesa porque he encontrado a gente nueva y diferente en el camino.

Hay un capítulo divertido en el libro en el que habla del, digamos, despertar de las hormonas, y dice que, en el mundo del deporte, le fue más fácil ligar que en la calle.

Es que es así. Al final, una mujer alta, como yo, pues está buscando un chico o una chica alta, y eso, en la calle, pues cuesta mucho, porque en España la media de estatura no es la de Holanda o la de Australia. Entonces, digamos que, en el deporte, sabes dónde buscar. Y en baloncesto y waterpolo hay gente grande.

Cuenta también que tuvo parejas masculinas antes de encontrar a Rocío. ¿Cree que su generación ha tenido más fácil hablar de su sexualidad sin tabúes?

Es, simplemente, mi vida. En mi generación creo que ha sido más fácil decirlo. Por lo que me han contado otras compañeras, en la suya todo el mundo lo sabía, o lo intuía y lo daba por hecho, pero no se verbalizaba. Ahora se normaliza más. En mi caso, además, he tenido muchísima suerte. Mis padres me han apoyado siempre. En todo. Les doy muchísimo las gracias. Al final, mi carrera ha sido un sacrificio para ellos. Han tenido que invertir muchísimas horas en llevarme y traerme, y mucho dinero. El waterpolo no es barato, empezando por el bañador, que cuesta 70 euros: imagínate todos los que he fundido desde los 6 años.

Su deporte es muy exigente físicamente. ¿Qué es para usted el cansancio?

Para mí estar cansada es estar en el sofá, tener el mando de la tele a un palmo y, por no extender el brazo para cogerlo, no ponerla y quedarte mirando el techo. Quieres hacer el esfuerzo y no puedes. Ahí es cuando realmente digo: Paula, estás jodida. O estar en la cama, hacerte pis y, por no levantarte, aguantarte hasta no poder más. Eso es estar cansada. Lo demás se aguanta.

La campeona de natación sincronizada Ona Carbonell decía que lo peor de su deporte es el frío. ¿La entiende?

Bueno, eso es porque ellas están muchas horas en el agua y muchas están paradas. En waterpolo hay más contacto. Pero yo te diría que lo peor es, como nosotras empezamos a entrenar a las 8 de la tarde, cuando fuera hace frío y está lloviendo, dejar la mantita y meterte al agua durante horas. Y los dolores. Yo sufro mucho de la espalda. Estoy jodida de las lumbares, con muchas hernias. A veces se me duerme la pierna de no poder levantarme, de no poder coger a un bebé en brazos ni cinco minutos. Entonces es cuando piensas: ¿Por qué me he metido en esto?

Dígamelo usted.

Porque esto me apasiona. Miras lo que has conseguido y dices, ¿y si puedo aguantar otros tres años más, otro ciclo olímpico. Si aguanto hasta Los Ángeles 2028, ya hablaremos de Brisbane 2032. De momento, me llevo bien con el cansancio y el dolor. Tenemos una relación bonita.

Usted dijo tener “las espaldas anchas” para que le resbalaran los comentarios sobre su aspecto cuando ganó el oro. ¿Hay quien no las tiene tanto?

Claro, y no tienen por qué tenerlas. Lo que no hay que hacer es fomentarlos. El deporte es un terreno fangoso en lo que respecta al físico. Los trastornos alimentarios existen en la vida real y dentro del deporte, y más en los deportes que están expuestos a la presión estética, a pesajes antes de competir. Todo eso, a veces, crea un modo no muy sano de relacionarte con la comida que, a veces, cuando sales de él, se te queda para toda la vida. En waterpolo no tanto, pero en otros deportes, sí

¿Usted se ha visto en peligro?

A mí también me han pesado y me han forzado a bajar de peso. Yo también he tenido que cumplir con esas expectativas, pero, al final, la manera en que mi cabeza se lo ha tomado ha sido diferente. Sin embargo, hay compañeras que lo han pasado mal porque no llevan bien que las tengan que pesar delante de todo el equipo, no somos vacas ni ganado.

¿Deben ajustarse a un peso concreto?

Ahora no tanto, pero antes, sí. Digamos que depende también del entrenador que tengas, de que te quiera de una manera o de otra.

¿Eso tiene que ver con el rendimiento deportivo?

Muchas veces lo achacan a eso: dicen que si estás más delgada vas a rendir mejor. Y, bueno, depende. Si estás más delgado, pero menos fuerte no vas a rendir mejor, todo tiene que ir acorde. No somos un peso, no tienes que estar en un número porque alguien quiera ver ese número en la báscula. Además, cuando llegas a ese número, quieres estar más bajo, al final siempre quieres más, y ahí está el peligro. Cuando quieres complacer a los demás, o a lo que crees que se espera de ti.

¿Y usted, cuánto se gusta?

Mucho. Y aparte, estoy cada día en bañador, con lo que eso conlleva, pero es que la belleza y la seguridad no tiene que ver con lo grande, o lo pequeño, con lo feo y lo bonito. Yo me veo súpersexy, en bañador y sin él, porque me gusto y porque me quiero.

¿Y la mirada de los otros?

Está ahí, pero no es solo la mirada que siempre tienes al lado, es lo que ves tú misma: los carteles, lo que te llega, lo que te entra, todos los inputs de las redes sociales. Al final, estamos sobreestimulados en la idea de cómo tenemos que ser y cómo tenemos que estar. Ves a una modelo con un conjunto de Zara y a todo el mundo le tiene que quedar igual. Si te sales de ese molde, al final no encajas. Eso sigue pasando.

¿Prohibiría las redes a los menores de 16 años?

Estoy totalmente de acuerdo. Soy consumidora y creadora de contenido, pero para mí las redes son una herramienta de trabajo. Ahora, a todos los niños se les da un teléfono. A mí me lo dieron con 13 o 14 años, cuando empecé a viajar, un Nokia que recargaba en el estanco. Lo que se ha de hacer es enseñar a hacer un buen uso.

Usted es la que reparte el juego en su equipo. ¿Estudia mucho a sus rivales para verlas venir antes de que vengan?

Muchísimo. Vemos vídeos, las tenemos controladas, sabemos contra quién competimos. Analizas a las porteras para ver cómo le puedes marcar gol, y a las delanteras, para ver cómo van a metértelo. Recuerdo a una en especial, Melissa, a la que, yo con 12 años, le tenía pánico real porque era una asesina dentro del agua [ríe]. La típica jugadora experimentada que, por muy pequeña que tú fueras, te marcaba, pero bien.

Ahora, con su físico, será usted la asesina.

Para nada. [“Es un bollito”, dice Rocío]. Nunca me ha gustado abusar del hecho de ser la más grande, entonces, tengo un juego muy limpio. Si se me escapa un golpe, se me ha escapado, pero no soy una jugadora que va a hacer daño. Como en todos los deportes, se habla de cómo es cada una, y yo no quiero que hablen de mí así.

¿Cuánto dura el subidón de un oro olímpico?

Hasta que vuelves a casa, te quitas la medalla, vuelves a la normalidad y te pones a entrenar otra vez. El título ya ha pasado y ahora tienes algo nuevo que conquistar. O cuando, como hace tres días, quedamos quintas en una competición.

¿Eso cómo se afronta?

Pues nos lo hemos tomado bien porque ha habido un cambio generacional en la Selección. Una ha sido mamá, otra se ha retirado a vivir en el extranjero, otra por edad. He pasado de ser la nena a ser la gran, la tercera más mayor. Ahora soy la mayor para las pequeñas.

Pasa media vida en el agua, pero ¿por qué se moja fuera de ella?

Me mojo al 100% por no volver a oír una noticia que un niño o un adolescente se ha quitado la vida porque lo acosaban en la escuela, en las redes o en la calle por su cuerpo. Por eso, me mojo a muerte.

LA 'BOYA' SE MUEVE

Paula Leitón (Barcelona, 25 años) siempre fue una niña grande, en todos los sentidos. A los 4 añitos, los profesores y los médicos le recomendaron que nadara y, desde entonces, casi no ha salido del agua. Alta y robusta, la combinación de aptitudes físicas y de talante organizador convenció a sus entrenadores de que podía ser una estrella del waterpolo. No ha defraudado expectativas. Campeona olímpica con la Selección femenina en París 2024, las crueles críticas recibidas en redes sobre su aspecto solo han reforzado la voluntad y las ganas de la 'boya' española. Su objetivo es llegar a Los Ángeles, 2028. “Después, hablamos de Brisbane, 2032”, promete.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_