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Gordillo debuta en el Madrid y posa con el Betis

Tras unas negociaciones difíciles, el lateral se fotografió con sus excompañeros antes de estrenarse con los blancos en un partido que resultó muy bronco

Arriba: Cervantes, Diego, Suárez, Gordillo (vestido del Madrid), Álex, Quico y Hadzibegic. Abajo: Ortega, Calderón, Calleja, Rincón y Romo, en el debut liguero de Gordillo como madridista en el Villamarín en 1985.
Arriba: Cervantes, Diego, Suárez, Gordillo (vestido del Madrid), Álex, Quico y Hadzibegic. Abajo: Ortega, Calderón, Calleja, Rincón y Romo, en el debut liguero de Gordillo como madridista en el Villamarín en 1985.

El 19 de julio de 1985 se sorteó el calendario de la inminente Liga 85-86. La primera jornada señaló inflexible: Betis-Real Madrid. Martínez Retamero, presidente del Betis, se echó las manos a la cabeza:

—¡Mierda! ¡Qué mala suerte!

¿Por qué mala suerte? Pues porque acababa de traspasar a Gordillo al Real Madrid, después de unas difíciles negociaciones en un tiempo resbaladizo. El Betis tenía esos años un buen equipo, con Esnaola, Diego, Álex, Ortega, Parra, Calderón, Cardeñosa, Poli Rincón… y Gordillo, el gran favorito de la afición. Nunca tuvo el Betis un jugador tan querido como él, ni siquiera Luis del Sol. Para entonces llevaba nueve temporadas en el equipo, pero la afición bética estaba muy lejos de hartarse de él. Corría una y otra vez a por los lanzamientos precisos de Cardeñosa, estaba en muchas jugadas de gol, retrocedía presto a apoyar atrás.

Con 28 años, estaba en plenitud y era pieza fundamental en la Selección, donde hizo muy buenas migas con el grupo madridista, en especial con Gallego y Míchel. Éstos insistieron a su presidente, Ramón Mendoza, que andaba detrás de fortalecer a la Quinta del Buitre.

Fue una negociación difícil, en un periodo raro. La AFE había conseguido por fin levantar el derecho de retención, por el cual ningún jugador podía irse al final de su contrato; bastaba aumentarle el 10% para retenerlo. Este era el primero en que no era así, y los clubes se habían conjurado, en un compromiso colectivo que no duraría mucho, a seguir como antes. A compensar el fichaje con un dinero pactado como derecho de formación.

Mendoza y Retamero negociaron mucho. Mendoza lo quería, Retamero necesitaba venderlo, porque el Betis estaba apretadísimo, pero ni Mendoza podía vulnerar el pacto de caballeros ni Gordillo se hubiera ido por una cantidad que no compensara al Betis.

Después de mucho tira y afloja, el traspaso se cerró el 5 de julio por 150 millones de pesetas, que hoy apenas equivaldrían al millón de euros, pero que entonces era importante. 100 compensaban una póliza de crédito del Banco de Andalucía, que pesaba sobre Retamero y dos de sus directivos; 20 eran entregados en efectivo. 11 consistían en el perdón de la misma cantidad que el Betis aún debía al Madrid por el fichaje del delantero Paco, uno de los de aquel Castilla milagroso que llegó a la final de Copa; el resto, hasta 150, se compensaba con un amistoso que el Madrid se comprometía a jugar gratis en el Villamarín.

Eso fue lo que desesperó a Retamero el día del sorteo. Al caer el Betis-Madrid como primer partido de la nueva Liga, se esfumaba el interés de un partido idéntico, pocos días antes y amistoso. Mendoza compensó aquello entregando a Ito, un extremo salmantino que había hecho algunos partidos de mérito en el Madrid, pero que no llegó a triunfar.

El día 1 de septiembre, estreno de Liga, el Villamarín reventó, con una taquilla de 35 millones. Algunos culpaban a Retamero de haber cedido, y éste pretendió desviar los tiros contra el jugador, acusándole de reclamar el 15 % de la operación.

Pero la gente estaba con Gordillo. Tanto que cuando saltó a la cancha un clamor pro Gordillo se mezcló con la tradicional pita al Madrid. Cuando el Betis formó para la fotografía, sus excompañeros empezaron a hacerle señales para que se uniera a ellos. Y así lo hizo. Formó de pie, en la fila de arriba, con su uniforme morado contrastando entre las camisas verdiblancas. Hubo una ovación tremenda, húmeda de lágrimas. Luego, se hizo la preceptiva foto con el Madrid.

No jugó bien. Asistí al partido y le vi un poco extraño. El partido fue rarillo, soso, hasta el 52', cuando Míchel se cobró un túnel de Gabino con un codazo. Urizar no lo vio ni le avisó su linier, y el ambiente se enturbió. Ortega, un poderoso mediocentro que se había criado en el Castilla, decidió tomarse la justicia por su mano. Primero le tiró dos viajes a Hugo Sánchez, y luego cazó por detrás a Míchel. Tarjeta, protestas, más protestas y roja.

Se desató la borrasca y el partido se aceleró. Marcó Calderón, en fuera de juego (con el linier arrugadísimo) a pase de Gabino, empató Hugo en penalti tonto de Hadzigebic a Sanchis, adelantó Rincón al Betis en gran jugada con Calderón, y finalmente Valdano empató, a dos minutos del final, a la salida del córner.

Los jugadores salieron como gallos de pelea y el Villamarín abroncó al Madrid y a Urizar a partes iguales. Las cortesías se habían acabado con la foto de Gordillo, que tuvo la habilidad de no meterse en problemas.

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