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El Celta más celeste

En un giro hacia su casa, el equipo gallego se presenta en el Metropolitano con 13 canteranos y Rafinha, criado en Vigo

Denis Suárez lanza un penalti contra el Valencia.
Denis Suárez lanza un penalti contra el Valencia. Getty Images

El tiempo pasa y los millones van y vienen. Así es el fútbol, así le sonríe ahora al Celta, que traza un plan que ilusiona a su gente y sobre todo a su presidente, Carlos Mouriño, que alude al sentimiento no sólo en los despachos o en la grada sino sobre el verde. “Nada de esto habría ocurrido sin el esfuerzo de los futbolistas que un día se fueron y ahora quieren volver”, apuntó en su primer repaso tras el cierre del mercado veraniego.

El Celta se presenta este sábado (18.30, Movistar LaLiga) en el Wanda Metropolitano con 13 futbolistas (Rubén Blanco, Sergio Álvarez, Iván Villar, David Costas, Hugo Mallo, Kevin Vázquez, Lucas Olaza, Pape Cheikh, Brais Méndez, Denis Suárez, Santi Mina, Iago Aspas e Iker Losada) que pasaron al menos por su filial, por su vivero de A Madroa, en realidad una casa prestada. Apenas seis de los convocados no pisaron esas instalaciones, pero uno de ellos se considera de la casa, creció en Vigo y ya jugó en el equipo en el ejercicio 2013-14. Tras una leve lesión, Rafinha podría volver a vestir de celeste en esta jornada y estrenar así su segunda cesión por parte del Barcelona.

Esta semana los capitanes del equipo visitaron las obras de la primera ciudad deportiva del club. En ocho meses se calcula que estarán disponibles las nuevas instalaciones. “No es solo el primer equipo, tenemos jugadores en casi todas las selecciones de categorías inferiores. Si lo hemos logrado con apenas dos campos y equipos que tienen que compartirlo para entrenar, qué no conseguiremos ahora”, reflexionó entre excavadoras el primer capitán, Hugo Mallo.

“Isto vai de corazón (Esto va de corazón)” es el lema del Celta para esta campaña, es su argumento para nutrir una grada que no hace tanto se vació, dolorida por los malos resultados, pero también por la pérdida de identidad de un club que buscaba fuera lo que tenía en casa. El último día de junio de 2009 la entidad firmó un convenio de acreedores que rebajó su deuda de 69 millones de euros a 33. Cuatro años después, ya instalados en la máxima categoría, debía 13,1. Hace seis meses LaLiga encargó a Garrigues un estudio sobre la salud económica de los equipos de Primera División. Celta y Eibar fueron los únicos que aparecieron con saldo positivo. En Vigo nunca se habían gastado tanto en salarios como la campaña pasada, 52,9 millones de euros. Para la actual disponen de 62,1.

Todo ese trayecto hacia el músculo económico es el resultado de bastantes sudores en el gimnasio de las transferencias. Nada más salir del concurso, canino como estaba, el Celta resolvió una venta dolorosa: Rodrigo Moreno, que entonces estaba en edad juvenil y ni había jugado en el filial, fichó por el Real Madrid a cambio de un millón de euros. Luego sus traspasos primero al Benfica y después al Valencia les devolvieron 1,2 millones.

Aquel fue el inicio de un doloroso éxodo. Por otro millón se fue en 2011 Denis Suárez al Manchester City. Pero a esa altura el primer equipo ya se estaba rearmando de canteranos y estos medraban en valor. En la última década el Celta ha ingresado unos 60 millones por ventas de futbolistas amamantados en su vivero. La última gran transacción fue la de Borja Iglesias, que jugó 11 minutos con el primer equipo y le dejó 10 millones. Asentado en ese nivel de ventas, para Mouriño no fue excesivo problema repatriar con contrato plurianual a Denis Suárez y Santi Mina y darse el gusto de recibir de vuelta, como cedido, a Pape Cheikh. Y a Rafinha.

“El club va hacia algo muy bonito”, estima el entrenador, Fran Escribá. Si lo desease podría conformar ante el Atlético un equipo con 10 canteranos. Y Rafinha.

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