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Embaucar a Laporta

Hay un núcleo de futbolistas que desde hace tiempo condicionan por su currículo el juego y la economía

Joan Laporta, en un duelo de la Euroliga del equipo de baloncesto.
Joan Laporta, en un duelo de la Euroliga del equipo de baloncesto.Enric Fontcuberta / EFE

El drama del partido del Barça con el Levante no fue el resultado sino el desvanecimiento del equipo de Koeman. Las sensaciones remitieron a actuaciones que se daban por superadas en una temporada calificada de transición y por tanto la contrariedad es aún mayor en el Camp Nou. Aunque no se sabía qué depararía el futuro, se suponía que ya no había un punto de retorno a un pasado escenificado en Lisboa, Roma o Anfield. A la que marcó Melero, sin embargo, la impresión barcelonista en Orriols fue que no tardarían en llegar los goles de Morales y después de Sergio León de la misma manera que en su día cayeron los ocho del Bayern y los cuatro del Liverpool.

La trama acostumbra a ser siempre la misma en verano: los jugadores se hacen perdonar porque son muy buenos, defienden con un cierto decoro sus opciones a los distintos títulos, trampean las situaciones más adversas, incluso son capaces de recortar puntos y ganar la Copa, para acabar por rendirse en el partido más llamativo o insospechado de forma tan dramática que ni siquiera existe la excusa de culpar al árbitro ni al VAR. El engaño se repite desde que se atribuyó al Barça la condición de favorito a ganar la Champions. Nadie dudó nunca de la plantilla sino que cuando no se conquistó el título se señaló al entrenador o a la junta o al servicio de seguridad del Camp Nou.

Así cayeron Valverde y Quique Setién y con el tiempo tuvo que dimitir Bartomeu. Ahora manda Laporta y ya se apunta a Koeman. La cuestión no es nominal sino estructural de manera que no se trata solamente de encontrar a un técnico con autoridad y ascendente sino de cambiar la relación del club con el equipo y la familiaridad de los directivos con los jugadores, acabar con tanta complicidad y boato como se ha dado últimamente en el Barcelona. Hay un núcleo de futbolistas que desde hace tiempo condicionan por su currículo el juego y también la economía porque han prorrogado sus contratos a cambio de diferir los pagos a causa de los estragos de la covid.

Ya no se habla de estilo sino de adaptar el diseño del juego a las necesidades de los futbolistas más reputados del Barça. No es fácil tomar decisiones trascendentes y difíciles de sobrellevar en momentos de debilidad en la caja y en la cancha como fue la de regalar a Suárez al Atlético. Los rojiblancos pueden ser incluso campeones con los goles del que es el tercer máximo artillero en la historia del Barça. Un negocio ruinoso si se tiene en cuenta además que Koeman se quedó sin 9. La partida del charrúa, sin embargo, permitió incidir en el microclima generado en un vestuario gobernado de manera tan solidaria que se nota la ausencia de un líder en los momentos más lúgubres como el del Ciutat de València.

Ha llegado el momento de que actúe Laporta. Y haría bien en no dejarse embaucar después de escuchar a Koeman. Hace falta tener un buen diagnóstico y actuar con la solidez y fiabilidad que no han tenido ni el club ni el equipo: hay que cambiar la inercia y las rutinas del Camp Nou.

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