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La reina Sifan Hassan agita a los escépticos con un doblete insólito 1.500-10.000

Exhibición de la holandesa entrenada por Salazar, que hace de liebre y gana la ‘madre de todos los 1.500m’ con la sexta mejor marca de la historia

Sifan Hassan, tras ganar el 1.500, Ampliar foto
Sifan Hassan, tras ganar el 1.500, AFP

Una semana después de asombrar al mundo con los 3m 59s en los 1.500m que cerraron su victoria en los 10.000m, la holandesa de origen etíope Sifan Hassan hizo, ella solita, en cabeza de todas, sin liebres ni tácticas, batió el récord de Europa de los mismos 1.500m, pero esta vez partiendo de parada, con la sexta mejor marca mundial de la historia, 3m 51,95s, una proeza que la coloca en una compañía extraña.

La lista la encabeza Genzebe Dibaba, una atleta etíope entrenada por Jama Aden, el técnico somalí detenido hace tres años en Sabadell junto a un grupo de atletas que poseían productos dopantes; su marca, 3m 50,07s, fue la única capaz de superar la muralla china instalada en la cabeza desde mediados de la década de los 90, con las cuatro chinas fabulosas del ejército de Junren Ma, el técnico que las esclavizaba con entrenamientos extenuantes y les hacía alimentarse con sangre de tortuga; y justo detrás de ellas y por delante de la rusa Tatiana Kazankina, que poseyó el récord mundial (3m 52,47s) entre 1980 y 1993, los años de dominio del Este y sus prácticas, se coloca Hassan, quien, con su currículo bajo el brazo, aporta a la mezcla el nombre de Alberto Salazar, el técnico norteamericano sancionado a mitad de campeonatos cuatro años por dopaje.

La reina y sus dos títulos aportan una sombra al Mundial.

Más aún que su marca, asombra su manera de conseguirla, siendo ella su propia liebre y liebre de todas las demás, marcando unos tiempos de paso que se coreaban como se corean las noticias extraordinarias: 1m 3,53s el 400; 2m 5,95s el 800; 3m 7,41s, el 200; 59,34s, los últimos 400, su última vuelta de honor a un estadio del que se había apoderado su figura ligera que reaccionaba estupefacto, y algunos, agitado su escepticismo necesario, incrédulos. “Me han enfado mucho todas las cosas que he oído estos días”, dice Hassan después de subir a un podio en el que le acompañaban, por debajo, la campeona saliente, la keniana Faith Kipyegon, que lo hizo apoyándose en una muleta, pues se había lesionado en el cuádriceps intentando seguir un ritmo que también le sirvió para batir el récord de Kenia con 3m 54,22s. “Todo esto es solo fruto de muchos años de trabajo duro”. Ninguna atleta habñía intentado nunca el doblete 10.000m-1.500m que Hassan ganó con tanta superioridad.

Los forofos, viendo la clasificación, no dudan en llamar al 1.500m de Doha, con su aire acondicionado, su calma atmosférica, su pista, atómica

Como las zapatillas y clavos de ahora, la madre de todos los 1.500m. E intentan descifrar las iniciales que se imprimen al lado de las respectivas marcas. A todas ellas las arrastró Hassan, plusmarquista mundial de la milla indoor esta primavera: a sus 3m51,95s le sigue CR (récord de los campeonatos); a los 3m54,22s de Kipyegon, NR, récord nacional, las mismas iniciales que siguen a los 3m 54,99s de la norteamericana Shelby Houlihan, a quien hacer la 11ª marca de la historia de una prueba con tantos antecedentes no le da derecho ni a medalla: termina cuarta.

Recogiendo en un tuit las dudas de todos los escépticos del mundo, el mediofondista neozelandés Nick Willis, medallista olímpico de plata en los 1.500m de Pekín 2008 tras la descalificación por dopaje de Rashid Ramzi (detenido en Mataró comprando EPO), y de bronce en Londres 2012, escribe: “No sé nada de lo que hace y cómo se entrena Sifan. Pero, ¿cómo podemos celebrar dos de las actuaciones más increíbles de siempre en la pista cuando a su entrenador le acaban de sancionar cuatro años?”

Joe Kovacs gana la madre de todos los concursos de peso

La deriva de Doha de campeonatos insufribles a mágico continuó poco después con el lanzamiento de peso masculino, la prueba más caliente e igualada de toda la panoplia atlética. Una nueva generación de lanzadores con técnica rotatoria ha revolucionado la disciplina, convirtiéndola en un pim, pam, pum. Al brasileño Darlan Romaní no le valió más que para quedar cuarto batir por 30 centímetros el récord de los campeonatos del suizo Werner Günthör, vigente desde los Mundiales de 1987. Y los tres primeros cupieron en un centímetro, con una marca que roza los 23m, una frontera no superada desde hace 29 años, en aquella época cuyos registros algunos plantearon resetear por dudosos. Ganó el norteamericano Joe Kovacs, con 22,91m, por delante de su compatriota Ryan Crouser plata, empatado a 22,90m con el neozelandés Tomas Walsh, cuyo segundo lanzamiento más largo, 22,56m, fue 15cm más corto del de Crouser.

 

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