Champions League Fase de grupos
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Koeman y la foto de Cruyff

La continuidad del técnico está condicionada por el legado que ahora administra Laporta

Ronald Koeman, durante el entrenamiento del Barcelona.
Ronald Koeman, durante el entrenamiento del Barcelona.Alejandro García / EFE

A Ronald Koeman se le considera un entrenador de club por excelencia desde que llegó al Camp Nou en agosto de 2020. La duda está en saber si también es el técnico que hoy necesita un equipo como el Barça. La incógnita se la ha planteado varias veces el mismo presidente, Joan Laporta, y sus confesiones privadas no siempre han coincidido con unas declaraciones públicas que en cualquier caso ayudan a centrar el debate desde que, además de afirmar que le respetaba, explicó que el técnico tenía en su despacho una enorme foto de Cruyff: “El estilo de Johan es tan innegociable como incontestable resulta el cruyffismo de Ronald”.

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La respuesta agradó y envalentonó al preparador neerlandés: “El poder tiene que ser para el entrenador. Soy cruyffista pero también realista. Yo fui un defensa de posición; Johan fue atacante”, sintetizó Koeman después de seguir el ejemplo de Laporta y modificar su mensaje en función de si hablaba en la sala de prensa o para periodistas de su confianza en Barcelona o Ámsterdam. El entrenador siente que le han movido la silla desde el Camp Nou. A pesar de tener contrato hasta junio de 2022, su continuidad peligró a final de la temporada pasada y se discutió en agosto después de la sufrida victoria contra el Getafe por 2-1.

Al presidente le dolió la manera en que el equipo claudicó en la Liga pasada a partir de su derrota ante el Granada y se prometió que no volvería a aguantar un partido tan mal jugado como el disputado a final de agosto contra el plantel de Míchel. La furia no le impidió anunciar de todas maneras que habían comenzado las negociaciones para renovar por un año el contrato de Koeman. A cambio de dar estabilidad y autoridad al técnico, el presidente le exige resultados, una mejora en el juego y un mayor protagonismo para algunos jugadores olvidados como Umtiti y Riqui Puig, unos condicionantes que han sido negados por Koeman.

La tensión es manifiesta desde que el técnico declaró que en el curso de entrenador no le habían preparado para dirigir una plantilla con 31 o 32 jugadores, antes del cierre del mercado del día 1. Nunca hasta entonces se había escuchado una queja suya, ni siquiera después de asumir la salida de Luis Suárez y más tarde de Messi y Griezmann; de aceptar que le rebajaran el sueldo y le pagaran “cuando vaya bien”; de quedarse sin Memphis y Eric García en el mercado de invierno y ahora de Wijnaldum; y de aguantar la bandera del club durante el traspaso de poderes del dimitido presidente Josep Maria Bartomeu al regreso en marzo de Laporta.

Koeman, que fue generoso con Bartomeu cuando renunció a la selección de los Países Bajos para dirigir al Barça después del 2-8 de Lisboa, no se sintió apoyado por Laporta. El presidente jugó mucho tiempo con Koeman y consultó con algunos técnicos sobre la figura que debía ocupar el banquillo del Camp Nou. La falta de dinero y de candidatos idóneos provocó que en su regreso al club adoptara al héroe de Wembley 1992. Y ser el entrenador de Laporta supone aceptar su intervencionismo, más manifiesto que nunca por la ausencia de Johan Cruyff y de Txiki Begiristain, las figuras que marcaron la ruta deportiva del club de 2003 a 2010.

El cruyffismo se resume ahora en Laporta porque las figuras de Ramon Planes, actual secretario técnico, y Mateu Alemany, director de fútbol, nunca se han asociado al ideólogo futbolístico del Barça, creador del Dream Team y avalador de Pep Guardiola. Cruyff apostó en 2008 por Guardiola a propuesta de Begiristain después de que una parte de la directiva sopesara la contratación de Mourinho. Y la intervención del neerlandés fue igualmente decisiva en 2003 para mantener en el puesto a Rijkaard cuando los directivos liderados por Sandro Rosell pidieron la cabeza del técnico y su relevo por Pere Gratacós a la espera de Luiz Felipe Scolari.

Rosell siempre apostó por los futbolistas, desde Ronaldinho hasta Neymar, mientras que Laporta prefiere vertebrar el equipo a partir de una línea de juego asociada a Cruyff. Así se explica que mantuviera a Rijkaard después del 5-1 encajado ante el Málaga de Salva Ballesta con la condición de renunciar al doble pivote formado por Xavi y Cocu y apostar por el 4-3-3 con el fichaje de Davids, un volante que empujó y liberó a Ronaldinho. Laporta intercede ahora para que Koeman se olvide del 3-5-2 y recupere el 4-3-3. Ocurre que las ilusiones del presidente son difíciles de corresponder por el empobrecimiento de la plantilla y la falta de dinero en el Barça.

Ganarse al público

A veces da la sensación de que el presidente vive en una realidad opuesta a la que manejan los ejecutivos, los avalistas y el propio entrenador, que ya ha advertido que jugará con tres centrales y los que hagan falta cuando tenga que asegurar el resultado, como ya se vio ante el Getafe. El barcelonismo tiene muy en cuenta que no todos los entrenadores holandeses son iguales y piensan lo mismo desde que conocieron a Cruyff y a Van Gaal. Y ahora saben que, además de ser un hombre fiel al club y un buen detector de talentos, familiarizado con La Masia, Koeman es un testarudo que se siente observado en cada partido por el Camp Nou.

Al técnico, siempre directo y sin dobleces, le anima en cualquier caso el regreso del público al estadio porque aspira a ganarse a la afición y a la plantilla para convencer a Laporta. Al equipo, sin embargo, le falta fiabilidad, trazo e identidad, capaz de jugar muy bien contra la Real y muy mal ante el Getafe. La cuestión es que la propuesta del entrenador sea compatible con las aspiraciones de un presidente que se interesó por el fichaje de Julen Nagelsmann. Koeman y Nagelsmann ocuparán precisamente hoy los dos banquillos mientras Jordi Cruyff, el hijo de Johan, ejerce de responsable del departamento de captación de talento internacional del Barça.

“Nuestra relación es buena, perfecta para mí”, aclara Koeman ante la visita del Bayern. “No tengo ningún problema con el presidente; hemos tenido cositas, pero estamos bien”. El capitán Busquets asiente: “El míster ha tenido un gran impacto. Sabe lo que quiere. Tenemos confianza en él y en su staff. Y si hay problemas deberían hablarlo entre ellos, pero no creo que sea así”. El problema es que las charlas entre Laporta y Koeman se explican por separado —”habla demasiado”, dice el entrenador del presidente—, como si se hubieran encontrado casualmente después de que el mandatario descartara fichar al técnico por culpa del dinero en 2003.

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