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La armada española muestra el esqueleto

Mireia Belmonte, flotador del equipo de natación desde 2012, sigue sin carburar mientras se hunden Jessica Vall y Hugo González

Mireia Belmonte respira durante la preliminar de 1.500 metros. Ampliar foto
Mireia Belmonte respira durante la preliminar de 1.500 metros. EFE

Mireia Belmonte superó la prueba preliminar de los 1.500 metros libres del Mundial de Budapest de 2017 en segunda posición, por detrás de Katie Ledecky, con un tiempo de 16 minutos 5,37 segundos. Dos años más tarde, en la misma prueba la nadadora española quedó en la novena posición, fuera de la final y con un tiempo tres segundos más lento: 16m 8,37s. Solo la enfermedad de Katie Ledecky la rescató para la final de este martes. 

La tercera prueba de la mejor nadadora española de todos los tiempos en el Mundial de Gwangju refleja el estado desesperado de todo el equipo. Durante una década, la federación que preside Fernando Carpena exhibió una hoja de resultados comparativamente brillante respecto a sus predecesores, gracias al efecto artificial de los bañadores impermeables, las hazañas solitarias de Mireia Belmonte o el desempeño del equipo de natación sincronizada que dirigía Ana Tarrés. Disuelto el proyecto de Tarrés, prohibidos los bañadores de goma y constatada la deficiente preparación de Mireia Belmonte, queda al descubierto la pobre realidad de la natación española.

La segunda jornada mundialista ofreció una impresión general de naufragio. No solo Mireia, de 28 años, salió del agua desencajada ante la lentitud de su nado. Jessica Vall, célebre por su carácter competitivo, no pasó de las semifinales de 100 braza. La nadadora del Sant Andreu, que ya tiene 30 años, nadó las semifinales de los Mundiales de 2017 en 1m 6,62s y se clasificó en sexto lugar para la final. En Corea del Sur nadó la misma prueba en 1m 7,46s y quedó en el puesto 14, fuera de la final, accesible solo por debajo de 1 minuto 7 segundos.

El cuadro masculino del equipo español siempre ha sido el más débil. Hugo González de Oliveira, uno de los mayores talentos emergentes, no logró transformar el panorama en la primera jornada de su participación. Acabó en el puesto 37 tras la prueba preliminar de 100 espalda, fuera de las semifinales. El nadador del Canoe madrileño cubrió la distancia en 55,67 segundos, 60 centésimas por encima del tiempo necesario para lograr el pase a semifinales.

“Me voy encontrando mejor”, dijo Mireia al salir de la piscina tras el examen matinal de los 1.500, y valorando el lado positivo del hecho de haber quedado fuera de la final. “Mañana tendré jornada de descanso y aprovecharé para recuperarme”.

La badalonesa mejoró en un segundo el tiempo que obtuvo en el Trofeo Ciudad de Barcelona en junio: 16m 9,71s. Fue, en todo caso, un hundimiento respecto a la marca que logró hace dos años en la final de Budapest: 15m 50,89s, un crono que le valió la plata.

Mireia Belmonte llegó agotada y sobrecargada de entrenamientos a Gwangju. Ella sostiene que el paso de las jornadas la afina mental y físicamente. Le quedan tres balas en la recámara: 200 mariposa, 400 estilos y 800 libre. Tres balas para cubrir las cuentas de la natación española una vez más o para dejar expuestos los esqueletos.

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