Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Nairo Quintana, el orgullo de Colombia hecho ciclista

Triunfo del ciclista de Tunja en la etapa final del Tour Colombia, que se apuntó Superman López

Nairo Quintana, campeón en el Alto de Las Palmas. Ampliar foto
Nairo Quintana, campeón en el Alto de Las Palmas. Tour Colombia 2.1

La subida al Alto de Las Palmas es una autopista que se eleva hasta los 2.435 metros, y sobre ella vuela Nairo Quintana, solo, aclamado en apoteosis. Cruza la línea de meta. Levanta los brazos. Y Carlos Vives canta su himno al ciclismo. Y en los corazones de un público apasionado y loco suena el verso, “el halcón montañero que sube ligero”, y Nairo deja por unos segundos de ser el León de Tunja para personificar él solo todo el inmenso orgullo nacional en su cuerpecito de campesino de Boyacá que no para de recorrer Colombia en bicicleta buscando siempre sus raíces, mezclarse con la vida.

Ser campeón ciclista es algo que colmaría de felicidad a muchos; ser campeón ciclista en Colombia es quizás una de las máximas aspiraciones que cualquiera pueda tener en su vida.

Por detrás, los hijos de Nairo se disputan la victoria de la general del Tour Colombia, que se lleva Superman López por delante de Iván Sosa. Todo se decidió por 4s. Ambos suspiran aliviados. Ambos están vivos. La batalla que libraron para llegar hasta allí así había sido tan brutal, y a veces dramática, que durante muchos kilómetros de la subida ninguno de los dos tuvo nunca nada seguro.

Antes de que llegaran los profesionales, en el escenario el alcalde Medellín premia a los mejores de la marcha multitudinaria en bicicleta que ha convertido la meta en un extravío y una fiesta. “El ciclismo es la medida de las cosas buenas”, dice el ganador proclamado, quien renuncia a su trofeo porque, añade, otro compañero llegó antes que él pero había cometido un error de inscripción y no figuraba en la lista. Y le llama al otro al estrado para que el alcalde le cuelgue la medalla como Superman recibirá más tarde el maillot naranja de campeón y el trofeo de campeón, hermoso como el Poporo Quimbaya, la joya precolombina del recipiente usado para masticar hojas de coca, y Carlos Vives le celebrará cantándole en el podio.

Superman, a quien aclama hasta Nairoman, hecho carne y hueso en el cuerpo rotundo de un de Nairo que se ha hecho un traje de superhéroe que a todos liberará con los colores de la bandera colombiana –capa amarilla, cuerpo y brazos rojo, pecho azul y una N gigantesca--, ha ganado por arrojo y osadía, y por la frialdad de pistard con la que sometió al más joven Sosa en un surplace alucinante de escaladores en el Peñasco, la parte final, la curva más dura de la subida, casi al 10%.

Froome, que había sudado tirando del pelotón, gregario generoso, al comienzo de la subida, ya se había apartado. El proceso de destilación de esfuerzos y tácticas que le sucedió durante casi 10 kilómetros de ascensión dejó como producto puro un cuarteto que asciende en estado de flow, en casi éxtasis espiritual, aislado del ruido y del alboroto de espectadores ebrios que corren y tropiezan a su alrededor: Egan y su jefe, Sosa, López y Nairo. “Íbamos concentrados, toda nuestra energía al 100% invertida en cada mínimo detalle”, cuenta Nairo, que, junto a Egan abandonó súbito y sobresaltado su mundo interior cuando un espectador de tantos empujó a otro que trastabilló y cayó sobre el cuarteto. El drama multiplicó las emociones. Sosa y Nairo pusieron pie a tierra y quedaron descolgados. Justo entonces ya había empezado a acelerar Superman, el más fuerte y decidido. Bernal se fue con él, pero se frenó para esperar a Sosa, el único del Sky que podía ganar la general, y ayudarlo a remontar. Y, quizás a su pesar, Superman se quedó solo. Sosa se recuperó y se acercó a toda velocidad. López le esperó. Sosa dudó. ¿Le paso? ¿No le paso? ¿Me quedo a rueda? Superman no le dio opción. Se paró como un sprinter en el velódromo. Obligó a frenar a Sosa. El primero que arrancara ganaría. A los dos les pasó Nairo, lo que no les preocupó, porque no era un peligro para la general. Le dejaron ir. Solo les interesaba el triunfo final, que se jugarían en su cuerpo a cuerpo. Quedaba menos de un kilómetro para la meta, que cruzaron finalmente pegados, unos metros después del aclamado Nairo.

Apoyado en una verja, Parlante Agudelo lo contempla todo entre despistado y sorprendido. Lleva recorridas con su enorme moto rosa decenas de Vueltas a Colombia repartiendo caramañolas con líquido a los ciclistas desde los tiempos más heroicos, y lo sabe todo y lo ha visto todo y lo ha vivido, pero el sábado, el comisario de la UCI no apreció su estilo, su forma de hacer las cosas y le expulsó de carrera mientras permitía escandalosamente que el coche del Sky remolcara a su rebufo a Froome al pelotón tras haberse cortado.

Lo antiguo ya no vale. Parlante, un mito, vive su crepúsculo, como ya lo vivieron los pistoleros del Far West. La modernidad exige otras cosas, como bien sabe Dave Brailsford, el jefe del Sky que habla con el presidente Iván Duque y con el responsable del deporte en Colombia y los presidentes de Ecopetrol y Postobón, la principal empresa pública y la gran empresa privada. A todos les calienta la oreja. El futuro del ciclismo es Colombia, les dice. Sois casi los mejores, solo un pequeño paso os separa de ser los número uno del mundo. Ya sabéis, ¿eh? Si necesitáis ayuda, ya sabéis dónde estoy. Y les vende un plan A, un plan B, un plan C. Ideas que valen 10, 20, 30 millones de euros para que su equipo no se seque, para que Colombia triunfe. Para que los mejores talentos del futuro colombiano, como el magnífico Jhojan García, de Fusa como Lucho, y del Postobón que forja día a día Saldarriaga, y séptimo en Las Palmas, sigan siendo, como Nairo, el orgullo de Colombia.

Sin renunciar a la imagen antigua de un campesino en bicicleta, el lunes Nairo emprendará el regreso a pedalazos de Medellín a Tunja, parando en los pueblos para ser abrazado por la gente. Y les pregunatará, ¿qué se come aquí?

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >