Mo Katir fulmina el récord de España de 1.500 metros de Fermín Cacho

El murciano corre en 3m 28,76s en la Diamond League de Mónaco y bate el registro del soriano (3m 28,95s), que databa de 1997

El español Mohamed Katir (azul) durante la competición de 1.500 metros de la Diamond League de Mónaco
El español Mohamed Katir (azul) durante la competición de 1.500 metros de la Diamond League de MónacoGONZALO FUENTES (REUTERS)

Mohamed Katir, ese misterioso corredor que los vecinos de Mula han visto durante años pasar volando por las calles del pueblo, como una aparición, dando zancadas tan largas y potentes que le confieren una apariencia de ingravidez, imperturbable desde su porte largo y elegante, batió este viernes el récord nacional de 1.500 metros en la reunión de Mónaco de la Diamond League. Nada menos que la marca que había establecido Fermín Cacho , aquellos 3m 28,95s grabados en una lejana tarde de Zúrich en 1997. Katir, de 23 años, rebajó la marca en 19 décimas. Hizo 3m 28,76s en el curso de una carrera menos táctica que rápida, dominada holgadamente por el keniano Timothy Cheruiyot, que pasó por meta en 2m 28,28s.

Miguel Mostaza, el mánager del corredor nacido en Marruecos y de nacionalidad española, le aconsejó proceder según una táctica sencilla. Seguir al noruego. Seguir al rubio. Jakob Ingebrigtsen, el joven que a sus 20 años posee la marca más rápica de Europa desde hace un año, fue la referencia. No falló. El tranquilo Ingebrigtsen, que parece un niño pero mide los ritmos de la prueba como si dispusiera de una calculadora en su mente, se instaló en el segundo pelotón hasta los 900 metros. Parecía rezagado ante el empuje devastador que impusieron las liebres para lanzar a Cheruiyot, seguido de cerca por el temerario australiano Stewart McSweyn. No fue hasta la penúltima curva cuando Ingebrigtsen no atacó. Entonces se desató Katir.

Al llegar a la contrarrecta, a falta de poco más de 300 metros, Katir dio el zarpazo. Como proyectó Mostaza, su pupilo poseía un arma devastadora: el cambio de ritmo largo, la capacidad de aumentar la velocidad y mantenerla, contra la aparición del ácido láctico, en los últimos 350 metros. Su aumento de la frecuencia de zancada no encontró réplica en nadie más que en Cheruiyot. Atrás, poco a poco rezagado en la recta del 300, se quedó el sereno Ingebrigtsen intentando mantener el tipo ante el paso del huracán.

Nacido en Marruecos y criado en la localidad murciana de Mula desde los cinco años, cuentan sus amigos que cuando le preguntan por sus recuerdos de África, responde encogiéndose de hombros. Hijo de madre egipcia y padre marroquí, este joven esbelto y garboso de 1,82 metros y larga melena, es un muleño más. Una anomalía agradable y familiar a la vista de los vecinos, que le ven dar vueltas al lago, pasar disparado por la Gran Vía, atravesar los baldíos o gastar el asfalto de las carreteras angostas que van viboreando entre las huertas. Desde este verano, especialmente desde que batió el récord de España de 5.000 hace dos semanas, los muleños ya saben de qué va el muchacho.

A ocho centésimas del récord de Europa

Katir voló en la última recta de la pista de Mónaco como volaba por las calles de su pueblo, inflamado, ausente, feliz del poderío que es capaz de imprimir en cada apoyo. Nada pudo hacer Ingebrigtsen, que le siguió firme pero rendido a varios metros por detrás. La plusmarca europea del noruego (3m 28,68s), no cayó por ocho centésimas.

Cheruiyot hizo 3m 28,28s, mejor marca de 2021. Katir le siguió con 3m 28,76s e Ingebrigtsen terminó tercero en 3m 29,25s. Entre los tres conformaron los tres primeros puestos del ránking mundial del año. A falta de tres semanas para el campeonato olímpico de atletismo, sirven de referencia. A Katir, sin embargo, solo le ayudará a motivarse para asaltar el 5.000, porque no está inscrito en el 1.500 de Tokio.

Mohamed Katir se abrazó a Cheruiyot con tanta vehemencia que el keniata debió pensar que le daría un beso. Estaba eufórico y agradecido. En Mónaco cerró un capítulo legendario del atletismo español. Nada menos que el que escribió Fermín Cacho, el fondista más recordado de España, un mito cuyo legado ya es historia.

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