Ciclismo

La rebelión ciclista de la generación Z

Corredores como Juan Ayuso o Raúl García Pierna, profesionales antes de cumplir los 20 años, protagonizan el gran cambio del ciclismo español

Juan Ayuso, con el maillot del Colpack.
Juan Ayuso, con el maillot del Colpack.Javier Ayuso / País

Después de desayunar en el hotel de La Vila Joiosa, a los ciclistas se les acerca David Bisbal, ciclista juvenil cuando mozo, famoso cantante y comercial de las bicicletas Giant, para soltarles una charla de motivación, para contarles cómo él ha llegado a donde ha llegado alimentado solamente por una cosa, por la ilusión de llegar a ser. Y a los chavales, que le escuchan educadamente, todo los que les cuenta Bisbal, que solo tiene 42 años, les suena muy parecido a lo que les dicen sus padres, a historias de boomers, que son unos pesados.

Ellos, la plantilla del equipo profesional Kern Pharma, que se presentó el miércoles, son un 99% zoomers, generación Z, los nuevos amos del ciclismo mundial, y la mayoría aún andaba a gatas cuando el cantante de Almería triunfaba en OT. Y los zoomers, los nacidos a partir de las segunda mitad de la década de los 90, son gente de crianza acelerada porque según ellos crecían la tecnología, los smartphones, la permanente conectividad en todas las partes del mundo, y ese es su mundo, y ese es su ciclismo pues desde que empezaron a andar en bicicleta, primero para acompañar a sus padres en sus salidas los domingos, luego con interés propio, la tecnología ha sido su guía. Han mamado el ciclismo con programas de entrenamiento como Trainingpeaks, con Apps como Strava, y no con los consejos y los hábitos de viejos ciclistas reconvertidos en preparadores.

“Ha cambiado la mentalidad siguiendo la moda anglosajona, que son los países que marcan la tendencia ahora, no los de siempre”, dice Félix García Casas, exciclista, director en los equipos menores de la Fundación Contador y, sobre todo, padre de Carlos y Raúl García Pierna, dos de los más destacados ciclistas de la generación Z española, que a los 19 años ya ha dado el salto a profesional en el Kern Pharma, el equipo más joven del pelotón ProTeam, la segunda división. “Sobre todo, Raúl, que sube muy bien, con potencia, y es un gran contrarrelojista. Es de los escaladores modernos, de los que llegan y ganan, lo más difícil, no como en mi época, que el escalador simplemente estaba para llegar…”

Habla García Casas de un ciclismo en el que las decisiones las toman expertos en bases de datos y sistemas informáticos que analizan e interpretan las pedaladas de chavales que viven ya una vida casi profesional desde los 15 y 16 años, y hasta su alimentación la deciden nutricionistas al gramo.

Habla de unos chavales con prisa para llegar a ser profesionales, con ganas de saltarse la categoría sub 23, que en España languidece, por miedo a que por detrás lleguen algunos más jóvenes que les quiten el sitio, de chavales que a los 23-24 se siente viejos y acabados para el ciclismo si no han logrado ser profesionales.

Habla de su hijo Raúl, que tras un año en categoría sub 23 ha dado el salto –”la sub 23 española no es como la italiana, por ejemplo, en la que pueden competir en carreras profesionales”, explica--, o de Juan Ayuso, el mejor júnior español del último año, que ni siquiera ha pasado por sub 23 y a los 18 años recién cumplidos ha fichado por el Colpack italiano, un equipo profesional, como el año anterior lo hizo el mejor júnior del 18, Carlos Rodríguez, desde los 18 años en el Ineos, donde ha comenzado lento porque sigue privilegiando sus estudios, pero ha aprendido mucho más de todos los posibles papeles de un ciclista que lo que hubiera hecho en categoría amateur.

“Todos quieren ser Remco [el fenómeno belga que a los 19 años ya ganó la Clásica de San Sebastián], nadie piensa en Indurain”, dice García Casas, poniendo al español como modelo de paciencia y de crecimiento poco a poco hasta un florecimiento extraordinario. Los modelos de la generación Z, y del desarrollo disruptivo también del ciclismo, son Remco y también Pogacar, ganador del Tour a los 21 años, y Tom Pidcock, el diminuto inglés (1,57m) que encarna el ideal de los Z, la desaparición de especialidades: son ciclistas totales, capaces de escalar, contrarrelojear, llanear y esprintar, buenos para carreras de un día y para las de tres semanas también, como Pidcock, el mejor ciclocrosista de su generación, el único capaz de competir con los dioses, Mathieu van der Poel y Wout van Aert, y ganador también de la París-Roubaix amateur y del Giro de Italia sub 23. E Igor Arrieta, hijo del exciclista José Luis Arrieta, 18 años recién cumplidos y ciclocrosista de formación, sabe que más temprano que tarde acabará siendo profesional quemando etapas.

La generación de Ayuso y García Pierna se ve convalidada por el triunfo de los más jóvenes y por el ejemplo de los que abrieron el camino, los ya veteranos, para sus estándares Van der Poel y Van Aert, los primeros disruptivos, que llegaron a la carretera desde el ciclocross, saltándose las vías tradicionales. O por Roglic, saltador de esquí antes que ganador de dos Vueltas, quien tiene 30 años pero espíritu Z, e inspira a otros españoles jóvenes que han dado el salto al profesionalismo sin pasar siquiera por las primeras etapas del ciclismo, como el esquiador de fondo Martí Vigo (23 años, equipo Androni) o el triatleta Javier Romo (Astana, 22 años).

“Y cuando se dice que controlan al gramo lo que hacen, al milímetro, es al gramo, al milímetro”, dice Javier Ayuso, padre y primer entrenador de Juan Ayuso, que profesionalmente ha trabajado muchos años en Estados Unidos como ejecutivo de una multinacional holandesa y que practica el triatlón. “En la ensalada son cinco gramos de aceite de oliva y no 10. Y en el entrenamiento hay que hacer esto y no lo otro. Vivimos en Alicante, enfrente de la Cumbre del Sol, y los amigos me dicen que cuántas veces la ha subido Juan, y yo les digo que hasta el año pasado no le tocaba y no la subía… Es la cultura de la seriedad y el compromiso la que hay que imponer desde las edades juveniles, y en España hay un déficit. Juan tiene un ADN magnífico, unas magníficas condiciones, pero será gran ciclista solo si hace lo que hay que hacer”.

Bajo el convencimiento de que en el ciclismo que ya ha llegado para entrenar a alguien más vale ser buen matemático que buen fisiólogo, Javier Ayuso, economista, guió a su hijo después de leer decenas de libros y de hablar con decenas de especialistas. Después lo dejó en manos de Íñigo San Millán, el entrenador de Pogacar en el Emirates, el equipo en el que quizás en menos de un año recalará el joven alicantino.

El navarro Juanjo Oroz, el responsable del Kern Pharma, mantiene la filosofía de la paciencia que hizo grande al Reynolds, el modelo de su equipo, y confía en crecer con sus mismos chavales hasta convertirse en uno de los mejores equipos del mundo. Es el único proyecto español con esa visión, quizás ingenua, pues en cuanto empiecen a triunfar sus corredores serán tentados por los grandes. A su lado charla Miguel Indurain, cuya narrativa siempre parte de que esperó hasta los 27 años, a su plena madurez, para intentar empezar a ganar el Tour, pero del que quizás pueda afirmarse que en los año 90 protagonizó el primer proceso disruptivo del ciclismo español, y al que se le dice, cómo han cambiado las cosas, en tus tiempos solo se hablaba de esperar y esperar, responde rápido, despertando la memoria aturdida de quien le habla: “¿Paciencia? Si yo pasé a los 20 años recién cumplidos y a los 20 años ya fui maillot amarillo en la Vuelta del 85, y sigo siendo el más joven que lo ha conseguido…”

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