El deporte mundial se rinde a Tom Brady

El ‘quarterback’ se retira a sus 44 años tras media vida en la élite del fútbol americano y como único jugador que ha ganado la Super Bowl en siete ocasiones

Tom Brady celebra tras jugar el Super Bowl 53 en Atlanta, en 2019.Foto: MIKE SEGAR (REUTERS) | Vídeo: AP/REUTERS

Tom Brady es conocido como el goat (la cabra). Se le dice así porque en inglés es la sigla formada por la frase ‘El mejor de todos los tiempos’. Si el debate por la elección de la figura más imponente sigue abierto en otros deportes como el fútbol, el tenis y el baloncesto, la conversación quedó zanjada hace mucho en la NFL, la liga profesional de fútbol americano. En una especialidad obsesionada con las estadísticas no hay otra figura que haya dominado tantas desde su posición, el quarterback, el timonel ofensivo por excelencia. Brady, de 44 años, se ha despedido este martes del deporte cerrando una trayectoria de 22 años sobre las canchas. Su adiós culmina una época y deja a miles de aficionados convencidos de que el deporte no será lo mismo sin él.

“No voy a jugar de forma competitiva nunca más”, publicó Brady en sus redes sociales. El jugador ya había provocado ondas sísmicas en la liga profesional el fin de semana, cuando un periodista dio la exclusiva de su retirada. El padre del jugador, también llamado Tom Brady, hizo dudar a todos asegurando que el rey de los regresos, quien siempre mostraba tener vida cuando todos lo daban por acabado, no había dicho su última palabra. Esta finalmente llegó este martes. Se marcha el único jugador que ha ganado siete veces la Super Bowl. “He amado mi carrera en la NFL y ahora es tiempo de enfocar mi tiempo y energía en otras cosas”, escribió Brady, quien ahora se dedicará a diversos negocios, como una empresa de salud y bienestar, una productora de contenidos de deporte, una marca de ropa y un negocio de criptomonedas.

Brady jugó 10 veces el Super Bowl, la final de la liga. La ganó en siete ocasiones, seis de ellas con el dorsal 12 de los Patriots de Nueva Inglaterra (otra con Tampa Bay) y bajo el mando del entrenador Bill Belichick, quien desempeñó una influencia paternal en el campo de juego. Como todo jugador que marca una época, logró dividir a los hinchas entre legiones de fieles seguidores e irracionales detractores que se niegan a reconocer los hitos que dejó su trayectoria: líder en pases de anotación, primer lugar en yardas lanzadas y una impresionante marca de 243 triunfos en 318 partidos. 35 de estas victorias fueron logradas en los playoffs. “Su récord de cinco premios al jugador más valioso en Super Bowl y sus siete títulos ponen una marca que los jugadores perseguirán durante años”, dijo en un comunicado Roger Goodell, la máxima autoridad de la NFL. “Tom hizo mejor a todos aquellos que lo rodeaban y siempre parecía estar a la altura de las circunstancias en los momentos más importantes… Ha sido un privilegio verlo competir”, añadió.

El último capítulo de esta historia está lleno de éxitos y alabanzas. Sus orígenes, sin embargo, no tenían previsto un desenlace tan laureado. Originario de San Mateo (California), Tom Brady no figuraba entre los favoritos cuando fue fichado por los Patriots en el año 2000. En este mercado de fichajes de talentos universitarios, que la liga ha convertido en un jugoso negocio, fue la selección 199 después de seis rondas. Siete mariscales de campo encontraron equipo antes que él. Todo ellos han quedado en el olvido bajo la sombra proyectada por el muchacho de 193 centímetros y 102 kilos que había jugado solo 29 partidos en cuatro años para la universidad de Michigan. Su temporada de 1999, en la que logró el mejor porcentaje de pases completos, fue la que llamó la atención de los reclutas de Nueva Inglaterra.

Un deporte que tiene como principal ingrediente la violencia hizo de un trágico incidente el momento fundacional de la leyenda de Brady. En septiembre de 2001, un jugador de los Jets de Nueva York derribó al lanzador titular de los Patriots, Drew Bledsoe, quien era la estrella indiscutible de la ofensiva del equipo. El choque fue tan fuerte que hizo necesario introducirle un tubo entre las costillas para drenarle la sangre que se le acumulaba en el pecho. Brady entró de relevo. En su segunda temporada hizo al equipo campeón.

La modelo brasileña Gisele Bündchen y Brady en una gala en Nueva York en 2008.
La modelo brasileña Gisele Bündchen y Brady en una gala en Nueva York en 2008.Lucas Jackson (REUTERS)

Aquel fue el inicio de lo que serían 20 temporadas completas jugando como titular y consolidando a los Patriots como uno de los equipos más ganadores en la historia de la liga junto a los Steelers de Pittsburgh. “Toda una generación de hinchas al fútbol ha crecido siguiendo una liga dominada por Brady. Se retira con casi todos los récords de pases, aunque la marca que más le importaba era la de las victorias”, señaló Robert Kraft, el dueño del equipo de Nueva Inglaterra, quien recordó que, en dos décadas, Brady calificó a su equipo en 19 ocasiones para la postemporada. “Fue un sueño hecho realidad”, agrega el empresario.

En 2017, durante el Super Bowl 51, Brady impartió un curso de templanza logrando la mayor remontada en la historia de una final después de ir 25 puntos abajo frente a los Falcons de Atlanta, arrancando un agónico triunfo en el tiempo extra. La proeza logró borrar en parte las amargas memorias de su título más polémico, conseguido tres años antes contra los Colts de Indianápolis (7-45). Entonces se supo que Brady había pedido desinflar los balones utilizados en el partido por debajo de los estándares de la liga, lo que permitía hacerlos más fáciles de asir y lanzar. Esto, aunque parece menor, provocó un escándalo mayúsculo en Estados Unidos, conocido en la historia del deporte como el Deflegate, y desencadenó la suspensión del mariscal por cuatro partidos y una multa al equipo de un millón de dólares. El trofeo, sin embargo, permanece en las vitrinas del equipo y sumó a la condición de villano que también goza el jugador.

Incluso sus derrotas estuvieron rodeadas de un halo de leyenda. Los Giants fueron el verdugo preferido de los Patriots de Brady. En 2008, el equipo de Nueva York les frustró una temporada casi perfecta de 18 victorias que requería el triunfo para romper una marca intacta en 36 años. Para la sorpresa de todos, Eli Manning y los Giants se impusieron a los favoritos (17-14). Este martes, Manning no hizo sangre en su homenaje a Brady. “En tu año 22 estabas jugando tan bien como nunca. Te vi ganar un Super Bowl cuando estaba en la universidad, ganar varios cuando estaba en la NFL y te vi ganar otro cuando ya estaba retirado. Es una carrera impresionante”, comentó en un video. Manning repitió la receta ante los Patriots cuatro años después en la final contra Brady jugada en Indianápolis. En esa ocasión, la supermodelo brasileña Giselle Bündchen, esposa de la estrella de Nueva Inglaterra, fue captada en un video que se hizo viral en la que culpaba a los receptores del equipo del fracaso.

Para hacer crecer su leyenda, Brady hizo lo impensable en 2020, cuando la historia de amor con los Patriots terminó. El jugador, quien tenía ya seis anillos de campeonato (más que equipos históricos como Dallas y San Francisco), se dejó seducir por varios como agente libre. La puja ganadora la hizo un equipo de Tampa Bay, Florida, propiedad de la familia Glazer, dueña del Manchester United. Brady les hizo campeones en su primer año en una final contra Kansas, consiguiendo que su Sancho en este tiempo de aventuras, el receptor Rob Gronkowski, lo acompañara en la hazaña. En su segunda temporada en el equipo, que resultó ser la última como profesional, dejó un gesto difícil de olvidar cuando ofreció a un aficionado un bitcoin, valorado entonces en más de 60.000 dólares, a cambio de que le devolviera el balón que marcaba el pase 600 de anotación de su carrera. Con la criptomoneda devaluada y una presea que los cazadores de tesoros del deporte valúan hoy en medio millón de dólares, aquel seguidor debe de estar arrepentido de haber cedido el premio. “Decir adiós a una leyenda nunca es fácil, pero le deseamos éxito en su retiro”, escribió la familia Glazer sabiendo que la partida de Brady es un vacío casi imposible de llenar.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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