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CARTAS DEPORTIVAS OPINIÓN i

Sergio Llull y el baloncesto de alto riesgo

Este jueves comienza la Copa del Rey, y Laso nos ha avisado de que Llull volverá pronto a ser el de siempre

Sergio Llull, en un partido de Euroliga.
Sergio Llull, en un partido de Euroliga. Europa Pres

La vida de los deportistas se explica por toda su trayectoria, pero también por los momentos complejos que marcan la carrera. En el caso de Sergio Llull, uno de estos momentos tuvo lugar en el verano de 2009. El inicio del Eurobasket estaba haciendo temblar los cimientos. Y todo estalló a propósito de una última posesión que terminó muy mal en el partido frente a Turquía. Sergio Scariolo pintó la jugada para él, pese a tener en el campo a jugadores como Pau, Navarro o Rudy Fernández. “El chaval” voló para comerse el aro, y acabó llevándose un tapón —con posible falta— del pívot turco, dejando a España casi fuera del torneo en la primera fase.

Aquel “chaval”, bautizado así por un Marc Gasol con las pulsaciones altas, protagonista de una pizarra sin los galones debidos y que abandonaba la cancha con el morro por los suelos, era una semana después campeón de Europa con España. En realidad, gracias a ese juego y al talento en las narraciones de TVE de Lalo Alzueta, había comenzado la historia del “aeroplano de Mahón”, al que pocos seguidores se atreverían hoy a dejar fuera del mejor equipo de la historia del baloncesto español.

La jugada fallida, representaba el innegociable estilo Llull, que finalmente lo ha llevado al éxito. El baloncesto de Sergio era, y siguió siendo después, una permanente apuesta al todo o nada. Un deporte de alto riesgo con la cabeza de un entrenador como única barrera de contención posible. Aquel entrenador —aquellos entrenadores—, por suerte para Llull, siempre han estado ahí. Pablo Laso y Sergio Scariolo han entendido perfectamente las virtudes de un base-escolta, escolta-alero, base-alero, diferente; y lo han convertido en uno de los mayores ganapartidos de todos los que se han paseado jamás por las canchas europeas.

Tras años de éxitos casi ininterrumpidos en su club y en la selección, el siguiente momento dramático, y éste mucho más duro, también sucedió en verano. Fue su rotura de ligamento cruzado en 2017. Y Sergio lo tomó de la misma manera que se tomó aquel tapón, bajando un rato la mirada, para volver a tomar impulso. Esa actitud, lo llevó a protagonizar los partidos decisivos de su equipo esa misma temporada, cosa difícil de explicar. Como también lo es la sensación de una cierta desaparición de ese liderazgo en la pista en los meses que llevamos de curso. Curiosamente, si acudimos a los fríos números estadísticos, no deberíamos percibirlo así. Sergio ha bajado algo sus minutos en pista (los problemas musculares lo han dejado fuera de varios partidos), pero, por ejemplo, anota más puntos de media en Liga que el año pasado, y sus porcentajes de tiro son mejores. Este verano, Llull volvió a ser decisivo en varios momentos del Mundial. Este jueves comienza la Copa del Rey, y Laso nos ha avisado de que Llull volverá pronto a ser el de siempre. En las pizarras de sus entrenadores, eso es algo que nos parece difícilmente discutible.

 

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