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Cazorla brilla en el erial de Anoeta

El Villarreal se aleja del peligro después de ganar a la Real en el minuto 85 con un gol de Gerard Moreno

Cazorla conduce un balón ante la presión de la zaga de la Real.
Cazorla conduce un balón ante la presión de la zaga de la Real. EFE

Dos futbolistas, veinte acompañantes y un árbitro. Con eso se monta un partido de fútbol en Anoeta. O un simulacro de partido como el que perpetraron la Real, a la que hace semanas parece que le pesa la temporada, y el Villarreal, que tiene la clasificación encima como una losa.

Los dos futbolistas fueron Oyarzabal y Cazorla, jugadores muy diferentes entre ellos, pero los únicos capaces de ofrecer algo fuera de lo habitual. Pero al delantero de la Real nadie le acompañaba en su entusiasmo, ni le escoltaba en sus intentonas contra la portería de Andrés Fernández. A Cazorla, sus compañeros se le resbalaban como si el césped fuera una pista de hielo, fruto de su inconsistencia. Brillaban ambos en el erial de Anoeta, donde el fútbol parece estar en barbecho desde hace semanas.

R. Sociedad
RSO
0
-
1
VLL
Villarreal
R. Sociedad
Rulli, Aritz Elustondo, Aihen Muñoz (Theo Hernández, min. 73), Zaldua, Raúl Navas (Robin Le Normand, min. 76), Juanmi, Rubén Pardo (Ander Barrenetxea, min. 71), Merino, Luca Sangalli, Oyarzabal y Willian José.
Villarreal
Andrés, Álvaro, Xavier Quintillá, Mario, Ramiro Funes Mori, Karl Toko Ekambi (Alfonso Pedraza, min. 71), Samuel Chukwueze (Santiago Cáseres, min. 81), Cazorla, Iborra, Bacca (Gerard Moreno, min. 45) y Fornals.
Goles
0-1 min. 84: Gerard Moreno .
Árbitro
José Luis Munuera Montero
Raúl Navas (min. 23), Oyarzabal (min. 78), Ramiro Funes Mori (min. 41), Karl Toko Ekambi (min. 67) y Iborra (min. 77).
Estadio:Anoeta

Probablemente, a los jugadores del Villarreal, a quienes se les supone una capacidad notable para construir un edificio sólido en cada partido, les asusta la situación en la que se encuentran, les agarrota las piernas, les nubla la mente. A todos menos a Cazorla, clarividente y fundamental para su equipo en las alegrías y en las penas. Fue el faro que brilló durante todo el partido en el submarino amarillo, el que calibraba todos los pases, el que mantenía la calma en medio de la tempestad, cuando el rival amagaba con achuchar.

La Real es otra cosa. Promete mucho y cumple poco, y su afición ya no se cree nada. El escepticismo es su estado de ánimo desde hace ya algún tiempo, acude al campo por inercia, casi por obligación y respeto al escudo, más que a los jugadores, que empiezan a escuchar música de viento desde las gradas. No ven crecer a su equipo, que mengua a cada partido. Sólo Oyarzabal brilla, pero el delantero es una isla en medio de la mediocridad.

Nada pasó en la primera parte, porque ni la Real ni el Villarreal aportaron nada a la pequeña historia del partido; nada ocurrió en la segunda durante muchos minutos. Oyarzabal lo intentó en un disparo que detuvo Andrés Fernández, pero poco más para la Real.

Cualquier observador del partido sabía que si, al final, pasaba algo diferente, saldría de las botas de uno de los dos jugadores que estaban dejando destellos. Para fortuna del Villarreal y desgracia de la Real, fue Cazorla el que marcó la diferencia.

En el minuto 85, el centrocampista asturiano lanzó un córner con la derecha. El rechace le llegó de nuevo, se deshizo de un defensa y centró con la izquierda, en una parábola perfecta que Gerard Moreno agradeció con un cabezazo que Rulli sólo pudo tocar antes de que se colara en la portería.
La alegría en el banquillo del Villarreal fue indescriptible; la decepción en la grada de Anoeta, también. La Real pena en las últimas jornadas, paseándose como una sombra por el césped, mientras su rival, aunque sabe que deberá sufrir hasta el final, se va de San Sebastián con una gran parte del trabajo adelantado. Gracias a Cazorla, su salvavidas. Oyarzabal se ahogó en el naufragio de su equipo.

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