Cómo acabó la bici de Roglic en la baca del Movistar

Sciandri, director del equipo español, auxilió al holandés del Jumbo Tolhoek, que le había dejado su montura al esloveno

Roglic llega a Como, final de la etapa del domingo.
Roglic llega a Como, final de la etapa del domingo.Alessandro Di Meo (AP)

“Nibali será nuestro buldócer. Iremos a su rueda. Él matará a Roglic y nosotros remataremos a los dos”. Así imagina la carrera Max Sciandri, el director toscano que ha fichado el Movistar. Así hará Carapaz para ganar el Giro, fabula.

Sciandri es un observador y un estratega que acabó la etapa del domingo quitándole los pedales a la bicicleta del esloveno, averiada, y cargándola en la baca de su coche. Ocurrió justo antes del ataque de Nibali en el Civiglio y su descenso veloz hacia el lago de Como con Carapaz controlando que provocó la primera crisis del Roglic imbatible. El esloveno, que perdió 40s, cruzó la meta montando la bici con el número 177, la de su compañero en el Jumbo Tolhoek, mientras la suya, la 171 viajaba en el coche rival, buen samaritano. Fue un gesto no inhabitual en el pelotón, donde prima la solidaridad siempre que no ponga en riesgo el resultado.

La bici de Roglic, en el coche del Movistar.
La bici de Roglic, en el coche del Movistar.

A apenas 20 kilómetros de la meta, camino del Civiglio, Roglic sufrió una avería. Su bici de repuesto estaba unos kilómetros antes porque el director que la transportaba se había detenido a orinar, así que no tuvo más remedio el esloveno que pedirle a su compañero Tolhoek que le prestara su bici, la 177, para terminar la etapa. En cuanto se enteró por la radio, Boven, que acababa de volver al volante, aceleró su coche como si corriera un rally y, acompañado del molesto tintineo que le avisaba de que no llevaba puesto el cinturón de seguridad, adelantó a 16 coches de equipo que le antecedían, pasó de largo a Tolhoek sin verlo siquiera, y llegó a Roglic, que pedaleaba incómodo en bici ajena. Al verlo, sacó un bidón de agua por la ventanilla y le dijo que se agarrara. Le arrastró 6s. “Cambiamos de bici más tarde”, le avisó. El cambio nunca se produjo.

Tolhoek se quedó en la cuneta esperando que llegara su repuesto, que nunca llegó, y así se lo encontró Sciandri, con la bici rota de Roglic a sus pies. El director del Movistar se paró y le ofreció una de las Canyon de su equipo. Tolhoek aceptó pero comprobó que las calas de su Bianchi, Shimano, no entraban en los pedales Campagnolo del Movistar. Pacientemente, Sciandri, desenroscó los pedales de ambas bicis y los intercambió. Tolhoek, sus males reparados, siguió hasta meta, y la bici de Roglic, con los pedales cambiados, en la baca también.

“Cuando conduzco entre coches de equipo me gusta ver cómo los conducen los rivales porque me dice mucho de qué planes tienen para la etapa, del estado de sus líderes, de muchas cosas”, explica Sciandri. “E, incluso antes de la avería de Roglic, el del Jumbo estaba muy nervioso. Conducía con mucha brusquedad, frenazos, bandazos… Era una señal de que algo no marchaba. Yo he hecho muchas veces la Lombardía, que tiene el mismo final que la etapa del domingo, y llegado a ese punto siempre he tenido ganas de orinar, porque es un mínimo momento de relajo después del estrés sufrido subiendo y bajando el Ghisallo y Sormano… Pero nunca me he parado, claro. Siempre hay que estar pegado al líder, no dejarle solo ni un segundo…”

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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