TENIS | MUTUA MADRID OPEN

Badosa rompe el techo de Madrid

La catalana vence a Bencic (6-4 y 7-5) y se convierte en la primera española que alcanza las semifinales del torneo: “Estoy superándome”. El malagueño Davidovich cede ante Medvedev (4-6, 6-4 y 6-2)

Paula Badosa besa la arena de la Pista Arantxa Sánchez Vicario de la Caja Mágica.
Paula Badosa besa la arena de la Pista Arantxa Sánchez Vicario de la Caja Mágica.SERGIO PEREZ / Reuters

Es mediodía, el hambre comienza a apretar y a Paula Badosa le puede la emoción. Acaba de batir a Belinda Bencic y hacer historia, convirtiéndose en la primera española que alcanza las semifinales del torneo de Madrid. Cuando rubrica el 6-4 y 7-5 (en 1h 49m) que le dirige hacia una cota por descubrir, se echa las manos a la cabeza, hinca las rodillas sobre la superficie de la segunda pista de la Caja Mágica y a continuación besa la tierra batida, llevándose unas cuantas briznas a la boca. Se deshace de ellas como puede. Y festeja, cómo no. La ocasión lo merece. El sueño sigue vivo.

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Nunca una terrosidad tan desagradable le había resultado tan placentera. Nunca había llegado tan lejos en un evento de este nivel y su carrera empieza a coger vuelo, porque la victoria le reporta automáticamente un brinco en el listado mundial: ya figura entre las 50 mejores del mundo, escalando del puesto 62º al 42º. Es decir, se convierte en la segunda mejor raqueta femenina española, solo por detrás de Garbiñe Muguruza (13ª). El volantazo ejercido hace algo más de un año, cuando rompió un buen puñado de grilletes y se deshizo de una pesada carga psicológica, tiene efecto.

Es su mejor resultado hasta ahora. En su primer acceso al cuadro final, habiendo llegado como invitada, ha enlazado cuatro victorias y ha roto del techo de una jugadora nacional en Madrid, territorio esquivo desde que el torneo, que arrancó en 2002, incorporase a las mujeres siete años más tarde. Hasta hoy, Carla Suárez había firmado el trazado más meritorio, los cuartos de 2015 (Serena Williams) y 2018 (Caroline Garcia). Así que está feliz, aunque la experiencia le ha enseñado que no hay tiempo para recrearse y remite a mañana, jueves.

“Es algo que no esperaba, para nada. Estoy superando la presión y gestionando bien los nervios. Es una semana de emociones y cada día estoy superándome”, dice la catalana, de 23 años y nacida en Nueva York porque sus padres, modelos, se desplazaron allí por su profesión. “Al ganar me he acordado de mi equipo, de Javi [Martí, su entrenador], de David [su preparador físico]. Yo hace unos meses no hubiera aguantado este tipo de partidos, y ahora estoy siendo capaz de hacerlo”, agradece mientras se aproxima Ashleigh Barty (6-1, 3-6 y 6-3 a Petra Kvitova).

Durante la atención a los periodistas, cuenta que la noche anterior recibió un mensaje de Gerard Piqué felicitándola –”se alegra por mí y se lo agradezco, porque soy del Barça y es un jugador catalán”– y que sigue acordándose de su primer entrenador, fallecido recientemente. “Él puso la base”, prosigue, a la vez que reconoce ser “muy emocional y muy expresiva”, y que si en algún lugar soñaba con lograr algo importante era en la Caja Mágica. “Si hace un par de años me dicen que voy a hacer unas semis aquí, no me lo hubiera creído. Hemos currado mucho”, sigue con ese plural mayestático que subraya la importancia del traslado a Madrid y la contratación de Martí para su despegue.

Entonces, Badosa estaba pasándolo mal, había salido de una depresión que le anuló porque el éxito, cuenta, le llegó demasiado pronto, cuando era una adolescente. Fue en París, 2015. Allí conquistó el Roland Garros júnior y por su cabeza volaban muchos pájaros, demasiados. Demasiado afán por parecerse a Maria Sharapova. “Cuando gané allí le pegaba muy bien a la pelota, pero era muy inconsciente y no sabía lo que requería ser una tenista profesional. Al final, me perjudicó más que beneficiarme. Me vino un premio demasiado pronto, cuando tal vez no lo merecía”, expone.

En todo caso, su nombre vuelve a escena. Son las terceras semifinales en esta temporada –antes, las de Lyon y Charleston– y, sobre todo, la sensación de que empieza a desentrañar los enredos de la adolescencia. “El día a día es clave”, asegura. “El tenis es muy duro y cada semana ganas o pierdes por una diferencia de uno o dos puntos. Ahora es diferente. Intento aislarme del ruido exterior. Es el mejor momento de mi carrera, seguro, pero el tenis tiene una cosa mala: mañana tengo que volver a jugar. Debo recuperarme. Es la parte mala de este deporte, pero lo acepto con mucho gusto. No puedo dejar de creer, voy a ir a por todas”, concluye antes de reunirse con los suyos.

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