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Nakamura remonta en la ‘muerte súbita’ y fuerza la 3ª manga con Ding, que se juega este lunes

Giri destapa por fin su talento y se mete en semifinales tras tumbar a Grischuk (3-1)

Hikaru Nakamura en su ciudad de residencia, San Luis (Misuri, EEUU), durante la Copa Sinquefield 2019 Ampliar foto
Hikaru Nakamura en su ciudad de residencia, San Luis (Misuri, EEUU), durante la Copa Sinquefield 2019

Hikaru Nakamura, uno de los gladiadores más fieros del circo del ajedrez, ha ganado al borde del abismo al chino Liren Ding (4-3) la 2ª manga de cuartos de final del torneo rápido Chessable Masters; este lunes se jugará la 3ª y definitiva, cuyo vencedor se medirá con Magnus Carlsen. El otro duelo de la jornada siguió siendo aburrido hasta que el neerlandés Anish Giri, en el día de su 26º cumpleaños, exhibió por fin su gran talento y eliminó (3-1) al ruso Alexánder Grischuk. Su rival en semifinales desde el martes será otro ruso, Ian Niepómniachi.

El duelo Nakamura-Ding es el más vibrante de los cuartos de final. Tras la victoria del chino por 2,5-1,5 en la primera manga, el estadounidense salió a por todo en el primer asalto de la segunda, que fue magnífico. Nakamura entregó un peón por la iniciativa, lo que permitió encontrar poco después una combinación muy profunda que le permitía ganar una pieza… pero a costa de quedarse sin peones, lo que Ding aprovechó para forzar el empate.

A continuación, el asiático hizo una interesante demostración de cómo mantener la presión durante largo tiempo en una posición cerrada y ventajosa con dos caballos frente a dos alfiles. Pero justo en ese momento aflojó, reconfirmando que no ha vuelto a ser el de 2019, aunque el viernes había dado algunos destellos de lo contrario. Ding permitió que Nakamura abriese la posición, y el americano fue despiadado al aprovecharlo.

El tercer asalto fue también excelente. En una posición un poco mejor para él, Nakamura se pasó un poco en su deseo de liquidar la segunda manga, y pasó a estar peor, pero fue capaz de afinar de inmediato su modo defensivo para arrancar el empate, que obligaba a Ding a ganar la cuarta partida. En ella, el chino logró en principio lo que necesitaba: una posición con los tres resultados probables, aunque estuviera objetivamente equilibrada, lo que se tradujo en un final de torres muy molesto para la defensa de Nakamura. Pero, una vez más, a Ding le faltó eso que tenía en 2019: la capacidad para apretar las tuercas de la posición hasta que el rival esté obligado a encontrar jugadas muy difíciles. Por tanto, todo indicaba que Nakamura no iba a sufrir mucho para lograr el empate que le convertía en ganador de la segunda manga. Sin embargo, el americano cometió de pronto un error técnico increíble en una posición de tablas, y quedó perdido.

Nakamura es siempre el favorito en partidas relámpago, porque es el número uno del mundo en esa modalidad. Ding es el 8º, y además para él eran las 02.00 de la madrugada. Pero el chino, con negras, exhibió en el primer asalto del desempate (tres minutos por bando más dos segundos por jugada) su profundísima comprensión del ajedrez, con jugadas e ideas muy difíciles de gestionar en tan poco tiempo. Parecía que Nakamura, quizá todavía afectado por su desgracia en la partida anterior, podía aguantar la presión, pero se derrumbó, perdió y quedó con un pie colgando en el abismo.

¿Sería capaz el número uno relámpago de superar un momento tan difícil en el marcador y en su moral? Lo hizo, con la inestimable ayuda de Ding, quien omitió un bello truco táctico que lo dejó perdido tras haber jugado muy bien hasta ese momento. De modo que todo quedaba pendiente de la muerte súbita o sistema Armagedón (una sola partida con cinco minutos para las blancas, obligadas a ganar, y cuatro para las negras).

El madrugador habitual Ding eligió las negras a las 02.30 de la mañana en Pekín. Y, sin que nada ni nadie le obligase a ello, entregó un peón en plena apertura sin apenas compensación. Su posición era perdedora nada más empezar, y el depredador Nakamura no desaprovechó esta vez su ocasión de oro.

El encuentro Giri-Grischuk (excepto la última partida) fue la antítesis del Ding-Nakamura; o sea, más apropiado como somnífero para facilitar la siesta que como instrumento para convertir el ajedrez en un espectáculo. Giri, ganador de la primera manga por conducir las piezas negras en la partida de la ‘muerte súbita’ tras siete empates, jugó con blancas el primer asalto de la segunda como si su único aliciente fuera no perder. Lógicamente, la lucha fue soporífera, y terminó en tablas.

Anish Giri, durante la Copa Sinquefield en San Luis (Misuri, EEUU) ampliar foto
Anish Giri, durante la Copa Sinquefield en San Luis (Misuri, EEUU)

Pero en el segundo asalto ocurrió algo bien distinto. Grischuk ofreció el empate por repetición de jugadas en la 27, y entonces Giri produjo una noticia al rechazarlas. Es improbable que su actitud fuera motivada por mala conciencia -es, desde hace años, el jugador más aburrido de la élite-; más bien, vio que podía jugar a ganar sin correr riesgo alguno. Y acertó de pleno, porque, solo dos jugadas después, Grischuk se equivocó, el neerlandés ganó un peón y logró una posición estratégicamente ganadora, que convirtió de manera impecable.

No hace falta decir que, en la partida siguiente, Giri eligió con blancas la variante más conservadora frente a la Defensa Caro-Kann. Pero Grischuk se las arregló para ganar un peón. Sin embargo, quedaba tan poco material que Giri no tuvo que sufrir para obtener su deseado medio punto.

Y, por fin, en los estertores de la segunda manga, este duelo produjo una partida de las que hacen afición. Grischuk logró lo que necesitaba nada más salir de la apertura: una posición con todas las piezas y peones en el tablero, y cuatro minutos de ventaja. Pero fue precisamente ahí, al soportar una gran presión contra él, cuando Giri destapó el frasquito de sus esencias, se hizo el mejor regalo de cumpleaños y ganó esa partida crucial de manera tan bella como eficaz, por medio de una combinación muy profunda. Con la duda de si será capaz de jugar también así contra Niepómniachi cuando no esté obligado a ello, solo cabe exclamar: ¡Aleluya!

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