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¡Ha ganado el nieto de Poulidor!

Mathieu van der Poel, de 24 años, se impone en la clásica de Waregem y se anuncia favorito para el Tour de Flandes del domingo

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Van der Poel se impone a Turgis, Jungels, Pöstlberger y Benoot. EFE

Los analistas del ciclismo habían advertido de que al A Través de Flandes, la carrera que antes se conocía como GP de Waregem, le seguirían faltando las grandes figuras de las clásicas del norte, que recuperan el pulso después de vaciarse el domingo en la Gante-Wevelgem y solo piensan en la carrera del domingo, el Tour de Flandes, uno de los cinco monumentos capaces de coronar la carrera de un campeón.

La ausencia de Sagan, Van Avermaet o Stybar no preocupaba, sin embargo, lo más mínimo a los aficionados, curiosos por ver cómo le iba al campeón del mundo, Alejandro Valverde, que ensayaba sobre muros y pavés para debutar el domingo, a los 38 años, en el Tour de Flandes, un monumento que, dicen, puede acabar ganando. No ganó el murciano en Waregem —terminó 31º, le pesaron las piernas por la precipitación de un viaje a Bélgica retrasado hasta el martes por su asistencia el lunes a la gala del deporte en Alicante—, pero tampoco sufrieron muchos los amantes del ciclismo, que se emocionaron viendo el final y con el corazón a mil saludaron la victoria de Mathieu van der Poel, más rápido al sprint, una bomba. Tan explosivo, que Turgis, Jungels, Pöstlberger y Benoot, sus compañeros de fuga, gritaron felices, ¡ha ganado el nieto de Poulidor!, ¡ha ganado el nieto de Poulidor. Y por un día de clásicas de primavera no se habló de la superioridad increíble del equipo Deceuninck.

Se habló de Mathieu van der Poel, que nació cerca de Amberes, en Bélgica, corre con el maillot de campeón de Holanda, como corrió hace 30 años su padre, Adri, neerlandés de quien también ha heredado el rostro de cortes duros, angulosos, y la altura, sus casi 1,90 metros, y habla un francés perfecto, como su madre, Corinne, que es francesa del Limusín.

Cuando se cruzan mujeres y hombres

En las clásicas belgas se disputan el mismo día y por las mismas carreteras laberínticas las pruebas masculina y femenina, y su convivencia, basada en cálculos precisos es a veces complicada. Y a veces los cálculos salen mal.

Hace un mes, la prueba femenina de la Omloop, que había salido media hora más tarde que la masculina, debió ser neutralizada unos minutos porque una fugada partió tan animosa que alcanzó a la caravana de coches que seguía a los hombres. En Waregem, lo opuesto ha sucedido. La fuga masculina y el pelotón debieron pararse unos minutos a 72 kilómetros de la meta porque se encontraron un cruce cortado para la carrera femenina debido a que una ambulancia se había retrasado tras atender una caída. Tras el caos se reanudó la carrera dando un margen de tres minutos a los fugados, pero los comisarios se olvidaron de advertir a Pöstlberger, quien se unió a la fuga agarrado a una moto.

El triunfo en la carrera femenina fue también holandés. Lo consiguió Ellen van Dijk, quien ya había triunfado en 2018. Quinta, a 32s, llegó la primera española, la riojana Sheyla Gutiérrez, del Movistar.

“Y algún día vestirás el maillot amarillo del Tour”, le anunció cuando tenía cinco años, su abuelo, Raymond Poulidor, Poupou para la afición, que le amaba, el gran ciclista francés de los años 60 que ocupa un lugar único en la historia del ciclismo más que por lo que ganó, que fue mucho y muy importante, por lo que no ganó, que fue el Tour de Francia, donde fue tres veces segundo y cinco veces tercero, y nunca lució el maillot amarillo, siempre derrotado o por Jacques Anquetil, ganador de cinco Tours, o por Eddy Merckx, ganador de todo.

Y siempre que se lo recuerda Poupou, a quien él llama papy, abuelo, Mathieu, que ya tiene 24 años y unas mejillas que se sonrojan y dulcifican lo justo su rostro huesudo, los mofletes de su abuelo, le responde, “pero, papy, como ciclista yo soy más como mi padre, ciclista de ciclocross y de clásicas duras, de pavés, frío y viento”. Y el periodista de L'Équipe que observa y escucha la conversación añade que el papy Poulidor, que ya tiene 82 años, se echa a reír feliz y le dice, “eres más que tu padre y será más que tu abuelo, y que no se enfade tu padre, porque tú eres bueno en todo, subes, bajas, esprintas, contrarrelojeas. Nunca te pasará nada malo. Me recuerdas a Anquetil”.

El regalo del ciclocross

Que Mathieu era un superdotado, un pequeño Mozart de la bicicleta como lo fue Anquetil, no solo lo sabía su abuelo, que tan buen ojo ha tenido siempre, sino que lo intuía la afición desde que en 2013 se coronara campeón del mundo júnior en carretera. Pero pese a su esplendor sobre el asfalto, Mathieu, como su padre, siempre ha disfrutado más sobre el barro del ciclocross, la disciplina que, como recuerda José Luis Arrieta, el director del Movistar cuyo hijo, Igor, hace ciclocross en invierno y fue décimo el domingo de la Gante Wevelgem júnior, da fuerza, técnica y manejo de la bicicleta. En 2015, a los 20 años, Mathieu se convirtió en el campeón del mundo de ciclocross más joven de la historia, 19 años después de que lo ganara su padre, un título que volvió a ganar hace unas semanas.

“Combinaré ciclocross y carretera mientras pueda”, dice el ganador de Waregem, el mini Tour de Flandes, que hace 10 días ganó en Francia el GP de Denain, considerado el mini París-Roubaix, el otro monumento del pavés y hace cuatro terminó cuarto en Wevelgem. Y cuando le preguntan si se siente favorito para Flandes, se lo piensa un poco y no dice que no. “Uuumm, no sé… A ver cómo estoy. Será mucho más duro que esto, son casi 100 kilómetros más…”

Si lo consigue ya se habrá acercado un poco más a su padre, ganador del Tour de Flandes hace 33 años, pero en el horizonte siempre seguirá el maillot amarillo que nunca lució su abuelo.

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