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Kobe Bryant, el elegido que sucedió a Michael Jordan

No solo no huyó nunca de esa apuesta, sino que siempre se sintió con la energía para aceptar ese órdago a la grande

Kobe, en un partido con los Lakers en 2009 ATLAS

El impacto de una noticia como la muerte de Kobe Bryant, con todas las televisiones mundiales, las redes sociales, los periódicos, las radios… mandando parar máquinas, nos da la idea de la dimensión que alcanzan actualmente los deportistas más reconocidos. Y no cabe duda de que Kobe ha formado parte de esos auténticos héroes de nuestro tiempo.

La historia de Kobe Bryant como deportista se salió un poco de los cauces habituales de las máximas estrellas NBA. Kobe pasó varios años de su infancia en Italia. Su padre, Joe Bryant, era una de aquellas figuras con pasado en la liga norteamericana, que aterrizaban en aquel pallacanestro de los años ochenta atraídos por buenos contratos y una liga muy atractiva. De alguna manera, la figura de Kobe se nos hacía algo más cercana, a los seguidores del baloncesto europeo, cuando lo escuchábamos hablar un fluido italiano, siendo capaz además de situarnos a todos en el mapa sin pestañear. El remate a esa especial cercanía primero fue su confesada pasión por el fútbol, por nuestro fútbol, y algunos años después su declarada debilidad por nuestro máximo héroe de la canasta, aquel Pau Gasol en el momento álgido de la carrera, que iba a ser uno de sus mejores compañeros en su persecución de los títulos y de la gloria, y probablemente siguiera siendo hasta hoy uno de sus mejores amigos.

Kobe no pasó por la Universidad. Su brillantez lo llevó directamente desde el baloncesto de High School a la NBA. Jerry West, el hombre en el que se inspira la silueta de uno de los logotipos más reconocidos del planeta, mítico jugador de Los Lakers en los años sesenta y por entonces general manager del equipo, apostó por él en el draft de 1996, negociando con los Charlotte Hornets, que lo habían seleccionado en la posición número 13, y aguantando las presiones que predecían el fracaso de los jugadores que daban ese salto demasiado pronto, sin medirse frente a otros universitarios primero. Su caso, y posteriormente el de LeBron James, se sigue recordando como los últimos éxitos de una oportunidad que posteriormente ese baloncesto profesional decidió cerrar para siempre.

El trágico fallecimiento de Kobe coincide con el inicio de la carrera profesional de Zion Williamson, otro de esos jugadores elegidos para la gloria. En las ligas profesionales norteamericanas, el concepto del jugador destinado a marcar una época es algo que forma parte de la cultura, del juego de los fans y los medios de comunicación, aunque lógicamente no siempre se acierta. A Kobe le tocó ocupar un lugar especialmente delicado en ese juego. Por el momento de su aterrizaje en la NBA, era el elegido para ocupar el lugar nada menos que de Michael Jordan. Toda la carrera de Kobe se vio mediatizada por esa apuesta de los aficionados. Y él no solo no huyó de ella, sino que siempre se sintió con la energía para aceptar ese órdago a la grande. Nadie había jugado a este juego como el número 23 de los Chicago Bulls. Subir hasta esa dimensión era un reto de proporciones gigantescas.

En este día tan duro para los aficionados al baloncesto, y sin entrar en detalles sobre una carrera deportiva plagada de éxitos, podemos decir que Kobe Bryant ha sido sin duda uno de los grandes embajadores de nuestro deporte. Fue un chaval con el talento y la ambición para cumplir unos objetivos que lo sitúan al nivel de los más grandes de todos los tiempos, y además supo entender lo que un entorno profesional tan exigente, una liga en permanente expansión mundial, le pedía en cada momento.

Hace una semana compartíamos con los lectores ese movimiento tan especial, ese fade away jumper, que él y Michael Jordan ejecutaron como nadie y que formará parte de nuestra memoria como amantes del deporte. Descanse en paz, Kobe.

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