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Un laboratorio para los deportistas de élite

La Unidad de Control de Rendimiento del CAR, en la que se apoyan 21 Federaciones, ha realizado 9.000 test y valorado a 700 deportistas diferentes para controlar las cargas de entrenamiento y prevenir lesiones

“Detrás de estos cuatro oros hay un trabajo de equipo: desde el preparador físico a la unidad de control de rendimiento del CAR”, analizaba Jesús del Moral, seleccionador de kárate, en el último europeo. La Unidad de Control de Rendimiento, que echó a andar en 2015 con “tres becarios” y atendiendo tan solo a tres federaciones (bádminton, taekwondo y triatlón), trabaja ahora con 21. Ha realizado 9.000 test y valorado a 700 deportistas diferentes para evaluar la fuerza muscular, controlar las cargas de entrenamiento, conseguir mejoras y prevenir lesiones o situaciones de desentrenamiento.

También hace evaluaciones funcionales de los movimientos que evitan descompensaciones, recaídas y alivian dolores recurrentes. Cada deporte es un mundo y, aparte de los test más generales, se realizan pruebas más específicas para cada disciplina. Sandra Sánchez y Damián Quintero son solo algunos de los deportistas de élite que se apoyan en este laboratorio dirigido por Zigor Montalvo.

“Son unos fenómenos, nos están ayudando mucho: a controlar las cargas de entrenamientos, por ejemplo. Yo tenía un sistema antiguo de recopilación de estadísticas que no me permitía llevar un control tan exhaustivo. Venimos aquí cada dos meses y medio, los test de potencia nos indican en qué tenemos que mejorar y qué puntos hay que reforzar. Damián tuvo un problema muscular en los isquios en su día y con unos ejercicios específicos de control de cargas evitamos que vuelva a pasarle. Además, vamos innovando, hicimos un test que midiera la velocidad de desplazamiento [en la ejecución de los katas los jueces puntúan también ese aspecto] y pudimos sacar unas cuantas conclusiones. Nunca habíamos hecho trabajo en hipoxia y ahora lo incorporaremos”, explica Del Moral, uno de los asiduos a esta Unidad, señalada en la puerta como “laboratorio de rendimiento”.

Se encuentra en la primera planta del servicio médico del Centro de Alto Rendimiento de Madrid, entre la residencia Blume y los pabellones de entrenamiento. Es una sala no muy grande que se acondicionó en 2015 y que hoy día es un ir y venir de deportistas y técnicos. Las peticiones llegan también a través del WhatsApp que echa humo en año preolímpico: todos buscan la clasificación para Tokio 2020.

A las 9.00 de este martes de abril aparecen cuatro integrantes del equipo de judo para someterse a unos test de saltos y de fuerza. Se les mide el perfil de velocidad y fuerza para intentar averiguar si son más deficitarios en fuerza máxima o explosiva. “Yo tenía los tobillos bastante delicados y gracias a estas pruebas se ha detectado un déficit que he corregido haciendo trabajos específicos con el preparador físico. Este año no he tenido lesiones”, cuenta José María Mendiola, judoka. “Siempre viene bien saber que sirve de algo todo lo que entrenas. Yo he mejorado mucho la fuerza y la potencia”, le hace eco su compañero David García.

Elaia Torrontegi y Zigor Montalvo, el martes de la semana pasada en la Unidad de Control de Rendimiento.
Elaia Torrontegi y Zigor Montalvo, el martes de la semana pasada en la Unidad de Control de Rendimiento.

“Yo siempre me remito a la teoría del uno por ciento dentro del mundo del deporte de alta competición. Aunque el 1% puede parecer muy poco, es lo que nos diferencia de estar luchando por las medallas a quedar décimos. Si podemos aportar un granito de arena, aunque sea un 0,01 por ciento a la mejora del rendimiento de los deportistas, es una seguridad que les da a la hora de competir”, afirma Montalvo.

“Esta Unidad surge, de hecho, de la demanda de deportistas y entrenadores. Las reuniones que tenemos son con los técnicos: nos plantean sus inquietudes y nos explican lo que necesitan. A veces se lo podemos proporcionar, a veces tenemos que innovar. Decididos los test con los entrenadores, ya aparece por aquí el deportista”, añade Montalvo después de dejar montada la sala para las pruebas de potencia a las que se tienen que someter hoy los judokas.

Primero se pesan y luego pasan por una especie de circuito de pruebas monitorizado que dura cuatro horas. Las barras colocadas en el suelo, conectadas a dos ordenadores, captan los movimientos y pisadas y van registrando y transmitiendo los datos en directo. Cada deportista tiene su ficha con todo tipo de mediciones (reactividad, fuerza, velocidad, potencia, saltos…). “Eso nos permite un seguimiento directo y exhaustivo: se busca que el rendimiento tenga una mejora real y saber hacia dónde orientarlo”, matiza Elaia Torrontegi extaekwondista y ahora integrante de esta Unidad junto a Montalvo, Guillermo Sánchez, Javier Vázquez y Pedro Valenzuela.

Cuando ella salió del equipo nacional, la Unidad echaba a andar. “En mi época echábamos en falta algo así: tener un apoyo externo que nos diera referencias sobre cómo iban cambiando nuestros valores en una temporada; saber si lo que estábamos haciendo se reflejaba o no en una mejora”, concluye Torrontegi.

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