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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Paco Gento, bondad y discreción

Por su madridismo y su sencillez, todos lo queríamos porque no alardeaba de todo lo que había conseguido

Paco Gento entregó al portugués Cristiano Ronaldo su cuarto Balón de Oro en 2016.
Paco Gento entregó al portugués Cristiano Ronaldo su cuarto Balón de Oro en 2016.Mariscal (EFE)

Cuando en el verano de 1968 llegué al Real Madrid con 17 años desde mi Salamanca natal, Paco Gento todavía formaba parte de la primera plantilla del Real Madrid y en las dos temporadas que estuve en el juvenil y en el aficionado, el primer equipo con él con el 11 ganó dos Ligas consecutivas. Como todos los jugadores de la cantera teníamos el privilegio de tener un pase para acudir al Santiago Bernabéu y podíamos ver casi todos los partidos, salvo que coincidiera con los nuestro yo no me perdía uno. Podía tener ya 35 años, pero mantenía su velocidad y, sobre todo, un gran golpeo de balón con la pierna izquierda. Tiraba los penaltis. Entonces, que yo era un chaval, verle en directo me causaba una sensación especial porque era una de esas leyendas de nuestro fútbol que cuando eres niño tienes idolatrada.

No coincidimos por poco en el primer equipo. En su última temporada, la 70-71, yo fui cedido al Castellón, aunque, evidentemente, seguía al Real Madrid con toda la intensidad que me permitía la distancia. Sus dos últimos partidos fueron la final repetida de la Recopa contra el Chelsea en Atenas. Aquella en la que Pirri jugó el desempate con el brazo en cabestrillo. Al final de esa temporada, el club decidió dar la baja a muchos jugadores, entre ellos a Paco, y lo que fue más sorprendente, también al jugador que durante años había sido su suplente, Manolín Bueno, y que se pensaba que sería su relevo natural en el equipo.

Fue una reestructuración profunda. También salieron Betancort, Borja, Planelles, Manolo Sanchís, padre… que se fue al Córdoba, donde yo también llegué cedido. Al club llegaron los Santillana, Aguilar, Corral, Anzarda, Verdugo, García Remón…

Años más tarde, estando yo ya de coordinador de la cantera, coincidí con Paco cuando, después de unos años entrenando fuera, en el Palencia, en el Castellón, se hizo cargo del juvenil B. Entonces ya le pude conocer personalmente y me di cuenta de su bondad, de su discreción, de su madridismo y de su sencillez. Todos lo queríamos en aquella antigua Ciudad Deportiva porque, sobre todo, era un hombre bueno, natural, que no alardeaba nunca de todo lo que había ganado en su carrera como futbolista y eso que había sido mucho. Todo lo contrario, intentaba no darle importancia. No se metía en nada, era discreto, entrañable.

Se concentraba en su equipo y era muy riguroso con los chavales porque él mejor que nadie conocía las exigencias del Real Madrid y no todos los jugadores le valían por muy buenos que fueran. Era una filosofía parda, muy particular. Él siempre pedía lo máximo para poder jugar en el Real Madrid, posiblemente porque a él también se lo pidieron cuando llegó desde el Racing de Santander tras pasar por la Cultural de Guarnizo, su pueblo natal, apenas a seis kilómetros de la capital cántabra.

Más adelante, le seguí tratando como presidente de los veteranos. Siempre desde una profunda admiración por todo lo que representaba para el madridismo y con un respeto que se ganaba a diario. Recuerdo con agradecimiento que a Toni Grande, Paco Jiménez y a mí la Asociación nos entregó un reconocimiento por haber ganado el Mundial de Sudáfrica y estuvo muy cariñoso con nosotros en todos los aspectos.

A él no le gustaba la popularidad. Cuando iba a ver partidos para el club se ponía un gorro, las gafas de sol e intentaba pasar lo más inadvertido posible. Llevaba sus seis Copas de Europa, 12 Ligas y 18 años en la primera plantilla con una discreción absoluta.

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