FC BARCELONA

La falta de liderazgo deja sin rumbo al Barça

Griezmann reclama una voz que lidere al equipo, castigado por los tres goles del Athletic y la derrota de la Supercopa

Messi abandona el campo tras ser expulsado en la final de la Supercopa.
Messi abandona el campo tras ser expulsado en la final de la Supercopa.Juan Jose Ubeda / GTRES

Ocurrió en 2008 en una tienda céntrica de Barcelona bajo el paraguas de la marca Nike, patrocinadora de Puyol y Piqué. “¿Qué tal Geri?”, le preguntó un periodista al nuevo central azulgrana, que acababa de regresar del United. “¿Qué Geri ni qué narices?”, soltó Puyol desde atrás para cortar la conversación. Aunque desafortunado el capitán porque lo hizo de malas maneras, la intención no era otra que proteger al nuevo en una reacción de capitán. Algo que falta en este Barça, ahora que el propio Piqué está lesionado, poco comunicativos los otros brazaletes: Messi, Busquets y Sergi Roberto. Y la ausencia de una voz y liderazgo con ascendente sobre el vestuario le pasa factura al equipo.

“Hemos defendido mal las jugadas de los goles. Nos falta hablar. Cuando sale el balón o cuando hay que empezar a correr, alguien tiene que gritar, lo que pasa a veces y otras no. Cada partido es lo mismo”, lamentó Griezmann tras firmar dos goles pero caer ante el Athletic en la Supercopa (2-3), jugador que reclama autoridad al tiempo que regala una mochila Louis Vuitton para todos como detalle en navidades.

La figura de Puyol quedó definida en Wembley en 2011, cuando el Barça conquistó la Champions y decidió cederle el honor de levantar el trofeo a Abidal, gesto solidario por su batalla contra el cáncer. Era el capataz dentro y fuera del campo, figura que quiso absorber Luis Enrique al llegar al Barça. “En mis equipos el líder soy yo”, sentenció el ahora seleccionador. Pero se las tuvo con Messi y el vestuario se unió como nunca para jugar al son de los delanteros (Neymar, Leo y Suárez), bien conducido por un Xavi que casi estaba de salida. Después cogió el brazalete Iniesta, que convencía con el balón en los pies y con la palabra pero más en consenso que como autoridad, hasta que llegó Messi, sin parangón con el esférico aunque limita sus discursos en tiempo y frecuencia.

“Leo habla en el campo porque ve las cosas que los demás no. Es un líder absoluto porque cuando el balón le llega siempre pasa algo. Cristiano entra en un partido y solo piensa en ganar, olvida el resto y así se lo transmite a todos”, resolvió Pjanic en una entrevista con EL PAÍS, pues ha compartido vestuario con los dos futbolistas que han marcado la última época del planeta fútbol.

Sucede que el vestuario está deshilachado, condicionado de inicio por las renovaciones exprés de la directiva a varios jugadores (Piqué, Lenglet, De Jong…) que actuaron de forma unilateral para redondear los diferimientos salariales que se aplicó a la plantilla. Y se nota, sobre todo atrás sin Piqué; desbravado Lenglet, con Mingueza sin hacer y con la exigencia a los jóvenes Pedri y Ansu de que configuren el juego y lo definan junto a Messi. Tarea que quiere De Jong en el césped pero no fuera, y que reivindica Ter Stegen ante los micros, señalado por los aficionados como el capitán figurado por su grado de autoexigencia, profesionalidad y ascendente con la hinchada. Pero el día de las votaciones, quedó lejos de los escogidos.

Con Messi enfurruñado

El que reina es Messi por méritos propios y votos. Ocurre que en este curso su relación con el club no es la mejor. Incluso, podría marcharse al acabar el ejercicio, enojado porque no le dejaron irse el curso anterior al solicitarlo fuera de plazo. Nadie duda del compromiso del 10 con la competitividad y con el triunfo, pero Koeman está exigido a fabricar un liderazgo sin poder fichar. Y no saldrá un Godín como reclama Griezmann en su interior ni volverá Puyol, pero el Barça precisa de una voz de mando, ni que sea para que como pide el atacante francés les digan cuándo empezar a correr.

El desgobierno del club ha dejado al equipo a la intemperie: no hay presidente, el capitán duda en si seguir y nadie echa una mano a un entrenador cuya continuidad dependerá de las elecciones. ¿Quién asume la responsabilidad en un vestuario partido entre jóvenes y veteranos? Al Barça se lo lleva la corriente.

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