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Columna
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La Serie A, trepidante triunfo de la mediocridad

Los clubes italianos pintan poco en Europa, pero por primera vez en años cuatro equipos luchan por la liga

Koulibaly, del Nápoles, intenta controlar el balón ante dos defensores del Verona
Koulibaly, del Nápoles, intenta controlar el balón ante dos defensores del VeronaALBERTO LINGRIA (REUTERS)

La Serie A ha reservado una buena noticia y una mala para los tifosi italianos en la recta final del campeonato. La mala es que la competición tiene un nivel medio-bajo nítidamente acreditado, no pinta nada desde hace tiempo en Europa y las estrellas se han ido marchando poco a poco. El calcio, pese al espejismo de la última Eurocopa ganada por la Nazionale, no ha recuperado el vigor de los años noventa y de los 2000, y los fondos de inversión, especialmente estadounidenses, detectan la situación y se han hecho con la mitad de los clubes.

La buena nueva, en cambio, es que la temporada es divertidísima y que, por primera vez en muchos años, cuatro equipos (Milan, Nápoles, Inter y Juventus) se disputarán un igualadísimo título en las 10 últimas jornadas. Aunque esa alegría se deba a un inesperado y alegre triunfo de la mediocridad más que a la calidad de sus equipos. Era el peor de los tiempos, era el mejor de los tiempos, como escribió Dickens.

El origen de la entretenida paradoja quizá se encuentre en el pronunciado auge y caída de la Juventus, que llevaba nueve años seguidos ganando el scudetto y que el anterior sucumbió ante el Inter de Antonio Conte. Esta temporada Allegri volvió al banquillo para barrer los platos rotos de Andrea Pirlo y Cristiano Ronaldo (dejó al equipo sin idea de juego y sin un euro). Pero no pudo comenzar peor y perdió puntos por cada esquina que doblaba el equipo. Le ha costado charlas, esfuerzos y un dineral (los 80 millones pagados por Vlahovic en el mercado de invierno). Pero el club ha logrado revertir la tendencia, evitar la derrota en los últimos 14 partidos y recortar hasta quedarse a siete puntos del liderato y meter miedo desde la cuarta posición a los Tres del Ave María, como los llama el propio Allegri: el Nápoles, el Milan y el Inter. La estadística dice que no logrará recortar todos los puntos que le quedan, pero la historia de la Juventus, como la del Madrid, está construida sobre criterios no científicos.

Los nervios serán la unidad de medida para descifrar el final del campeonato. El Milan es ahora el que tiene menos presión. Los rossoneri son el equipo más austero y el que juega con un mayor número de jóvenes. Crece poco a poco y Pioli se ha doctorado en apenas dos años, en los que ha logrado mezclar bien la veteranía de jugadores como Ibrahimovic y la juventud de talentos como Brahim Díaz y Rafael Leao. Un mérito de dimensiones parecidas al del Inter, que supo reponerse de la traumática salida de Antonio Conte este verano, que hizo lo mismo que había hecho en la Juve años antes cuando vio que no le comprarían lo quería. Esta temporada, sin Lukaku o Achraf y con Simone Inzaghi en la caseta, el equipo ha logrado seguir compitiendo en casa, aunque no fuese suficiente para hacerlo contra el Liverpool, que le apeó de la Champions League. Pero da igual y al entrenador —ha anunciado el club la semana pasada— van a renovarle para subirle el sueldo. El objetivo, parece, ya está cumplido.

El Nápoles, que perdió un efímero liderato ante el Milan hace unas semanas, nota el peso de la historia. La fiesta en las calles de la ciudad podría durar un año. O dos. Como en 1990, la última vez que el equipo partenopeo levantó un scudetto, todavía con Maradona en sus filas. Nadie quiere hablar abiertamente de un asunto que podría ser capaz de despertar una nueva erupción del Vesubio, pero la tensión —como ya sucedió en la temporada en la que Maurizio Sarri acarició el título y lo perdió absurdamente en abril de 2018 contra la Fiorentina— puede pasar factura a los jugadores. Todo se decidirá en los últimos partidos, con cruces directos y grandes audiencias televisivas. Y hasta aquí las buenas noticias que llegan desde el campo a la grada.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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